
Por Melissa Mark-Viverito
Presidenta del Concejo Municipal de Nueva York
Nueva York es uno de sólo dos estados que trata a los adolescentes como adultos en la corte penal. Es hora de corregir esa práctica mal lograda.
Durante décadas, hemos adoptado un solo enfoque hacia el enjuiciamiento, agrupando a los adolescentes con adultos. En la actualidad, cuando se arrestan a jóvenes de 16 o 17 años, ellos son enviados a los tribunales penales y tratados como si fueran adultos.
Esto entra en conflicto con lo que la ciencia y la investigación nos reporta. Estudio tras estudio ha demostrado que los cerebros de los adolescentes no se forman completamente hasta comienzos a mediados de los veinte años. Esto significa que su capacidad para ejercer un juicio razonado, controlar impulsos y resistir la presión de los compañeros es limitada. Evidentemente, ellos deben ser evaluados diferentemente a los adultos.
Esto no es simplemente mi opinión - es lo que ha declarado la Corte Suprema de los Estados Unidos. En una serie de decisiones adoptadas desde el 2005, la Corte ha dictaminado que la edad debe ser un factor atenuante al evaluar el comportamiento y la culpabilidad de los adolescentes.
Existen otras razones concretas para actualizar nuestras leyes.
El impacto a largo plazo de castigar a nuestros adolescentes como adultos es inmenso. Los jóvenes pueden ser excluidos de viviendas públicas, privados de ciertos beneficios, impedidos de participar en programas de rehabilitación o de recibir ayuda financiera para la universidad. Un informe del Departamento de Justicia de los Estados Unidos del 2008 dice que “la práctica de transferir a menores para procesar y sentenciar en un tribunal penal para adultos ha producido el efecto indeseado de incrementar la reincidencia, particularmente en los delincuentes violentos, y así promover la criminalidad a lo largo de sus vidas”.
Un error en la adolescencia no debe agobiar a una persona el resto de la vida. La conducta de los adolescentes debe ser perdonada y olvidada una vez que se satisfaga la rendición de cuentas apropiada en un sistema de justicia juvenil que refleje un ambiente de servicio social que promueve la curación y el crecimiento. De hecho, oportunidades educativas significativas y verdaderos servicios de rehabilitación han demostrado mantener a los adolescentes enfocados en futuros positivos y productivos.
Tratar a nuestros jóvenes como adolescentes en el tribunal penal traerá mucho alivio a nuestras comunidades de color, cuyos jóvenes, desproporcionadamente, han sentido el impacto descomunal de encarcelamiento.
Según un informe del Instituto Vera de Justicia, en el 2010 los jóvenes afroamericanos e hispanos representaban el 62% de la población de la ciudad de Nueva York, pero constituyeron el 90% de los arrestos juveniles. Jóvenes blancos sumaban al 27% de la población, pero representaban sólo 7% de arrestos juveniles. Los jóvenes afroamericanos fueron detenidos a una tasa ocho veces mayor que los jóvenes blancos y los hispanos a una tasa cuatro veces mayor. Marian Wright Edelman, presidenta del Fondo de Defensa de Niños, comenta sobre el encarcelamiento de adolescentes, considerandolo “una creciente crisis nacional que se encuentra en la intersección de la raza y la pobreza ... y los pobres niños de color son el forraje”.
Tanto el Senado de Nueva York como la Asamblea están a favor de incrementar la edad de responsabilidad penal. Eso es sólo el comienzo. Los legisladores todavía necesitan acordar y aprobar la misma ley y enviarla al gobernador para su firma. Pero tenga en cuenta que la responsabilidad de impulsar el cambio no es sólo para los legisladores que actúan en el interés público. Nosotros también tenemos la obligación moral de defender una sociedad que valore el trato equitativo y las políticas inteligentes y humanas. Llame a sus representantes estatales hoy y hágales saber que es hora de aprobar esta ley.


























