En las últimas semanas el panorama político en los Estados Unidos dio señales de, aparentemente, grandes cambios. Los comentarios pasaban de negro a blanco, de blanco a negro en cuestión de días, de estar al borde de la recesión pasamos a una economía floreciente, de una inflación imparable a una inflación controlada.
Ahora, si queremos analizar el momento político que vivimos, hay que mirar más allá de lo inmediato, tenemos que mirar el verdadero premio: la presidencia del país.
Todos los cambios súbitos y efectistas apuntan, aparentemente, a las elecciones de noviembre, pero adonde en realidad apuntan es a las elecciones presidenciales del 2024.
Veamos.
El proyecto que cambiará el país, que detendrá el cambio climático y mejorará el acceso a la salud de los norteamericanos, ese proyecto transformador, comenzó, en lo concerniente a la destrucción del planeta, hace 50 años bajo la presidencia de Donald Reagan cuando se intentó un primer proyecto de ley para proteger el medioambiente.
50 años han pasado, distintos gobiernos han pasado, distintas mayorías han pasado, para que recién hoy se llegue a un proyecto tras negociar, con un representante de las grandes compañías petroleras para permitirles nuevas exploraciones, nuevos oleoductos creando una cicatriz en el territorio.
Negociar con aquellos que financian, al igual que lo hace la industria de las armas, a diestra y siniestra; negociar, no, permitirles que sigan destruyendo el planeta al igual que en el pasado.
Cuánto hubiéramos avanzado si en esos 50 años, aunque hubiera sido a pequeños pasos, hubiéramos controlado a las industrias del carbón, del petróleo, a aquellas industrias que emiten gases y gases y gases puesto que es más económico contaminar que modernizar.
Razón tienen los jóvenes progresistas del partido demócrata cuando reclaman que una tropa de octogenarios, o septuagenarios se festejan firmando un proyecto que es un pálido reflejo de lo que se necesita y de la urgencia con que se necesita.
Triunfo amargo que se presenta no tanto para influir en las elecciones de noviembre sino para influir en las elecciones presidenciales, para hacer olvidar que unas semanas atrás se pensaba en la necesidad de buscar un reemplazo al actual presidente considerando su avanzada edad y su falta de energía para realizar los cambios necesarios, y que hoy podría aparecer como una alternativa viable.
De paso sea dicho, las petroleras, sin dar una explicación, bajaron el precio de la gasolina, una piedra en el zapato para el actual presidente.
Donald Trump.
Hasta hace unas semanas se comenzó a hablar en el partido republicano de la necesidad de buscar otro candidato, el todopoderoso aparecía con pies de barro.
La comisión investigadora del intento de golpe del 6 de enero, si bien es cierto no llegaba a nada realmente incriminatorio minó su figura, cuando golpe de magia, se allana la casa del expresidente, algo nunca visto en la historia del país.
Resultado, el partido republicano cierra filas como un solo hombre tras Trump, el todopoderoso recupera su imagen frente a las elecciones presidenciales.
Errar humano es, pero en política... tiene algo de maquiavélico, renace el ave fénix de las cenizas, se fortaleza su eventual candidatura. ¿Error?, ¿gratuito, o estudiado para, llegado el momento, volver a presentarnos la falsa alternativa de elegir entre el menor de dos males: Biden o Trump?
Errar humano es, pero en política puede ser catastrófico. La comisión del 6 de enero debilitó a Trump, pero si el resultado no lleva a una condena, lo fortalece. Es más, el tiempo pasa y el espectáculo pierde frescura y la audiencia se cansa. Prueba de ello, la estrepitosa derrota de Liz Cheney en las primarias en Wisconsin. Se le daba por perdedora, cierto, pero la distancia de más de 30 puntos, 29% contra 66% es significativa.
Y mirando más allá de lo contingente, mirando la gran presa, las presidenciales del 2024, al día siguiente de la derrota, Liz Cheney aparece posesionándose en la contienda como alternativa que llama a republicanos, demócratas e independientes, sobre los otros dos posibles candidatos.
Pero, error humano, hace una extemporánea declaración llamando a una coalición para oponerse a Trump e impedir "que ni siquiera se acerque a la Casa Blanca", con lo que le quita fuerza moral a la comisión investigadora del Senado de la que forma parte. Ya no se trata de investigar, se trata de buscar cómo condenar, se pierde la objetividad, entra la duda, su próxima pregunta en la comisión será vista como la de la candidata a las presidenciales, y con ello favorece a quien se investiga.
Hay errores que pueden costar caro y exonerar de culpa al culpable.
Si queremos entender lo que hay en juego debemos mirar y analizar más allá de nuestras narices para no caer en la trampa de falsas alternativas, de aceptar promesas truncadas que comprometen el futuro de las jóvenes generaciones, aquellas que luchan por sus vidas y las de sus descendientes, por una sociedad más justa, por un cielo despejado y una tierra fértil y no un desierto, por que la gente no tema al diferente, por lo que los soñadores puedan realizar su sueño, las mujeres decidir de su cuerpo, por que el estudio, la vivienda, la salud y el bienestar sea un derecho y no una herramienta de publicidad que intente ocultar el porvenir haciéndonos mirar al piso y no al firmamento, pero para ello tenemos que analizar el momento político actual a la luz de las presidenciales y de los eventuales candidatos el 2024.
* Escritor, poeta y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.


























