la calle abre sus brazos para transformarse en hogar para los sin hogar
en ella una mujer
sus gastadas botas blancas lavando la acera
la mirada perdida
me ofrece un vaso de café
vacío
con dos monedas naufragando
en el fondo
temblando de frío
temblando de soledad
temblando de dignidad
su mirada mirando sin mirar
digna
sentada en el cemento
temblando en su hogar
un río de multitudes
pasa sin verla
sin mirarla
ella temblando de dolor
dos monedas
en el fondo de un vaso vacío
reclaman mi compañía
me alejo de temblorosos pasos
camino hacia mi calle
ese largo río de asfalto que cobija mis sueños
y acoge en sus brazos los sueños rotos de una mujer
me alejo
el café derramándose en mis ojos
Feliz día, musito
antes de hundirme en la masa



























