Elecciones 2020: nunca más otras como éstas

elecciones presidenciales.
Hoy nos acercamos a lo que espero sea la última elección presidencial como ésta donde nos condujeron a un callejón sin salida y nos llevaron a votar sin tener una verdadera elección.

Éstas podrían ser las últimas elecciones presidenciales en los Estados Unidos; terrible afirmación. Y no es culpa nuestra, ustedes, los dos partidos institucionales, los dos aparatos burocráticos, ambos al servicio del capital, rompieron nuestra confianza.

Hoy nos acercamos a lo que espero sea la última elección presidencial como ésta donde nos condujeron a un callejón sin salida y nos llevaron a votar sin tener una verdadera elección, y por ello, de ustedes desconfiamos.

Otra elección como ésta puede romper el frágil equilibrio de las instituciones; otras elecciones como éstas nos pueden arrojar en manos del aventurerismo, del populismo, de la autocracia.

Nos llevaron al espectro negativo de la democracia, escoger el mal menor, y el mal menor en lo que a elecciones se refiere es un mal mayor. No por los candidatos, es un mal mayor por lo que votamos contra nuestra voluntad y ello viola nuestros derechos. Tenemos derecho a decidir quién nos representa, tenemos derecho a saber adónde vamos.

Durante 4 años hemos sido el hazmerreír del mundo gracias al presidente, Donald J. Trump. Al cabo de 4 años el mundo ha dejado de reírse y ha comenzado a preguntarse qué nos espera. En cuatro años se rompió el frágil equilibro político mundial, el frágil equilibrio económico mundial, la lucha por preservar la tierra donde vivimos; se puso en peligro el futuro de la humanidad.

Las relaciones internacionales quedaron a la merced de la soberbia, de lo inesperado, del estado de humor, de la ambición de un gobernante.

La locura recorrió el mundo, el submundo desquiciado se sintió respaldado en el discurso racista, antinmigrante, incluso el capital tembló ante tanta irracionalidad, incluso el poder absoluto sintió que no podía radicarse en unas solas manos.

En estos cuatro años los políticos terminaron de romper la confianza en las instituciones y al romperla firmaron su sentencia de muerte.

No podemos predecir lo que viene, no sabemos qué vida nos espera más allá del presente, qué nos depara el futuro al salir de la pandemia, qué validez tendrán las instituciones, los discursos. No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es lo que no queremos.

América es el espejo empañado del mundo, los pobres de América son el reflejo de los pobres del mundo, los derechos violados en el mundo se ven reflejados en América.

En estos cuatro años se demostró que el mundo no se divide entre blanco y negro, buenos y malos, que la política no se maneja entre dos polos extremos.

Hay otras alternativas, debe haber otra alternativa, una que nos represente, que nos vuelva parte de este mundo, que nos devuelva la confianza, que no se limite a restañar las heridas, que impida que nos hieran, donde se nos respete, donde no nos tomen por monigotes; una que no saque el garrote cada vez que se reclama un derecho, una que no huela a corrupción, más aún, una en que la corrupción quede fuera y se castigue a los corruptos estén donde estén.

Quisiera unas elecciones donde veamos reflejado en América el rostro de los derechos humanos, una en que veamos reflejado en el rostro de América el rostro esperanzado de aquellos cuyos derechos son violados diariamente en otras partes del mundo. Quisiera una América donde se escuche la voz de la justicia, donde la economía se guíe no por la ley del más fuerte y sea para el bienestar de todos.

Deseo que nuestro voto signifique el final de una pesadilla y el despertar de una nueva América: la de la esperanza y no la del temor. Aquella que confíe en la justicia y no la tema, aquella en que arrinconemos la ignorancia hasta hacerla desaparecer, aquella de la igualdad y no de la desigualdad como sello de América.

Deseo una América multicolor en que cada individuo cuente, en que cada voto cuente, en que se vote libremente y no por miedo.

Deseo que éstas sean las últimas elecciones que no me representen, donde, por la salud de América, me veo obligada a votar “contra” y no “por”. Un sistema político manipulador nos puso entre la espada y la pared negándonos la posibilidad de elegir, forzando nuestro voto,  violando nuestros derechos.

Hoy votamos contra la autocracia, pero no por la democracia, la democracia requiere que se pueda elegir, es nuestro derecho, es nuestro deber cuidarla. 

¡Y cuidémonos!, en unas elecciones como éstas incluso el mal mayor puede resultar ganador; cuando el resultado de las elecciones depende del “momentum” los vientos pueden cambiar, y hoy, el delirio del presidente se expande entre sus partidarios. Para alcanzar algún día esa otra América que deseamos, a ese mal mayor tenemos que derrotarlo, no nos queda otra alternativa.

* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Reside en Nueva Jersey.

2020. La peor elección presidencial de los Estados Unidos

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