El uso del tercer sexo 

EDITORIAL

Hablar del derecho a la vida, del derecho de los animales a ser respetados, del derecho de los niños a no ser ultrajados, del derecho de las naciones a mantener su soberanía, se ha vuelto conflictivo, cuestionable y hasta censurable en un ambiente donde abanderados por el progresismo se están pisoteado los mismos derechos de respeto por los cuales se aboga.

El tema sobre el género de las personas, vinculado directamente a su sexualidad, se ha convertido en uno más de los elementos no solo de discrepancia, que es aceptable, pero sobretodo de división y muy peligrosamente de confrontación entre una sociedad que cada vez se divide más en torno a temas que han sido asumido como valores universales desde el inicio de la existencia de la humanidad.

Hablar sobre si los seres humanos son hombre o son mujer, hace tiempo que dejó de ser controversial, actualmente la discusión va más allá y el reconocimiento a nivel gubernamental de un tercer tipo de sexo es herencia de un gobierno que identificado con las mayorías populares dentro de esta nación, igualmente pasó a la historia como el gobierno que más inmigrantes y niños solos deportó en toda la historia de los Estados Unidos de América, pero lo hizo en forma discreta, encubierto por el silencio cómplice de un sector de los medios de comunicación masivos, que operan de acuerdo a las conveniencias financieras y no a los intereses reales de los grupos humanos.

Entre las políticas de la administración federal y por pedido del Departamento de Salud, entre otros se ha anunciado la inexistencia de la categoría transgénero, como una tercera opción para definir el género de una persona en sus interacción con las agencias gubernamentales y los servicios que ofrece, por lo cual la comunidad homosexual ha expresado que siente vulnerados sus derechos. El tema es complejo y en la comunidad latinoamericana tiene connotaciones religiosas, educativas, que se enmarcan en los estereotipos sexuales que durante siglos han sido social y mayoritariamente aceptados.

El hecho de que una persona ejerza su derecho a decidir sobre su sexualidad, es algo incuestionable. El ser humano tiene el derecho nato de ser feliz, de decidir su vida y la forma como quiere vivirla. Si una persona nace con un sexo y desea cambiarlo, tanto la ciencia como la sociedad deben aceptar la decisión. Si una persona, nace con un sexo y desea vivir de acuerdo a lo que socialmente se ha establecido como correspondiente al otro sexo, es una decisión personal y es respetable bajo cualquier punto de vista.

Al nacer, sin embargo, el ser humano aún no tiene la capacidad de decisión sobre lo que quiere ser y hacer con su persona y su vida, por lo cual es incomprensible que exista una tercera opción de sexualidad en los certificados de nacimiento. Los cambios son parte de la vida y las personas tienen el derecho a cambiar su sexualidad, tanto como las personas que no desean cambiarla.

Hablar de la naturaleza y/o de la tendencia sexual de una persona equivale además a hablar de la conducta de esa persona con el mundo que le rodea y es ahí cuando la sociedad, por un sentido de lógica y para salvaguardar su funcionamiento pacífico, establece normas, como en la carretera, cuando los carros para movilizarse más rápido requieren seguir por un carril, para dar paso a los autos que van en sentido contrario. Una de las riquezas de los Estados Unidos, es la tolerancia, pero una tolerancia con respeto, con sentido de justicia.

El deseo de poder, en lo cual la política es la escalera más utilizada, se ha desbordado y temas tan sensibles como la sexualidad de la persona están siendo usados para presentar una identificación con grupos que ya son parte de las comunidades y de las sociedades, que tienen sus características propias que los identifican entre sí, pero no como algo fuera de la sociedad, si no como parte de ella.

Mientras la estrategia sea crear diferencias y desde ellas reclamar derechos, la sociedad, que debe tender a globalizarse y a respetar al ser humano como tal sin mirar esas diferencias, se divide y fractura cada vez más. Tanto los inmigrantes, latinoamericanos, mujeres, grupos homosexuales, grupos étnicos, estudiantes, etc., etc., deberían buscar una mayor identificación como parte de una sola sociedad que busca progreso de todos, por encima de las diferencia naturales, creadas, impuestas o adquiridas, para como raza humana enfrentar los grandes retos de destrucción del medio ambiente y progresar conjuntamente.

Los derechos de los seres humanos, no deben ser reconocidos porque son un grupo diferente, son ante todo un grupo humano y todos los humanos deben tener los mismos derechos al respeto, a la vida, a la paz, al progreso, a la justicia, etc., etc., etc. En términos profesionales, laborales, productivos y de conducta, las diferencias se establecen en términos de eficiencia, responsabilidad, ética e integridad.

No existe la posibilidad de que los transgénero, que constituyen un grupo de los muchos que forman la sociedad estadounidense quede excluido de las protecciones de los derechos civiles, ya que el solo hecho de ser ciudadanos les concede todos los derechos con los que le ampara la constitución de los Estados Unidos desde su nacimiento o naturalización, independientemente de su género, que igual siempre lo van a tener, sea el que fuere y el que deseen expresar.

La lucha es de toda la sociedad contra la intolerancia por razones de humanidad, pero no significa una tolerancia a la corrupción, a la mediocridad, a la improvisación. Todo tiene un aspecto dual, hay cosas que se deben tolerar y hay otras que no, en esto la comunidad latina debe estar bien consiente.

La nueva definición de género ha provocado divisiones, incomprensión, dudas, en toda la sociedad estadounidense y Nueva York no es la excepción, por el contrario, es una de las ciudades más afectadas por la controversia, ya que el movimiento por los derechos de los homosexuales se originó en esta ciudad, que se ha caracterizado por su lucha para lograr derechos de grupos como los trabajadores, el voto de la mujer, los inmigrantes, etc. pero que a veces pierde la noción cuando las luchas son motivadas y dirigidas para satisfacer las calcinaciones de grupos que están o buscan el poder político.

Nueva York vive guerra del tercer sexo

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