El temor de los niños de indocumentados

Los niños hispanos, hijos de padres indocumentados, se han convertido en las víctimas más vulnerables del sentimiento contra la inmigración que recorre Estados Unidos. En Arizona, Texas, o California, los niños viven con el temor constante de la posible deportación de sus padres.
Atemorizados por la presencia de las autoridades locales o de cualquier agente de la policía, muchos niños viven obsesionados ante la eventualidad de que sus padres puedan ser deportados en cualquier momento.
Arizona es, sin duda, el estado donde este sentimiento de inquietud es más palpable, no en vano la ley estatal SB1070 ha colocado a los inmigrantes indocumentados en una situación cada vez más inestable.
Patricia Moreno, una inmigrante indocumentada procedente de México, es un ejemplo de lo que está ocurriendo a muchos niños y adolescentes.
Patricia ha visto un cambio ostensible en su hija de 14 años al vivir en un estado de sobresalto continuo.
"Si llego cinco minutos tarde a recogerla a la escuela me comienza a llamar de inmediato. Tiene miedo de que me halla agarrado migración y ella quedarse sola", explicó Moreno.
TENSIÓN INFANTIL.
Lo mismo le ocurre a la hija de Elisa Flores, 8 años de edad, que al ver a un policía se pone nerviosa de inmediato.
"Mi hija ve lo que está pasando en la televisión y tiene mucho miedo, a pesar de que yo hablo con ella y trato de tranquilizarla", dijo Flores.
Estos cambios de comportamiento también han sido observados por Guillermina Torres quien trabaja como voluntaria en una escuela de enseñanza secundaria en el sur de la ciudad de Tucson.
"Los estudiantes, particularmente los adolescentes, se están poniendo muy rebeldes, se sienten frustrados por no poder hacer algo para cambiar la situación que están viviendo", afirmó.
Aunque la mayoría de los muchachos de la escuela han nacido en Estados Unidos, los rumores son constantes acerca la aparición de agentes "de la migra"; (Servicio de Inmigración) para deportar a los estudiantes indocumentados.
Los que no tienen papeles viven, de esta forma, en una situación de intranquilidad y sobresalto.
Alexandra González, quien también trabaja en el sistema escolar de Tucson, indicó que la incertidumbre que se vive en el estado ha provocado incluso que algunas escuelas del sur de Arizona estén pidiendo pruebas de residencia legal a los padres de familia para inscribir a sus hijos en las escuelas.
María E. Carrasco, voluntaria de la campaña "Yo soy Testigo", dijo que cada vez están recibiendo más denuncias por parte de miembros de la comunidad de casos donde la policía coopera con la Patrulla Fronteriza, deteniendo a los padres enfrente de sus hijos.
"Mi hija siente mucho coraje cuando escucha las noticias, no entiende por qué se están aprobando tantas leyes en contra de los inmigrantes", dijo Moreno.
Agregó que su hija le cuenta con preocupación cómo también en las escuelas se está dando la discriminación en contra de estudiantes hispanos, particularmente aquellos que no cuentan con un estatus legal.
CIUDADANOS DE SEGUNDA.
"Los políticos que están aprobando leyes como la anti-inmigrantes no se dan cuenta del daño tan grande que están causando a los niños hispanos", señaló Carrasco.
Indico que están creciendo con miedo, viviendo siempre ante la incertidumbre de que sus padres puedan ser deportados, inquietos y con una constante ansiedad.
"Esta nueva generación de ciudadanos está creciendo con un gran resentimiento, se sienten ciudadanos de segunda o tercera clase", puntualizó Carrasco.
Maura Ruiz, psicóloga, señaló que esta presión a la que están viviendo los niños hispanos hace que se agraven los problemas de comportamiento, mientras otros comiencen a desarrollar fuertes depresiones.
"La presión a la que se ven sometidos los padres no es buena para sus hijos, ya que aunque sean muy pequeños ellos se dan cuenta de que algo no está bien y se sienten intranquilos", explicó la psicóloga.
Agregó que la separación de sus padres es un golpe psicológico muy fuerte para cualquier menor, en este caso si se trata de una deportación el menor muchas veces no comprende por completo cual es la causa.
Ante la serie de traumas y problemas mentales en muchos niños hispanos, algunas organizaciones han comenzado a movilizarse para tratar específicamente estos desequilibrios.
Es el caso de algunas organizaciones comunitarias que centran ahora sus esfuerzos en atender problemas que nunca antes se habían presentado.
Un ejemplo es el Centro de la Familia, fundado en 1996 en Colorado Springs (Colorado) para ayudar a víctimas de violencia doméstica y que ha cambiado radicalmente sus funciones para dedicarse ahora a atender los problemas de los niños.
La misión del Centro ha cambiado ahora para centrarse en combatir el "miedo a la inmigración".
"Antes nos dedicábamos a prevención del abuso y de la violencia doméstica, a ayudar a víctimas del crimen y a terapia de parejas. Ahora nos enfocamos en niños con depresión y otros problemas de salud mental debido a que fueron separados de sus padres porque éstos fueron deportados", explicó Sandra Hernández, la directora del centro.
Hernández señaló que todo el debate sobre la inmigración provocan "casos de depresión en los niños que temen ser separados de sus padres y que ven el impacto emocional que esas leyes tienen en sus padres".
Hernández y su equipo se enfocan en ayudar a niños hispanos nacidos en Estados Unidos de padres indocumentados sin antecedentes criminales, debido a que por lo general la justicia adjudica recursos para ayuda en estos casos.
VIVIR EN EL MIEDO.
"Se trata de niños que no se concentran y que viven con miedo. A veces se lastiman a sí mismos. No quieren salir de la casa por temor a que sus padres ya no estén cuando ellos regresen", comentó.
Un caso reciente, al que Hernández calificó de "horroroso", es el de un niño de 10 años, nacido en Estados Unidos, quien, al enterarse del arresto y posible deportación de su padre, comenzó a decir que se iba a suicidar.
Aunque el padre eventualmente quedó en libertad tras tres meses de detención, el niño aún no se ha recuperado de su trauma.
Otros menores experimentan depresión, ansiedad, agresividad, problemas de concentración en la escuela, pesadillas y baja autoestima en una sucesión de problemas cada vez más preocupantes, aunque quedan fuera del debate del día a día sobre la necesidad de aprobar una reforma migratoria.



























