El privilegio de votar

EDITORIAL

Las votaciones terminaron la noche del martes 3 de noviembre pero la temporada electoral no ha culminado. El pueblo estadounidense ha vivido unas elecciones no solo históricas, ante todo inusuales, atípicas, diferentes, pero muy intensas, en un país diametralmente dividido a nivel ideológico.

En el 2019 se preveían unas elecciones históricas en términos de la marcada division ideológica de Estados Unidos, pero nadie se imaginaba el impacto del Covid-19.

Finalmente se vislumbra el fin del proceso electoral que ha sido tan intenso y que ha enfrentado el reto más grande con el impacto del Covid-19, -que todavía no se ha erradicado-, a nivel económico y en medio de una gran agitación social motivada por fuertes divergencias ideológicas.

El día de las votaciones generales, las urnas abrieron desde las seis de la mañana y cerraron a las 9 de la noche, en un día con un clima medianamente agradable con temperaturas alrededor de los cincuenta grados y sin lluvias. 

En medio de la pandemia mundial y del cambio de estación, se mantiene el ambiente de incertidumbre electoral.

Lo más valioso ha sido la presencia latina, que no solo ha crecido, se ha activado políticamente y el detonante que provocó esto fue Trump, por preocupación o temor, los latinos decidieron cambiar su actitud, muchos iniciaron sus proceso de legalización, que evitaron durante años.

Efectivamente hubo más participación de los latinos no solo votando, postulándose y en los dos partidos políticos mayoritarios.

Los latinos participaron no solo votando, los soñadores, los inmigrantes sin estatus
legal, los residentes y los naturalizados pero no registrados, participaron, ejerciendo su derecho a expresarse.

La comunidad latina se activó políticamente, expresando la diversidad que le caracteriza.
Estas elecciones han dejado muchas lecciones, de ellas la principal es la conciencia que ha surgido entre los latinos sobre la importancia de mantenerse activos políticamente, de participar, de expresarse, de actuar.

No importa la divergencia de pensamiento, la polarización ideológica, producto de las brechas socioeconómicas son un fenómeno global.

Estas elecciones han demostrado que todo cambia, incluso los colores de los estados, demuestra que las naciones son entes vivos, en constante desarrollo, transformación, que nada es estático, ni siquiera en medio de una pandemia.

El voto latino no es un voto unificado, refleja la diversidad de los latinos en su
mentalidad, en sus necesidades, en sus experiencias políticas de sus países de origen.

El caso de Florida, que apoyó mayoritariamente al Presidente Trump, refleja la importancia que tiene para los latinos la situación política en sus países de origen, eso les da una cuota de poder adicional, aquí y allá.

Además demuestra que somos un continente y hay una relación directa de lo que pasa en Latinoamérica y su impacto en Estados Unidos y viceversa.

Florida ha sido una muestra de lo determinante del voto latino, que ya no se deja impresionar, ni siquiera Obama fue capaz de cambiar eso.

Estas elecciones demostraron que los latinos son más competitivos políticamente, no solo en un partido, en los principales partidos, el voto latino de Florida que dio el triunfo a Trump no era solo de cubanos, estaba respaldado por mexicanos, venezolanos, lo cual es muy positivo, porque la latinidad está dejando de apreciarse como exclusiva de una sola comunidad o solo de las comunidades caribeñas que han sido pioneras, pero que ahora refleja la diversidad de la latinidad en Estados Unidos.

La comunidad latina ha demostrado que le concierne la realidad política, ha comprendido su capacidad de cambiarla.

Los latinos jóvenes incrementaron su participación en un increíble trescientos por ciento, dato que se tomó de la votación temprana.

Los latinos comprendieron el privilegio de votar para definir el destino de la nación más poderosa del mundo y eso es motivo de una gran celebración, del engrandecimiento de la esperanza, no en el futuro solamente, sobre todo en el presente.

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