
Cuando se debe dar el adiós final a un artista, usualmente se habla de su legado y en este caso ante el fallecimiento de Juan Gabriel, podemos sin duda alguna exaltar su legado musical, a través de los cientos de canciones de su autoría.
Sin embargo su verdadero legado, aquel que impactó la estructura mental de su tierra natal, cambiando esquemas y rompiendo tabúes, es aquel que mayor aporte ha tenido en términos de la sociedad mexicana.
Con su fallecimiento Juan Gabriel, al igual que otros compatriotas suyos como Pedro Infante y Cantinflas, se ha inmortalizado y es parte del imaginario mexicano de proyección internacional.
Juan Gabriel no necesitó emigrar para realizar su sueño y triunfar. Dicen que nadie es profeta en su propia tierra pero Juan Gabriel lo fue y rompió esquemas, estereotipos y lo hizo con humildad, sencillez y un profundo sentimiento de patriotismo, que lo demostró a viva voz y en cada uno de sus actos, pero con una mentalidad siempre abierta, sin ser excluyente ni discriminando a nadie por su origen de nacimiento, es precisamente por eso que además de rebasar fronteras con su talento, es respetado, querido y su mensaje resonará durante algunas generaciones dentro y fuera de México.
Fue ídolo de multitudes no solo por la belleza sencilla de sus canciones y ritmos pegajosos, sino porque representó a las grandes mayorías relegadas a la discriminación y a la pobreza, vivió en carne propia la necesidad de alimento, de techo, de educación y de trabajo. Saboreó el abandono infantil, la soledad, el haber nacido en un municipio de campesinos; enfrentó laboralmente a las grandes disquera y luchó por que se reconozcan sus derechos como autor sobre sus composiciones; supo con gran sabiduría y elegancia hacer respetar su vida privada y enfrentar la discriminación sexual, en forma excepcionalmente sobresaliente en un país con un profundo sentimiento machista y rígidos estereotipos.
Juan Gabriel marcó el último medio siglo de la música mexicana y sentó un precedente de reivindicación de los derechos humanos a través de la tolerancia y el respeto. Comprendió bien la importancia de saber hacer uso del poder que otorgan la fama y la fortuna, se convirtió en un profeta del pueblo con pensamientos muy propios que expresaron su sentimiento como ser humano, como hijo, como padre, como pareja, como artista y una preocupación inmensa como un mexicano confrontado a los problemas actuales, ante los cuales reaccionó con su gran creatividad y talento, promoviendo lo positivo de México en sus canciones, videos y giras.
Su defensa de la identidad, del no avergonzarse de lo que uno es, de ser versátil, flexible y abierto al mundo, su profundo sentido de la gratitud y de la pasión por el trabajo y la carrera, que fueron una vocación y la razón de su existencia.
Exaltar a quien ha muerto es lo usual pero sentimos la necesidad particular de resaltar los valores que Juan Gabriel en vida promovió. Juan Gabriel deja un gran legado de respeto, tolerancia y esperanza, un legado de pensamiento invalorable, que México y Latinoamérica lo necesitan más que nunca


























