El dilema de los ecuatorianos en Nueva York

Comunidad ecuatoriana de Nueva York.
Comunidad ecuatoriana de Nueva York.

La comunidad ecuatoriana en Nueva York cuenta con una larga historia en ésta metrópoli, en la cual incluso uno de sus más respetados presidentes nació.

Los ecuatorianos han logrado muchas cosas, tienen una presencia reconocida a través de grandes eventos, es una comunidad abierta y participa con todas las comunidades de la ciudad. Ha nivel interno ha logrado que su país de origen reconozca la doble nacionalidad y su participación en los proceso electorales mediante el voto en el exterior.

Sin embargo, es vergonzoso el silencio que ha mantenido durante los momentos de conflicto que en la última década ha vivido Ecuador. Recordamos, como parte del voluntariado en las principales organizaciones, que durante la caída del gobierno de Lucio Gutiérrez se publicó y se hizo circular un comunicado expresando la preocupación por la situación interna y haciendo votos porque todo se calme. De eso ya nada se ha vuelto a hacer y si se ha hecho ha sido a nivel individual, no como comunidad.

La comunidad ecuatoriana se ha mantenido en silencio para censurar la corrupción y muy por el contrario con ese silencio se ha convertido en cómplice cobarde de la triste realidad de su país de origen. La participación y apoyo a un proyecto que desde el principio comenzó a apestar por las calculaciones mercantilistas individuales, han convertido a los sectores más visibles, de la comunidad ecuatoriana, en una extensión de la corrupción galopante del pequeño país andino.

Durante el último cuarto de siglo, en Ecuador políticamente han alternado diferentes personajes y en Nueva York se ha identificado muy bien a un grupo que ha trabajado, como lo hacen las ligas de futbol que se reúnen los fines de semana para los partidos. Este grupo en forma sincronizada se ha vinculado a todos los posibles ganadores del poder político y económico de Ecuador, auto nombrándose líderes de la comunidad, entre ellos se han repetido la misión de vincularse para negociar su beneficio con cargos y prevendas, con el apoyo a sus eventos, que ciertamente no solo que no representan la riqueza cultural e histórica de un país, que no se los presenta con el nivel que una metrópoli como Nueva York lo requiere, pero tampoco han sido en beneficio directo de los ecuatorianos.

Este grupo bien definido, que ha actuado para beneficio propio, también ha sufrido confrontaciones y pugnas internas. Pero desde el advenimiento del correato, las cosas cambiaron y a la llamada comunidad ecuatoriana (grupo de caciques comunitarios) se integraron nuevos actores de acuerdo a la voluntad y planes de los cabecillas de la revolución ciudadana, entonces vino la manipulación de las principales expresiones de ecuatorianidad, desfiles, eventos cívicos, culturales, deportivos, artistas, reinas de belleza, cocineros, restaurantes, cooperativas de taxis y todo personaje que le fuera beneficioso al proyecto correista fue vinculado y manipulado.

El noventa y nueve por ciento de los ecuatorianos de Nueva York apoyaron con el alma a Rafael Correa y gracias al asesoramiento de ecuatorianos parte del movimiento sindical de Nueva York se organizaron, para en nombre de la revolución acceder a las autoridades locales a fin de promover al correato. El silencio ante la grave crisis de integridad que se ha destapado en Ecuador con la fuga y el encarcelameinto de varias autoridades, incluyendo al vicepresidente, no llama la atención por el profundo sentimiento de culpabilidad que deben sentir los coidearios y fundamentalmente los beneficiaros de la revolución en Nueva York.

Pero lo decepcionante es que no exista una capacidad de reflexión, de reconocer los errores y de apoyar para erradicar la lacra que ha convertido a Ecuador en uno de los países más corruptos del mundo. La historia lo registra todo y la comunidad ecuatoriana está a tiempo de demostrar realmente su amor por la tierra que la vio nacer, comenzado por solicitar el cambio de los representantes diplomáticos colocados por Rafael Correa, quienes continúa en funciones a pesar de no tener bases académicas para ello, pero sobre todo, la noción de la gran diferencia entre representar a una nación y promover a un caudillo que resultó ser el capo de una gran banda delincuencial.

La comunidad ecuatoriana se enfrenta a un gran dilema, continuar apoyando la corrupción instaurada por el correato, en proceso de desmantelamiento, o reconocer su error y rectificarlo apoyando una nueva etapa de integridad y progreso moral.

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