
Por Ximena Hidalgo-Ayala
El 17 de febrero conmemoramos el nacimiento en Nueva York de uno de los más destacados e influyentes líderes latinoamericanos a nivel mundial.
Continuamos en nuestra misión de recordar, preservar y promover el legado de Don Galo Plaza, nacido a pocos pasos de la Quinta Avenida y la calle 8 en Manhattan, en el Hotel Marlton.
Una de las lecciones que durante su vida y su continuo trabajo nos ha heredado Don Galo Plaza, es la de ser un mediador para la paz. Su trayectoria como tal, al servicio de organizaciones internacionales como Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, nos enseña la importancia del diálogo.
Don Galo Plaza no era un demagogo electorero que usaba su papel de mediador para lograr elevar sus niveles de popularidad. Era alguien que con acciones reales, concretas, en la práctica, demostró respeto. Un ferviente defensor de la democracia internacional y de la libertad de expresión, lo demostró con el respeto a los medios de comunicación.
Una de las anécdotas al respecto es que durante su presidencia un periódico que lo atacaba en forma persistente y aguda en una ocasión dejó de circular por falta de papel. Don Galo Plaza hizo discretamente llegar el papel necesario al periódico, porque como verdadero demócrata comprendía que, en un sistema en el que se respeta la libertad de pensamiento, opinión y expresión, todos tienen derecho y que precisamente es la oposición, su presencia y su voz, la que impulsa el sistema democrático.
Solo los regímenes tiránicos imponen su criterio o castigan a quien denuncian sus actos de corrupción.
Don Galo Plaza jamás, ni en el más remoto pensamiento, habría contemplado cerrar una radio, suspender a un canal de televisión, enjuiciar a un periódico o expropiar a algún medio para el gobierno, peor aún demandar a un conciudadano por su manera de pensar o expresarse, eso es propio de los cretinos, de los prepotentes, de los cobardes, que usando el poder del momento, imponen su voluntad.
Actualmente los premios y reconocimientos, aún los de alta envergadura, se consiguen en ocasiones a través de contactos o palancas, por eso hemos perdido la fe en la mayoría de ellos. Cuando sabemos sobre un reconocimiento, no leemos el nombre de éste, sino la hoja de vida y de trabajo de quien lo recibe. Los cargos a fin de cuentas van y vienen.
Don Galo Plaza recibió innumerables reconocimientos, honores, títulos, doctorados, preseas, en varias partes del mundo, de organizaciones privadas, educativas, gubernamentales. En su ciudad natal, Nueva York, recibió varios, pero aquel concedido por la historia es uno al que muy contados mortales puede recibir.
Galo Plaza, promotor de la democracia, la libertad de expresión, la tolerancia, el diálogo, el respeto en la acción y en la palabra. Promotor del progreso y la hermandad entre las naciones del mundo, la solidaridad y la cooperación internacional.
Promotor del diálogo como la más civilizada y eficiente herramienta para la paz. Su mensaje y su acción se encuentran más vigentes que nunca, como ejemplo de que con respeto, argumentos, trabajo y diálogo, se rompen muros, se acortan distancias, se materializan ideales.


























