Por José Ramón Alvarez
El clamor popular es unánime...el pueblo ecuatoriano despertó de la desagradable pesadilla que ha tenido que vivir por ocho años. Quizás por falta de planificación, o mal asesoramiento, el ejecutivo lanzó sus proyectos de leyes confiscatorias y se fue a Europa, sin esperar la reacción ciudadana. Y ahí quedaron los proyectos, para que los “alza manos" de la Asamblea los aprueben sin ninguna observación. Todo estuvo programado para que el pueblo, mayoritariamente católico, se concentre en la próxima visita del Papa Francisco y pase por alto la promulgación de las oprobiosas leyes.... Para preparar a los asambleístas sobre lo que debían hacer, el Presidente dijo públicamente, antes de viajar a Europa: ... “el 80 % de las empresas ecuatorianas son de origen familiar y eso tenemos que destruírlo”.
Pero ahí reside el principal error de la dictadura. No contaban con la reacción del ciudadano digno y cansado de tanto abuso. La respuesta fue mayoritariamente negativa a nivel nacional. La opinión de la ciudadanía es que ese comentario, junto a sus dos proyectos de leyes confiscatorias, fueron tres gotas que derramaron el vaso. Un vaso lleno hasta el borde de insultos sabatinos, de acusaciones de terrorismo a todo el que piensa diferente, del despilfarro de dineros del Estado, de la compra de la conciencia a jueces y autoridades, de las violaciones a la constitución que debía durar 300 años, de apropiarse de los fondos de jubilación del magisterio nacional.
Un vaso lleno hasta el borde de los juicios y sanciones a la prensa independiente, del regalo de 800.00 dólares al amigo Duzac, de la fuga del primito a Miami, de la entrega del petróleo a los chinos, de los decretos que limitan las utilidades a las empresas de telecomunicaciones, de la negativa a pagar la deuda al Seguro Social, de la falta de independencia del poder judicial, del sometimiento del poder legislativo, del juego entre el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Corte Constitucional para negar el derecho a consultar al pueblo sobre la reelección indefinida, del engaño correísta del Yasuní, del gasto innecesario como el edificio de 45 millones a la UNASUR más los 43 millones para helicópteros que se caen y los mil millones desperdiciados en la fracasada Refinería del Pacífico, de la falta de medicinas en los hospitales públicos, de la falta de libertad a la libre expresión del pensamiento, etc.
No son únicamente las dos leyes, son todos estos errores y muchos más que no incluimos por falta de espacio, los que han demostrado su incapacidad para gobernar. El vaso ya está desbordado y el pueblo ecuatoriano no soporta más abusos. Tenemos que mantener la campaña Fuera Correa Fuera antes, durante y después de la visita del Papa Francisco al Ecuador.
No podemos caer en el engaño y las mentiras... la oferta de llamar al diálogo es una burla, es un insulto a la inteligencia únicamente para desviar, momentáneamente, las verdaderas intenciones. Las manifestaciones de inconformidad en calles y plazas tienen que continuar. Es el único lenguaje que entienden los dictadores.


























