Por Karina Borodnikoff
“Pero ella ha visto interés, desagrado, incluso ira, en ojos de hombres adultos.Aun así, aquel vacío no es una novedad. Tiene un cierto regusto: en algún lugar, muy en su fondo, subyace la aversión. Ella la ha adivinado al acecho en los ojos de todas las personas blancas. Eso es. La aversión debe de ser hacia ella, hacia su negrura. Todo en ella es fluido y expectante. Salvo su negrura, que es pavorosamente estática. Y es la negrura lo que cuenta, lo que crea aquel vacío con regusto a aversión en los ojos de los blancos”.
En este párrafo del libro “Ojos azules” (1970), la escritora Toni Morrison, ganadora del Premio Pulitzer y la primera afroamericana en recibir un Nobel, expone la sociedad racista estadounidense. El relato se vehiculiza a través de la mirada de una niña negra, Pecola, que cree que es fea porque no se parece a Shirley Temple. Se entrega, entonces, a un viaje iniciático, a la desesperada búsqueda de otro color para sus ojos. Un racismo que, cree, solo podrá ser paliado cuando mute la oscuridad rechazada de sus ojos en el color de la aceptación: azul. Solo podrá salvarse cuando consiga tener los ojos del color de las muñecas de las niñas blancas
La demonización de una población, anclada en conceptos cotidianos que permitieron su naturalización, y planteada en un juego perverso de dos colores antagónicos, cuyo castigo pretendió ser la imposibilidad de reconciliación. Blanco o negro. El bien o el mal en sus versiones más absurdas.
El siglo XXI no logró desterrar por completo el racismo que portan los más necios e intolerantes.
El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, suspendió sus vacaciones para regresar a Washington y enfrentar una nueva tensión racial. Esta vez, el escenario es Ferguson, Missouri. Michael Brown, un adolescente negro de 18 años fue asesinado a balazos por un agente policial.
Desde el momento en que el episodio tomó estado público, comenzaron a sucederse diversas protestas para exigir el esclarecimiento inmediato de este hecho y justicia para el joven asesinado. La primera consecuencia, con intensión de calmar las aguas, fue el retiro del jefe de la policía local, Thomas Jackson, acusado de violento y de utilizar material militar para reprimir a los manifestantes. El policía (blanco) fue reemplazado por Ronald Johnson (negro). Otros efectos fueron la intervención del F.B.I. en las investigaciones y la determinación del toque de queda, entre las 12 y las 5 de la mañana.
Obama aseguró que: "Éste es el momento para sanar. El tiempo para la paz y la calma en las calles de Ferguson". Se comprometió a "una investigación abierta y a un proceso transparente que demuestre que la justicia se cumple".
El toque de queda no amedrentó lo suficiente. Grupos de manifestantes hicieron caso omiso del estado de emergencia y se desplazaron por las calles exigiendo hacer valer sus derechos y reforzando el pedido de justicia para Michael Brown. Caminaron hacia la policía mientras se hacían oír:” ¡Somos Mike Brown! ¡Tenemos derecho a reunirnos pacíficamente!". Hubo siete detenidos.
Los familiares de la víctima rechazaron la declaración del jefe policial, luego de que este dijera que el joven había robado. Lo acusaron de intentar “manchar la imagen” de su hijo “que no tenía antecedentes penales y que estaba a punto de empezar la universidad”. A través de un comunicado declararon que a pesar de que Michael no era perfecto, no merecía morir de ese modo.
“No hay nada basado en los hechos, que se han sido puestos ante nosotros, que pueda justificar el asesinato estilo ejecución de nuestro hijo por parte de un oficial de policía ante quien él levantó las manos, que es el signo universal de rendición", expresó el comunicado de la familia Brown, con firma de los representantes legales.
Aunque aún no se han dado han a conocer los resultados finales de la investigación de su muerte, hasta el momento, todo indica que Michael es una nueva víctima de una forma triste, cruel e inaceptable de mirar el mundo, en donde “es la negrura lo que cuenta, lo que crea aquel vacío con regusto a aversión en los ojos de los blancos”.



























