Durante 24 años, el 11 de septiembre ha servido a los estadounidenses para la introspección; primero, sobre las 3.000 muertes inocentes de 2001; después, sobre la necesidad de la interminable "guerra contra el terrorismo"; y hoy, con Donald Trump en el poder, sobre la búsqueda de enemigos internos, algo que refuerza el asesinato del activista conservador Charlie Kirk casualmente un día antes.
La muerte de Kirk por un disparo en el cuello durante un evento de debate en una universidad de Utah ha desdibujado el 24 aniversario del atentado más importante de la historia reciente, uno que lanzó a Estados Unidos a una carrera de guerras en Oriente Medio, motivó la creación del Departamento de Seguridad Nacional y popularizó el trastorno por estrés postraumático o el daño moral, afectaciones poco conocidas hasta entonces.
El presidente Donald Trump, recordó a Kirk en la ceremonia de conmemoración de hoy en el Pentágono, en la que anunció que le otorgará de manera póstuma la Medalla Presidencial de la Libertad, mientras el secretario de Guerra, Pete Hegseth, que esta mañana rezo con las tropas en honor a Kirk, aseguró que "al igual que los que murieron en el 11S, él nunca será olvidado".
En 24 años desde los traumáticos atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ha pasado de una guerra mundial contra el terror que cambió la historia moderna a comenzar a preferir el aislamiento frente a los conflictos y relaciones de cooperación globales y a buscar, dentro del país y no fuera, a aquellos supuestamente enemistados con valores tradicionales estadounidenses.
El tiempo dirá
"La confianza rota podría haberse desprendido de la incapacidad de nuestro país para prepararse adecuadamente para prevenir los ataques sorpresa. Más tarde, la confianza rota vino de los servicios de salud y salud mental inadecuados para los traumatizados. Cuando contribuimos a nuestro propio daño moral, la confianza en nosotros mismos se erosiona. Cuánto del 11S se podrá ver en el asesinato de Charlie Kirk solo el tiempo lo dirá", explica hoy en Psychiatric Times, el psiquíatra H. Steven Moffic.
El 11S fue un momento fundacional para muchos niños y adolescentes que decidieron dedicar sus mejores años a sumarse a las Fuerzas Armadas o al gigantesco sistema de Inteligencia estadounidense para dar con los responsables de los ataques de Nueva York, Washington y Pensilvania, independientemente de ideologías políticas o creencias.
El "día en el que el mundo cambio para siempre" marcó el devenir de Estados Unidos y lo encaminó a convertirse en un país preocupado por la seguridad y, en ciertos sectores, temeroso de lo diferente.
Los efectos del 11S
"Los eventos que se derivaron del 11 de septiembre de 2001 dejaron una impronta duradera en EE.UU. Además de la devastación y pérdidas de vidas, el resultado causó un cambio fundamental en el ambiente sociopolítico. Los cambios fueron notablemente evidentes en las experiencias de las comunidades marginadas, especialmente en los que son vistos como 'extranjeros' y 'otros'", explica un artículo académico de 2024 de la Universidad de Vermont.
"Un americano no es una persona que tiene un pasaporte estadounidense. Si eso es así, EE.UU. está muerto (...) Tenemos una cultura que proteger; un país al que amar; una herencia que preservar y eso no es supremacía blanca", dijo tres semanas antes de ser asesinado Kirk en su "The Charlie Kirk Show", haciendo una diferenciación no por raza u origen, sino por razones ideológicas o políticas.
Kirk, que en 2001 era un niño de primaria, dedicó su vida a un movimiento que no se puede entender sin lo que ocurrió tras el 11S: el intervencionismo estadounidense, la reacción opuesta expresada en las protestas del conservador "Tea Party", la elección de Barack Obama tras los ocho años de George W. Bush y la lenta y posteriormente meteórica aparición de Donald Trump y el movimiento MAGA como sustituto al Partido Republicano de Dick Cheney o Donald Rumsfeld.
La muerte de Kirk amenaza con exacerbar una "guerra cultural" que lleva años marcando la división política en Estados Unidos. El comentarista conservador, esencial en la movilización de adolescentes conservadores que no vivieron o recuerdan de manera personal el 11S en las elecciones de 2024 que ganó Trump, expresaba opiniones ultraconservadoras para anteponerlas en sus debates a las de los estudiantes progresistas.
Tal vez el mejor ejemplo de la deriva ideológica de los últimos 24 años sea el nombre de este 11 de septiembre, conocido desde 2002 como el "Día del Patriota", algo que en un principio respondía a un homenaje a los heroicos equipos de rescate, posteriormente se enfocó en honrar a los "guerreros" que se desplegaron en Afganistán o Irak y hoy es una excusa para acentuar valores conservadores como la seguridad nacional, la fe "anglocristiana" o las armas. EFE
Comentarista Charlie Kirk, aliado de Trump, recibe un disparo en una universidad de EE.UU.




























