El arte de gobernar: Obama, entre la intransigencia y el chantaje

Karina Borodnikoff

Al analizar el curso en que se ha estado desarrollando el gobierno del presidente norteamericano Barack Obama nos remitimos de inmediato a las constantes tensiones entre demócratas y republicanos. Los desacuerdos, las presiones y enfrentamientos  vivenciados de manera constante entre ambos grupos partidarios han sido más noticia que las propias políticas y problemáticas de fondo de E.E.U.U.

Cómo puede resultar positivo el balance de un gobierno cuando ha tenido que sortear tantas adversidades producto de la intransigencia y del chantaje, y no de problemas propios de un país que atraviesa crisis de diversos tipos y magnitudes.

Un importante sector del republicanismo se ha convencido de que ser oposición es sinónimo de boicot e intransigencia. Lejos de oponerse a las políticas demócratas y propuestas de Obama con argumentos constructivos que sumen y aporten soluciones y salidas beneficiosas para el conjunto de la sociedad, han centrado toda su atención en hacer todo aquello que pueda desprestigiar, dificultar y vulnerabilizar la gestión de Obama.

El Tea Party ha sido protagonista por su evidente desprecio hacia las políticas sociales que priorizan el bienestar de los ciudadanos, motivo por el cual han intentado todo tipo de desestabilización gubernamental. Este grupo “pseudo” político no ha entendido demasiado de qué se trata el arte de gobernar y mucho menos de los objetivos principales y derechos inalienables de la gente hacia quien va dirigido este arte. No son los amos y señores de los ciudadanos, sino un simple vehículo y empleados temporales del pueblo, que tienen la obligación legal y moral de tomar aquellas decisiones más beneficiosas para el conjunto de la sociedad.

Los legisladores demócratas y republicanos afrontan un nuevo estancamiento, a partir de nuevas discusiones por el presupuesto de Estados Unidos, que pone en riesgo al gobierno con una posible paralización, de no alcanzar un acuerdo estable y a largo plazo.

A pesar de haber logrado un principio de acuerdo en el Senado (de mayoría demócrata), en donde se aprobó con 79 votos a favor y 12 en contra el proyecto de ley acordado entre demócratas y republicanos, que asegura la financiación del Gobierno durante seis semanas, hasta el 18 de noviembre, es un resultado débil y a corto plazo.

En esta ocasión, la pelea tenía que ver con el dinero que el Gobierno dedica a ayudar a las víctimas de las catástrofes naturales. Este es un tema en extremo importante en una nación que, de manera constante, registra tragedias de esta índole en diferentes rincones de su extensa geografía. Tormentas que arrasan con todo lo que tiene en frente, huracanes, tornados, sequía, terremotos, inundaciones, son algunos de los lamentables paisajes habituales de distintas zonas del país. La FEMA, la agencia asistencial que brinda todo tipo de apoyo y contención a la gran cantidad de damnificados y la entidad que está necesitando urgente presupuesto para seguir operando.

A los congresistas del Tea Party no les resulta demasiado importante el trabajo de esta valiosa entidad, por lo que no les tembló la voz a la hora de criticar (una vez más) la política de destinar dinero a causas sociales. De esta manera, impusieron condiciones, práctica bastante parecida al chantaje, para permitir la “extensión del cheque” al gobierno que le permita solucionar este nuevo problema de presupuesto. Finalmente, se logró un acuerdo temporario, breve y urgente, que sólo parece ser el prefacio de una nueva e incomprensible disputa que deberá enfrentar la gobernación de Obama, mientras el sector más vergonzoso de los republicanos se sigue entrenando en el arte de no hacer política e intentando todo tipo de recursos para no permitir consolidar en Obama un gobierno sólido y eficiente.

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