El aplazo de Harvard
Por Karina Borodnikoff Impacto Latin News

Las palabras “universidad” y “fundación “suelen estar asociadas con la buena prensa y no son pocos los que naturalizan estos lugares como espacios en donde sólo pueden suceder cosas buenas. Esta mirada, además de estar equivocada, puede avalar cierta complicidad frente a los desaciertos y actos repudiables que también suceden en estos sitios.
Cuando se menciona a la Universidad de Harvard, inmediatamente se activan esos mecanismos de asociación benévola. Este espacio educativo es un representante paradigmático de la buena fama educativa. Sin embargo, por estas horas, se conoció un hech0 que cuestiona sus estándares educativos y provoca el repudio de la opinión pública.
Jason Richwine es el hombre que en los últimos días, y sin quererlo, ha puesto en evidencia que Harvard no es imbatible en materia educativa. Richwine, quien realizó su tesis doctoral en esta universidad, desarrollaba su carrera profesional como miembro de importantes think tanks conservadores. Llevó adelante investigaciones, trabajos y análisis funcionales a la derecha política norteamericana.
Por su lado, Jim DeMint, ex senador y líder del Tea Party, fue nombrado, recientemente, presidente de la Fundación Heritage. Radicalizado en sus ideas contra la reforma migratoria intentó un aval documental de lo que resulta indefendible en debates lícitos. Necesitaba un estudio que respaldara la intolerancia frente a los inmigrantes en Estados Unidos. Y su mejor aliado era Richwine, miembro de la Fundación y responsable, junto a Robert Rector, de la coautoría de este informe.
DeMint conocía muy bien la tendencia ideológica y racista de Richwine. La “investigación” y posterior informe ya estaban pensados y sentenciados antes de realizarse. Solo había que legitimar, hacer creíble y solapar, el intento de manipulación ideológica y el resentimiento.
Pero las cosas salieron mal. No son buenas estas estrategias en tiempos donde la discreción y el ocultamiento de información son prácticas en desuso y misiones imposibles en la era tecnológica.
Así la opinión pública mundial, académicos, políticos- todos-, accedieron a la tesis doctoral que años atrás Richwine realizó en la Universidad de Harvard, con contenido inconsistente y con claras reminiscencias de textos fascistas que en momentos históricos pretendieron avalar prácticas inaceptables, la postulación Richwine aseguraba que:
“El indicador conocido como coeficiente intelectual (CI) puede estimar de manera confiable la inteligencia. El CI promedio de los inmigrantes en los EE UU es considerablemente más bajo que el de la población nativa de raza blanca. Esta diferencia es probable que persista durante varias generaciones. Las consecuencias son la falta de asimilación socioeconómica entre los inmigrantes de bajo coeficiente intelectual, conductas de clase baja, menor confianza social y un aumento en trabajadores no cualificados en el mercado laboral estadounidense. La selección de los inmigrantes de alto coeficiente intelectual podría mejorar estos problemas en EE UU al mismo tiempo que beneficiaría a los potenciales inmigrantes que son más inteligentes pero que carecen de acceso a la educación en sus países de origen”.
Este breve texto, que resume el espíritu de la tesis, habla de la inmigración en general y sus conclusiones aseguran que los hispanos poseen un bajo CI, fue aprobada por un comité de tres (supuestos) prestigiosos catedráticos de Harvard.
Claramente, ni Harvard es imbatible frente a la estupidez humana.



























