Ecuador en el espejo de Grecia

Carlos-Rivera

 

 

Por Carlos Rivera

 

Sobre la visita a Ecuador del ex Ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, famoso por sugerir la creación de una moneda paralela al Euro como salida de la aguda crisis griega en el 2015, así como por sus críticas a las medidas de austeridad fiscal y programa de ajuste macroeconómico, en una visión bastante heterodoxa de la economía.

Se dice que el ex ministro griego en lo particular y relevante sugirió que “Ecuador debe ampliar el uso del dinero electrónico y tratar de explotar todo su potencial, operándolo como un sistema paralelo de pago al Banco Central y la banca comercial, lo cual permitirá otorgar grados de libertad para la oferta de esos dólares digitales de forma contra-cíclica durante choques externos”.

Para poner en perspectiva la naturaleza y dimensión de todas las “suspicacias” que ha generado la visita poco oportuna, por decir lo menos, del ex ministro griego y su reunión con el mandatario electo, se debe señalar en primer lugar que ha metido ruido innecesariamente, al alentarse –aunque no sea efectivamente la intención del nuevo gobierno-, expectativas sobre la posibilidad de desdolarizar la economía ecuatoriana, si bien no directa, pero si a través de la implementación de un sistema bi-monetario, que afecta directamente las decisiones de inversión y ahorro de los agentes económicos, lo cual no solamente pone un freno a la tan ansiada reactivación económica, sino que perturba lo más sensible, que es la estabilidad del sistema financiero, que en un mal escenario de una corrida bancaria y/o una contracción del crédito aún más pronunciada que la que ya tiene, pondría al Ecuador verdaderamente en serios apuros.

Segundo, bajo el supuesto de que se adopte la línea de Varoufakis, se estaría exculpando toda la génesis de la crisis, que es el populismo e incompetencia como los principales ingredientes de la exuberancia irracional y exceso de gasto por encima de los ingresos nacionales, que está llevando al país en una dirección de niveles impagables de endeudamiento público y si se comienza diagnosticando mal la enfermedad, qué se puede esperar del recetario.

Tercero, se está emitiendo muy malas señales al mercado financiero porque se exacerba los problemas de riesgo moral con implicancias en el costo del otorgamiento de nuevos préstamos para Ecuador, ya que una propuesta reconocida del ex ministro griego es que el pago de las actuales deudas, esté supeditado al crecimiento económico en una especie de “default elegantemente disfrazado”, en la línea de que los acreedores, en el caso de Ecuador los chinos, Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, Banco Central y otros también deben participar de las pérdidas de una eventual situación de imposibilidad de cumplimiento de las mismas.

Cuarto, otra de las novedosas propuestas de Varoufakis son los planes de salvamento (recursos frescos para cumplir los atrasos de obligaciones financieras y facilitar el funcionamiento de la economía) sin mayores condiciones, que en primer lugar es poco probable que se dé para una economía pequeña como la ecuatoriana y luego, aún cuando nadie discute que los correctivos, por regla general, producen caídas de la actividad económica y desempleo, pero ese es el costo para no volver a impulsar burbujas económicas, caso contrario cuál es el incentivo para aplicar políticas prudentes, si siempre habrá alguien que salve a Ecuador y sin mayor costo.

Así mismo no hay el fino bisturí económico que al cortar el ‘exceso’ de gasto y realizar reformas institucionales profundas que tocan muchos intereses, no comprometa la actividad económica en general y la verdad sea dicha, ninguno de los acervos y notables críticos de los programas ortodoxos ha presentado una alternativa viable a éstos. Ahora evidentemente, si en la transición hay acceso a recursos que ayuden a reducir el sacrificio que siempre implica apretarse el cinturón para pagar los excesos del pasado, bienvenido.

La gran lección que deja Grecia y que debe ser el espejo en el cual debe mirarse Ecuador, es que los desequilibrios fiscales y endeudamiento público con un sistema de tipo de cambio fijo extremo son incompatibles y es una invitación formal al descalabro económico, incluido el propio esquema cambiario y donde ni siquiera los paquetes de salvamento generosos, que fue objeto Grecia de sus pares europeos a través del Fondo Europeo de Rescate, Banco Central Europeo y del propio Fondo Monetario Internacional (FMI) pudieron hacer mayor cosa, por lo que la reactivación económica solo puede construirse sobre la base de la estabilidad macroeconómica con la implementación de políticas económicas responsables, prudentes y de fiel cumplimiento de los compromisos adquiridos.

Bajo esta premisa, sin austeridad, no hay salida.

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