Dudas sobre la muerte del concejal Fernando Albán

concejal Fernando Albán
Concejal Fernando Albán

Hace un mes todos quedamos estupefactos por la noticia. Los funcionarios del gobierno rápidamente afirmaron que el concejal se había suicidado. Supuestamente, en un momento de tristeza y depresión el concejal decidió lanzarse por la ventana del piso 10 del edificio de la sede de torturas de la policía política (que asco de gobierno).

Al escuchar la noticia nadie se comió el cuento. Ya en Venezuela la noticia oficial es sinónimo de mentira. Los venezolanos que nos atrevemos a pensar en tiempos de dictadura debemos cuestionarlo todo. Ciertamente, ¿A quien se le ocurre creerle a los funcionarios de este régimen después de todo lo que han hecho desde que perdieron las elecciones regionales? Después de ejecutar a más de 100 estudiantes inocentes en las calles de Caracas. Después de asesinar en vivo y directo a Oscar Pérez a través de diferentes medios de comunicación social a pesar de que ya se había rendido. La ejecución de Oscar Pérez violó flagrantemente varias leyes de guerra y normas del derecho internacional humanitario. Sobre el asesinato de Oscar Pérez es imperativo recordar las palabras de Juan Jacobo Rousseau quien escribió:

"La guerra no es, pues, una relación de hombre a hombre, sino de un Estado con otro Estado, en la que los particulares sólo son enemigos accidentalmente, no como hombres, ni como ciudadanos, sino como soldados (...). Siendo el objeto de la guerra la destrucción del Estado enemigo, hay derecho para matar a sus defensores en tanto que tienen las armas en las manos; pero luego que las dejan y se rinden, no son enemigos ni instrumentos del enemigo, y como vuelven a entrar en la simple clase de hombres, ya no se tiene derecho sobre su vida."

El momento en el que Oscar Pérez se rindió, automáticamente dejaba de ser un soldado de la resistencia armada y se convertía en un ser humano susceptible de derechos y obligaciones. Pero hoy, estamos de luto por la muerte del concejal, así que este humilde espacio se lo dedicamos a él.

Ahora que hay millones de venezolanos en condición de refugiados de guerra, viene el gobierno a decirnos que el concejal se suicidó. Claro que hay dudas. Sin embargo, la duda no es sobre si fue un suicidio o si fue un homicidio.  Todos estamos seguros y plenamente convencidos de que esto fue un homicidio. La única duda que tenemos es sobre la intencionalidad del homicidio. No sabemos si la muerte del concejal es producto de una mala praxis del funcionario torturador (que asco de gobierno) o si este homicidio es parte de la gestión pública del terrorismo de estado que tenemos en Venezuela.

Las ejecuciones que tuvimos hace un par de años fueron medidas fuertes que el gobierno implementó para eliminar todas las aspiraciones colectivas de remover a Nicolás Maduro por cualquier acto político de calle. En ese momento, esa medida de asesinar a los jóvenes estudiantes fue el último recurso que podían aplicar los delincuentes que hoy gobiernan Venezuela. Un narcotraficante, asesino y ladrón no va a renunciar a su recompensa para irse caminando a la cárcel.

Sin embargo, el homicidio del concejal es una medida diferente. No era necesario asesinar al concejal para neutralizarlo. El homicidio del concejal es una medida para asustar y generar terror. Para recordarle los límites a la oposición, a los estudiantes y a todos los que se atreven a actuar en contra del narcogobierno. Para ellos lo único que importa es mantener el poder. De la misma manera actuó Hitler cuando creó un Tribunal ad-hoc que se encargaba de juzgar a los disidentes políticos. Lenín y Stalin también hicieron lo mismo, cuando juzgaban y ordenaron la tortura y ejecución de algunos de los líderes de los mencheviques. Porque para estos psicópatas el terror es una parte fundamental del ejercicio del poder.  Al asesinar al concejal; Nicolás Maduro y sus secuaces nos recuerda que en Venezuela se juega a la democracia sólo cuando el dictador lo ordena y bajo las reglas del dictador. Ojalá la vida del concejal se convierta en varios años más de prisión para Nicolás y sus secuaces cuando sean juzgados por la Corte Penal Internacional.

 

Por: Rafael David Loaiza. Abogado venezolano, escritor, exprofesor universitario de Derecho Constitucional y Economía Política. Autor de la novela “Infinia Catedral de Agua”, reside actualmente en Hamburgo-Alemania.

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