Nos referimos a “América” en el sentido hemisférico. Pero también aplícase en
particular a Estados Unidos, único país que recoge a “América” en su nombre.
Dicho esto, señalemos que los norteamericanos debemos percatarnos de que no
se trata únicamente del pueblo de Cuba, sino del estadounidense en particular y de los
de América en general.
Están en juego, nada menos, la propia seguridad de Estados Unidos y del Hemisferio. Durante decenios, Cuba ha agredido a este país nuestro (si no, pregúntenselo a la CIA, el FBI y la NSA), mientras lo rodean apoderándose de Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Perú y aun otros países que hoy intentan subvertir o sojuzgar, poniéndolos al borde del precipicio (p.ej., Colombia, en tanto que México ha apoyado incesantemente a la tiranía).
EL EJE DE LA MALDAD --Rusia, China y Corea del Norte —con su estratégico
aliado, Cuba, se concentra en destruir a EE.UU. (y a las democracias en general).
Su plan de supervivencia no es la simple consolidación, sino la expansión y esclavización de sus vecinos. ¿Es que acaso no está clarísimo para el sentido común?
De paso, advirtamos que es falsa la noción del estado fracasado. Cuba es un
régimen superexitoso, ya que no solamente se ha fortalecido y consolidado durante
más de seis decenios, sino que se ha extendido internacionalmente.
¿Acaso ignoramos que ha colonizado, empobrecido y explotado a Venezuela, otrora riquísimo país diez veces más grande? Otra ilusión es la de su “descalabro económico”, engañosa creencia de que el régimen siempre está a punto de desmoronarse.
Es todo lo contrario: el empobrecimiento a propósito es eficaz política implementada por Castro desde un principio para aferrarse al poder, mientras le ha echado la culpa —adivinen a quién— ¡a los EE.UU.! Una población paupérrima y muerta de hambre tiene escaso incentivo en su diario bregar sino para subsistir, y mínima inclinación a luchar contra un gobierno déspota y omnipotente, cuya amenaza de brutal castigo intimida
constantemente al ciudadano indefenso.
Tomemos nota: si EE.UU. ha intervenido militar y subversivamente para
derrocar a peligrosos regímenes por el mundo entero, ¿por qué no lo hace contra uno
tan cercano y antagónico? ¿Hasta cuándo vamos a arrodillarnos ante estos matones
internacionales ubicados a nuestras puertas? No se olvide que, créase o no, el castrismo
fue cómplice en el asesinato de John Kennedy, hecho encubierto oficialmente
por ignominiosas razones que algún día todos sabremos.
Pero hay más: la tiranía envía múltiples espías y agentes para subvertir y
debilitar a EE.UU. y a nuestros vecinos, ¡con total impunidad! ¿Acaso no sabemos que
ha despachado y fomentado guerrillas por todo el continente? ¿Y qué de la campaña de
secuestro de aviones (en los sesenta), el contrabando de drogas en enormes cantidades
(40 años), el flagrante patrocinio de robos violentos (viene a la memoria el de Brink’s),
en tanto que les da cómodo refugio a malhechores perseguidos en EE.UU. por asesinato
y otras fechorías? En resumen, es puerto seguro para criminales
norteamericanos, quienes saben que en Cuba no sólo disfrutan de libertad, sino que
permanecen impunes y hasta reciben trato especial.
Amigos, está en peligro la supervivencia nuestra —digo “nuestra” porque
formamos fuerte proporción del país, ¡somos el segundo país hispano mundial! Es hora
de acabar con este virulenta e hitleriana tiranía obcecada con destruirnos —somos su
primordial objetivo, nada menos—. ¡La satrapía lleva 62 años subyugando a nuestros
hermanos de América Central y del Sur!
A más demora, mayor peligro.
¡Despierta, América!
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