Desde la raíz

EDITORIAL

En forma de heroína o fármacos, los opioides se han convertido en una devastadora epidemia que se ha apoderado de la Ciudad de Nueva York y las autoridades no toman medidas apropiadas para cortar el mal de raíz.

Actualmente todos los condados de la ciudad tienen los mayores índices de adictos y muertos por esta epidemia y la responsabilidad recae directamente en la legislatura local, en el Concejo, así como a nivel Estatal con asambleístas y senadores en Albany, pero la iniciativa debería tomarla el alcalde, que parece usar el problema para alimentar el populismo.

La presencia de las bandas criminales internacionales en Nueva York, hace asumir como lógica las estadísticas que indican que, entre los condados del Estado, el de Suffolk haya sido uno con el mayor número de muertes por sobredosis relacionadas con heroína, así como también fue líder en sobredosis, donde los opiáceos prescritos fueron un factor de muerte. Sí, el alcalde ni el consejo no tienen jurisdicción en esa zona, pero la permisividad creciente y el apoyo e incluso protección a los criminales, que se disfrazan en compasión y respeto a las minorías, permite que estas bandas criminales funcionen y se muevan entre condados de toda el área.

En términos generales las drogas ilegales, principalmente la heroína, es el opioide ilegal más cotizado y la de mejor calidad proviene de Latinoamérica. En Estados Unidos su consumo ha aumentado a nivel general, entre hombres y mujeres, de todas las edades posibles y todos los niveles económicos, mientras los criminales intentan legalizar la marihuana para consumo recreacional. ¿Qué recreación conduce a la adicción, que destruye el cerebro y salud mental de quien la realiza?

El Alcalde de Nueva York se jacta de que “Estamos empezando a ver un progreso en nuestra lucha contra la crisis de opiáceos, pero no queremos parar hasta que todos los neoyorquinos estén libres de la adicción” y con la asignación de nueve millones de dólares, que van para alimentar a los trabajadores de primeros auxilios, futuros votantes, e iniciar campañas publicitarias que mantienen de su parte a los medios, que reciben dinero por publicidad, los ciudadanos no tienen ningún beneficio real en la lucha contra esta epidemia.

El aumento de botiquines médicos para tratar las sobredosis y apoyar a los grupos de barrio que alientan a los afectados para que se traten, tampoco es una solución a largo plazo, son solo paños calientes para una enfermedad crónica que se debe cortar desde la raíz. El aumento del uso de medicamentos como la Naloxona para salvar a los adictos de la muerte por sobredosis beneficia a las farmacéuticas que la producen. Así lo prueba el anuncio de la Administración de Blasio de que se entregaron fondos adicionales de más de $ 750,000 para distribuir kits de Naloxona, sin costo para los programas de prevención pero pagados con el dinero de los contribuyentes.

El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas parte de los Institutos Nacionales de Salud, ha identificado varios factores que han contribuido a la masiva prescripción nacional de opioides, que es la que han generado esta epidemia y entre ellos se identifica claramente el drástico aumento del número de prescripciones escritas por los doctores, así como la mayor y creciente aceptación social del uso de medicamentos con diferentes propósitos, además de la comercialización agresiva por las compañías farmacéuticas, gracias a una legislación que permite que todo esto ocurra.

El problema de la adicción, sobredosis y muerte por el uso de opioides es un problema grave con consecuencias devastadoras a nivel social, familiar, financiero, de seguridad y está deteriorando gravemente el presente y el futuro de generaciones que crecen pensando que el abuso de drogas es algo normal, mientras la televisión y los medios promueven a personajes de narcos como si fueran super héroes, con gran promoción de narco-novelas y series, sin que exista censura a nivel legal, ni a nivel social.

El abuso de opioides es tan grave que llega a afectar incluso a los no nacidos, mientras las mujeres que abusan de estas substancias, legales o ilegales, mientras están embarazadas, provocan la adicción de los hijos que llevan en su vientre, quienes sufren desde antes de nacer y al hacerlo presentan síntomas de abstinencia, conocidos como síndrome de abstinencia neonatal.

Existen varias alternativas, entre ellas el uso de medicina natural, de recetas caseras, de prevención de enfermedades, mediante una alimentación saludable, con mayor control de la fuente de la cual provienen los alimentos, con mayores inspecciones sobre la forma como se cultivan, así como la forma como se alimenta, trata, mantiene y sacrifican los animales que se convierten en alimento. Se requieren leyes que regulen y protejan la transparencia de la industria alimenticia en general, así como leyes para establecer y garantizar la supervisión y vigilancia del trabajo de los médicos y profesionales de la salud, que tienen en sus manos la vida de los pacientes y que son quienes prescriben los opioides.

La primera trinchera de lucha contra estos males es sin duda el hogar, en donde se establecen los valores, las prácticas y costumbres de respeto a la naturaleza, al cuerpo humano, a la vida, al próximo, a los animales, lo que conlleva a desarrollar un estilo que reduce y evita lo sintético, lo químico, lo artificial y da preferencia a todo lo natural, saludable y sin procesar.

El mal se combate desde su raíz, podar las hojas del árbol es pura demagogia.

Nueva York lucha contra la epidemia de opioides

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