
Por Rafael Loaiza Bigott
Al llegar a España me extrañó muchísimo el hecho de que los españoles se quejan demasiado sobre su situación económica y política. Yo que provengo de un país del tercer mundo o en vía franca de retroceso, a veces creo que sólo nosotros tenemos el derecho de quejarnos de nuestra situación y de nuestros políticos. En España se vive muy bien, la comida es genial, el clima es fantástico y la gente también. Sin embargo, después de cinco años viviendo aquí, siento que la quejadera se contagia.
Entiendo perfectamente que los españoles están cansados de esta nueva “reestructuración económica”. Los ricos se hicieron más ricos, gran parte de su presunta clase media se convirtió en pobre y los pobres se hicieron más pobres. Es entendible que hay un grupo de personas molestas con un sistema donde el Estado tiene una voracidad fiscal implacable. Donde los agentes de la autoridad parecen meros recaudadores de la administracion tributaria. España lamentablemente es el país menos competitivo para los emprendedores frente a todos los países miembros de la Unión Europea. Aquí es imposible montar un negocio sin que vengan todos los cobradores de todas las diferentes ramas y subdivisiones del poder público. Mientras tanto, los políticos con su arrogancia no pueden llegar a un acuerdo y aquí seguimos sin presidente. Ahora están en una competencia para demostrar que los adversarios siempre son más corruptos.
En el sector privado también hay muchísimo material para molestarse. Para registrarte en cualquier servicio (o darte de ALTA) sólo hace falta una media firma y los números de tu cuenta bancaria. Sin embargo, para darte de BAJA de cualquier servicio te exigen una cantidad de documentos que no tienen ningún sentido y que no tienen ninguna justificación de existencia alguna. Los bancos, aseguradoras, empresas telefónicas y hasta los concesionarios de vehículos cobran comisiones absurdas que sólo existen en España. Y si te molesta y te vas a la competencia, finalmente la competencia te cobrará algo absurdo pero con un concepto distinto. Parece que los españoles son una víctima de su administración pública y de las corporaciones que lo producen todo.
La semana pasada tuve que viajar a Venezuela por un conjunto de problemas que se me presentaron. En resumen, tuve que llevarle medicinas a diferentes familiares. Al llegar al aeropuerto, comenzó la anarquía. Fotos de Chavez y Nicolás Maduro por todos lados. Colas por todos lados, en las panaderías, en los supermercados y en las farmacias. En la autopista vi a un Policía Nacional motorizado regresando de la playa con su esposa e hija en la moto mientras él bebía una botella de cerveza; mientras conducía la motocicleta!
Después de llegar a Caracas tuve que ir a una farmacia Locatel para alquilar una cama clínica. El servicio de la joven que trabajaba ahí fue bastante grosero y pedante. No nos quería atender porque habíamos llegado 10 minutos antes de la hora del cierre. Mi acompañañte me dijo que la gente en Venezuela está de muy mal humor debido a la delincuencia, el racionamiento y la escasez. El precio del alquiler de una cama clínica es superior al de cualquier pensión venezolana y superior al sueldo mínimo venezolano. Gracias al comunismo, ya muchos venezolanos ni siquiera pueden alquilar una cama para morirse en paz.
Al finalizar mi visita me regresé a España. Al llegar a la casa veo que tengo un montón de correo por abrir, probablemente facturas por pagar y multas de Tráfico. Enciendo el televisor y veo que hay otro debate político, España sigue sin presidente y los moderadores se quejan. Pablo Iglesias le echa la culpa al Partido Popular. Rajoy le echa la culpa al PSOE. Sanchez le echa la culpa a Podemos y Albert Riviera dice que la culpa es de todos. Yo sigo pensando en la cama clínica eléctrica. Ahora entiendo porque Chavez decía que iba a acabar con los pobres. Ahora tienen más derecho a morir en Venezuela.
En Marbella, en el mes de mayo del 2016


























