DEPRESIÓN:
EPIDEMIA DEL SIGLO XXI

Sensación de malestar persistente, insatisfacción, conductas exageradas, tristeza duradera, sentimientos de soledad, conflictos de pareja, desorientación vital, sensación de vacío, son algunas señales que nos indican que puede sernos útil la ayuda y el acompañamiento de un profesional de la salud mental.

La depresión es una de las enfermedades con mayor incidencia en nuestros días. Se dice que empieza como una herida del alma y acaba en cáncer del espíritu. Ya en el siglo IV antes de Cristo, el llamado padre de la Medicina, el griego Hipócrates, la describió con el nombre de "melancolía". Los hipocráticos afirmaban que "si el miedo o la tristeza duran mucho, tal estado es propio de la melancolía".
Durante la Edad Media se entendía la depresión como un vicio o alteración del alma denominado "acidia". Siglos más tarde, en el XIX, aparece como expresión psiquiátrica y entidad clínica, junto a una concepción poética expresada por multitud de autores como Goethe, quien dice: "conviene al genio de la poesía el elemento de la melancolía".
En 1956, se descubrió que un tipo de medicación utilizada para tratar la tuberculosis tenía efectos secundarios euforizantes. Los médicos pensaron que podría utilizarse para tratar la depresión, que entonces se consideraba un trastorno mental. Hoy, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que uno de los mayores riesgos de esta enfermedad es el suicidio.
Segun datos de la OMS, afecta a cerca de 340 millones de personas en todo el mundo.
Más frecuente en la mujer que en el hombre, la depresieon se calcula que se convertira en el año 2020 en la segunda causa de discapacidad. Esta misma organización afirma que la proporción de mujeres que tienen problemas de depresión grave es 3,5 veces mayor que en los hombres y hasta 4,8 veces superior en el caso de depresión crónica.

LA PERSONA DEPRESIVA
La depresión adquiere significado cuando los acontecimientos o circunstancias de la vida parecen volver la espalda. Esta enfermedad se puede dar con cierta frecuencia en la adolescencia, debida a los cambios físicos y hormonales que tienen lugar en esta etapa del desarrollo. Ya en la edad adulta, aparece por lo general en edades comprendidas entre los 30 y los 50 años.
Los niños que se han criado en un ambiente carente de armonía son a veces víctimas de la depresión. Los niños y adolescentes depresivos no suelen manifestar tristeza, sino irritabilidad y agresividad.
También es una enfermedad frecuente en las personas que por su trabajo se ven obligados a viajar con frecuencia o a permanecer a menudo alejadas de sus familias y amigos.
Separados y divorciados, solteros con problemas para sobrellevar la soledad o mujeres que se sientes afectadas por haber perdido su independencia, son, entre otros y según los especialistas, los grupos más frecuentemente afectados por la depresión.
Algunos estudios sostienen que la mujer es más vulnerable a las depresiones porque en ella se configuran tres clases de factores determinantes de esta enfermedad: bioleogicos, psicológicos (por su personalidad más afectiva que el varón) y sociales, por su posición en la sociedad, que en general es más desagradable que la del hombre.
Diversos estudios reflejan que las amas de casa son uno de los grupos más afectados por los síntomas depresivos, seguido de agricultores y obreros. Se estima además que el cinco por ciento de la poblacieon adulta de más de 65 años también la sufre.
Alrededor de 20 de cada cien personas mayores de 65 años tienen síntomas aislados tales como abatimiento, desmoralización o dificultades para dormir que, aunque no permiten hablar de depresión como enfermedad, están relacionados con ella.
UNA ENFERMEDAD DIFÍCIL DE DETECTAR
Las dos grandes "familias" son las depresiones con causa biológica (psicósis endógenas) y psíquica (neurosis debidas a un choque personal con las sociedad). Aunque es frecuente que la frontera entre ambas se diluya y lo biológico se transforme en psíquico o viceversa.
Algunos síntomas más frecuentes de la depresión son: pérdidas momentáneas de memoria; disminución o aumento del apetito; incapacidad para concentrarse y tomar decisiones; inseguridad; sentimiento de culpabilidad; aislamiento; cansancio; somnolencia. En los casos más graves se aprecian episiodios de odio a sí mismo y comportamiento irracional que puede tornarse violento.
UNA CUESTIÓN DE CULTURAS
Otros investigadores creen que aspectos culturales también pueden influir en los síntomas depresivos. Por ejemplo, los intentos suicidas en países de Europa muy desarrollados, como Suecia, son más elevados que en los países del sur, como España.
La depresión conlleva problemas físicos, como pesadez en las piernas, boca pastosa, dolores de cabeza, llantos injustificados e insomnio. El origen de esta enfermedad puede ser muy variado, desde estres acumulado a una experiencia desdichada.
La soledad y la inactividad son factores depresivos importantes, que conducen al alcoholismo y a la drogadicción con bastante frecuencia. Factores como las agresiones fisiopatológicas (agotamientos, estados carenciales...) y las psicosociales (pérdida de un ser querido, jubilación, paro...) actúan junto con factores genéticos, provocando cambios bioquímicos en el sistema nervioso central.
REDUCIR LA ANSIEDAD
Aunque no existe un tratamiento preventivo para esta enfermedad, existen reglas básicas que contribuyen a reducir su posible presencia: dormir las horas suficientes, disfrutar de un ambiente familiar armónico, combatir el estres mediante deportes y aficiones, seguir una alimentación equilibrada, no beber en exceso, y, en general, disfrutar de una vida sana.
Los fármacos antidepresivos y la terapia verbal desempeñan un papel básico en el tratamiento de la depresión, así como la comunicación, ya que el aislamiento es un síntoma depresivo importante.
Cualquier trastorno físico produce una reacción mental, al igual que un desequilibrio hormonal puede causar depresión. Las glándulas del sistema endocrino producen sustancias químicas, que al ser alteradas debido a la tensión constante, pueden provocar depresión.
La alteración de la tiroides también induce a la depresión. Dicha glándula con forma de H está situada en la tráquea. Una deficiencia de la tiroides crea en el individuo un sentimiento general de cansancio y de falta de energía que en ocasiones puede desembocar en esta enfermedad.
CÓMO DETECTAR
La depresión es una enfermedad mental, y como tal es muy importante localizar el problema para poder tomar una solución lo antes posible. El estrés en el trabajo, los problemas familiares o simplemente una tendencia crónica a padecerla pueden ser las causas del estado de decaimiento. Saber si se padece de depresión va más allá de no querer salir de casa.
Quizá tu pareja arrastra los pies más de lo normal. Últimamente puede que le apetezca quedarse en la cama todo el día y ya no se cuida como antes y sale con la ropa arrugada y sucia a la calle. Si ocurre esto presta atencion, ya que pueden ser indicios de una depresión.
Para detectarlo, lo primero en lo que hay que fijarse es si la persona ha sufrido un cambio de actitud brusco. Ya no es el que era...en esos momentos no vale quejarse, es sólo una alarma, como si fuera una señal de auxilio que se estuviera gritando.
Pero hay que saber diferenciar un estado de tristeza temporal, que es normal en cualquier persona, a un período que se alarga en meses e incluso años.

MAYOR ENTRE LAS MUJERES
Desajustes en el sistema hormonal y en los neurotransmisores, son algunas posibles causas de su mayor incidencia en las mujeres.
Recientes investigaciones de acreditados neurólogos coinciden en que la mayor incidencia de la depresión en las mujeres podría deberse a su influencia en el sistema hormonal femenino y, sobre todo, su relación con los llamados neurotransmisores.
Son unas sustancias químicas que actúan como mensajeros entre las neuronas cerebrales, y de cuyo equilibrio depende el estado anímico. El cerebro despliega una multitud de estas sustancias a fin de llevar a cabo sus tareas cognitivas. Bajos sus influjos nos sentimos felices, serenos, atentos, relajados, dinámicos, motivados, tristes, abatidos o deprimidos.
En momentos cruciales, de este flujo depende la reacción del ser humano ante una circunstancia vital, y afrontarla con dolor, viveza, fortaleza, decaimiento, angustia, ansiedad, estrés y, en definitiva, depresión.
Ha sido en la última década del siglo XX, cuando la Neurología ha dado un gran avance y se han descubierto gran cantidad de neurotransmisores, aminoácidos, neuromoduladores, péptidos y hormonas que participan activamente en las zonas del cerebro y desempeñan un papel básico en la ansiedad o el placer.
HORMONAS Y NEUROTRANSMISORES
Su relación con el sistema hormonal femenino es, según los expertos, una de las causas de que la depresión sea más numerosa en las mujeres. Incluso, investigadores franceses de la Universidad de la Sorbona publicaron un estudio sobre la influencia de la opiorfina, una sustancia de la saliva humana, seis veces más potente en el hombre, y que actúa como una especie de analgésico natural, lo que llevaría a fabricar un tipo de neurotransmisores producidos por el propio organismo para mitigar el dolor.
Ello provoca que, en este gran laboratorio que es el cuerpo humano, el hombre estaría en predisposición de combatir mejor los estados de angustia y ansiedad, mientras que las mujeres serían más propensas a los estados depresivos.
Así, en muchas enfermedades mentales fallan las neuronas que producen dopamina, mientras que, por ejemplo, en el caso del Alzheimer, hay un déficit de producción de acetilcolina. En ese espacio vacío entre las neuronas y su relación con las sustancias químicas del organismo se encierran los secretos que explican procesos como los estados de ánimo la capacidad de aprendizaje o memoria.

LOS HOMBRES TAMBIÉN
Aunque la depresión ha sido tradicionalmente una dolencia que afecta más a las mujeres debido a factores hormonales y a la presión social que soportan, cada vez crece más la cantidad de hombres que sufre este trastorno que consiste en sentirse triste, melancólico, infeliz, abatido o derrumbado de modo persistente.
Este trastorno no sólo es cada vez más frecuente entre la población en general, sino que además está aumentando específicamente entre los varones. Hay que recordar que la depresión afecta a la población femenina el doble que a la masculina, y que una de cada cinco mujeres tiene riesgo de sufrir un episodio depresivo a lo largo de su vida.
Mientras que las mujeres padecen más depresiones leves o moderadas y de forma más frecuente, en los hombres prevalecen las depresiones de tipo grave o melancólico. Incluso hace poco se confirmado que los hombres también padecen su propia depresión post-parto cuando son padres.
Una explicación podría ser que los hombres luchan cada vez más para asumir lo que se describen como el abandono de los tradicionales roles masculinos y femeninos en la sociedad.
Los roles masculinos tradicionales, como el trabajo en las fábricas o aquel que requiere un esfuerzo físico, se estean perdiendo, ya sea a través de la introducción de nuevas tecnologeia o del traslado de las industrial fuera de Occidente. Además aumentará al cantidad de hogares en los que la mujer serán la principal proveedora del sustento.
Las transformaciones económicas y sociales erosionan las fuentes de la autoestima masculina, y el no poder cumplir con el papel de sostén de la familia se asocia con una mayor depresión en los hombres y conflictos de la pareja.
Para el hombre el trabajo es un punto importante de socialización y, cuando se queda sin éste, corre más riesgo de caer en el aislamiento y la depresión.

ALTA INCIDENCIA DE SUICIDIOS ENTRE JÓVENES LATINAS
Las adolescentes latinas de Estados Unidos piensan o desarrollan conductas suicidas en doble proporción que las anglo o afroamericanas.
El 46 por ciento de las hispanas en escuela superior expresan sentimientos de tristeza y desesperanza, y una de cada cuatro consideró seriamente el suicidio.
Las adolescentes latinas cuyos padres son inmigrantes afrontan una aguda presión social y el estrés de la aculturación es citado frecuentemente como causa de suicidio entre grupos inmigrantes.
El conflicto entre la cultura de sus padres y la "nueva cultura" hace difícil que las jóvenes hablen de sus frustraciones o discutan sus problemas, dejándoles pocas alternativas para desahogarse, algo que aumenta los riesgos de depresión y conducta suicida.
FACTORES SOCIALES Y ECONÓMICOS
Factores sociales y económicos, el analfabetismo, la crianza en hogares con valores tradicionales en los países de origen, problemas en la escuela y el acceso a servicios son otras circunstancias que, junto a la aculturación, inciden en las tasas de suicidio de los hispanos.
Es fundamental que el tratamiento psicológico a los jóvenes latinos en las clínicas se produzcan en su propio entorno cultural.
REMEDIOS NATURALES
El ejercicio es fuente de salud física, pero también psíquica. Por ello es importante mantenerse en movimiento, hacer ejercicio y caminar lo más posible.
Cuando estamos bajos de ánimo es cuando más necesitamos mantenernos activos y, precisamente, cuando menos nos apetece. Haz un esfuerzo y plantéate otras alternativas de ejercicio.
Quizea sea el momento de cambiar tu tabla habitual de gimnasia por otra nueva, una que te exija más concentración y te lleve a fijar otros objetivos.
La natación, el deporte por excelencia, tiene entre sus muchas virtudes un gran efecto calmante. En lo posible, trata de practicar en estas épocas de desánimo ejercicios al aire libre. Haz bicicleta, patines, corre o simplemente pasea, pero procura no quedarte mucho tiempo en casa.
El baile y los deportes en grupo son dos remedios excelentes para levantar el ánimo y obligarte a salir del aislamiento.

RELAJACIÓN Y MEDITACIÓN
El yoga y el tai-chi son ejemplos de prácticas milenarias cuyo objetivo es reforzar los lazos de comunicación entre la mente y el cuerpo.
Los movimientos lentos del tai-chi y las posturas o asanas del yoga crean en nuestro cuerpo y mente corrientes de energía. Estos ejercicios ayudan no sólo a corregir malas posturas y a mejorar nuestra salud, sino que también tienen un gran poder para mitigar la ansiedad y despertar el optimismo.
La meditación es otra práctica milenaria y universal para ponernos en contactos con nuestro yo interior. Todas las religiones y culturas establecen momentos de recogimiento y diálogo interno para curar los males del alma y el cuerpo.
Meditar no es tan fácil como parece, pero, como en todo, la práctica ayuda. No hace falta arrodillarse o sentarse en la postura del loto para meditar. Basta con ponerse cómodo, buscar un lugar que invite al recogimiento y dedicar unos pocos minutos para dejar la mente en blanco. Intenta olvidar las mil y una obligaciones y preocupaciones con que recargamos nuestros días. Verás que cada día que pasa, meditar es más sencillo y lo haces durante más tiempo.
ALIMENTOS QUE AYUDAN
Los alimentos con alto contenido de omega-3 y vitamina B actúan como fuentes de alegría.
Las investigaciones médicas señalan que personas con desórdenes mentales de todo tipo, experimentaron una notable mejoría cuando se les suministró suplementos de omega-3, un ácido graso esencial que no puede ser sintetizado por nuestro organismo y que se encuentra en especial en los pescados azules y en las nueces.
El grupo de vitaminas B son imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Están presentes en alimentos como cereales, legumbres, huevos, carnes y vegetales verdes. La carencia de estas vitaminas en el organismo provoca, entre otros, cansancio y desánimo.
Una dieta equilibrada aporta todos los nutrientes que necesitamos, pero en épocas de decaimiento conviene seleccionar más nuestros alimentos y evitar excitantes como el café, el té, el alcohol y las especias.
La alimentación equilibrada es buena también para prevenir las enfermedades y dolencias que aparecen cuando andamos bajos de ánimo. Nos sentimos con el alma enferma y además se enferma el cuerpo. Ello se debe a que el sistema inmunológico funciona con muchas deficiencias y parece que todos los virus y dolencias se confabulan para atacarnos. Una buena alimentación es una forma de reforzar las defensas.
OTROS REMEDIOS
La acupuntura es una de las milenarias prácticas orientales que pueden ayudar a mejorar la salud del cuerpo y a equilibrar nuestra mente. También los masajes tienen efectos relajantes y beneficiosos para restablecer la paz mental.
Dormir bien y las horas suficientes es imprescindible para recuperar la alegría. Hay muchas formas de combatir el insomnio, y conviene recurrir a ellas para recuperar con el sueño las energías y las ganas de vivir.
Viste colores alegres, cambia los muebles de sitio, y date algún capricho. Son fórmulas que suelen funcionar cuando no tenemos ganas de nada.
El chocolate, a la larga, actúa como un depresivo, pero de vez en cuando, y sin pasarse, ayuda a recobrar la alegría.
Familia, amigos, vecinos, e incluso mascotas son siempre los mejores apoyos para ayudarnos a superar esas malas rachas que nos asaltan en el momento menos pensado y que nos dejan, literalmente, fuera de combate.
ALIADOS INADVERTIDOS
Trasnochar con frecuencia, alimentarse de forma desequilibrada o comer ciertos alimentos en exceso favorecen los estados depresivos. Si se corrigen estos factores que afectan sutilmente el ánimo, se reduce el riesgo de sufrir la 'tristeza crónica'.
Para no deprimirse o al menos reducir el riesgo de caer en un estado depresivo, conviene dormir y comer bien.
Ahora, los científicos han descubierto que si una persona duerme lo suficiente y se alimenta de manera más equilibrada, puede reducir el riesgo de deprimirse. Para ser más eficaces, estos hábitos que coinciden con lo que recomiendan los médicos para preservar la buena salud, deben cultivarse desde la juventud.
ALIMENTOS DEPRIMENTES
Un estudio de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, indica que los adolescentes cuyos padres insisten en que se acuesten a las diez de la noche, o incluso antes, son menos propensos a tener depresión que aquellos a los que se les permite irse a dormir a la medianoche o más tarde.
Los jóvenes que duermen cinco horas por noche o menos, son un 71 por ciento más propensos a estar deprimidos que aquellos que descansan al menos ocho horas cada noche.
Los lapsos breves de sueño y la depresión han sido vinculados en adolescentes y adultos, y esa relación podría ser bidireccional, ya que dormir mal aumenta el riesgo de depresión y padecer depresión entorpece el sueño.
Las personas que comen más alimentos procesados y menos frutas y verduras tienen hasta un 58 por ciento mayor riesgo de sufrir trastornos depresivos.
Quienes consumen más productos fritos, dulces, carnes y otros productos ricos en grasas y calorías tienen más posibilidades de deprimirse.
En cambio, las frutas, verduras, hortalizas y el pescado parecen proteger a quienes los toman habitualmente de sufrir una depresión.
Por otra parte, investigadores han descubierto que quienes comen demasiado chocolate tienden a mostrarse más apesadumbrados que quienes lo ingieren esporádicamente.

CONSEJOS PARA AYUDAR A UN DEPRIMIDO
Darle comprensión, apoyo y afecto, ponerse en su lugar, tener paciencia y tolerancia y contribuir a que acuda a un profesional, beneficia a la persona con depresión. Insistirle para que salga, se divierta y olvide su problema, puede agravar la situación.
Intentar que un allegado salga de una depresión animándole a salir, divertirse y olvidarse de sus problemas puede ser contraproducente para la evolución de su trastorno.
Mantener esta actitud ante una persona deprimida puede inducirle a pensar que, si no tiene ganas de salir, es porque es un vago, un inútil y no quiere curarse.
Una de las creencias más arraigadas en la sociedad es la idea de que la depresión es una enfermedad que depende sólo de la voluntad de uno.
LO QUE NUNCA HAY QUE HACER
Pedir a una persona deprimida que supere su trastorno a base de fuerza de voluntad es lo mismo que le decir a alguien que le faltan las dos piernas que camine. El planteamiento de intentar caminar sin muletas (sin ayuda) va a incrementar su sensación de culpa y de incapacidad.
Los familiares y allegados de la persona con depresión han de tener en cuenta que es una enfermedad que afecta a las funciones psíquicas, a la motivación, a la voluntad y a los sentimientos, en la que todo se impregna de pesimismo, de una visión negra.
La persona afectada piensa que es una inútil y lo va a ser para siempre, ve siempre meas aspectos negativos que positivos en su vida y cree que no tiene futuro porque muchas veces desconoce las características básicas de la enfermedad que explican muchos de esos sentimientos.
Otro factor importante en la familia es lograr una buena comunicación, algo que resulta difícil, pues justamente la comunicación es inexistente en quien sufre esta enfermedad.
APOYO EMOCIONAL Y TERAPÁUTICO
Lo más importante que la familia y los amigos pueden hacer por la persona con depresión es ayudarla a obtener tratamiento, y alentarla a que lo continúe, acompañándola al médico e incluso controlando que tome los medicamentos.
Otras formas importantes de ayudar al depresivo consisten en ofrecerle apoyo emocional, comprensión, paciencia, afecto y aliento, en escucharle siempre y en no ignorar nunca los comentarios sobre suicidio, los cuales deben ser informados al médico inmediatamente.
Si quienes rodean al deprimido toman conciencia, entienden y aceptan que la depresión puede ser más debilitante que un padecimiento físico y que quienes lidian con ella necesitan la misma preocupación amorosa y cuidados que aquellos que padecen una enfermedad física, entonces aumentan sus posibilidades de recuperación.
Ser pacientes con el deprimido, ya que puede llevarle mucho tiempo aceptar su propia enfermedad, alentarle a buscar los servicios de un profesional, recordándole que la depresión es muy común y tratable, y permanecer en contacto por vía telefónica, electrónica o en persona, para que se sienta valioso, querido y acompañado, son otras ayuda sanadoras.


























