EDITORIAL
Las más de 60,000 personas que laboran como trabajadores independientes de entrega de alimentos en la ciudad de Nueva York a través de aplicaciones como GrubHub y Ubereats o DoorDash. Un gran porcentaje de esta fuerza laboral son inmigrantes latinos, también conocidos como “deliveristas”.
Su importancia para el funcionamiento de la vida cotidiana de millones de residentes de la ciudad es esencial. Sin embargo, se encuentran entre los sectores más explotados de la clase trabajadora en Nueva York.
Aunque fueron declarados trabajadores esenciales durante la pandemia que azotó el mundo, no tienen un salario mínimo o seguro médico que les permitan sustentarse, quienes, además, son en gran proporción blanco de crímenes.
Los deliveristas trabajan en todo momento del día y de la noche y en todo tipo de clima, viajan principalmente en bicicletas eléctricas o motos a través de condiciones de tráfico peligrosas en esta que es una de las ciudades más congestionadas del mundo.
Aun sorteando todo tipo de adversidades, los deliveristas sufren un pago miserable, no reciben beneficios, carecen de seguridad laboral y trabajan horas irregulares, por ello se les ve constantemente protestando por mejores condiciones laborales, una de ellas: un salario mínimo.
El trabajo de entrega basado en aplicaciones es, además, uno de los sectores de más rápido crecimiento de la economía de la ciudad, pero, también, uno de los trabajos más letales en la ciudad de Nueva York, ya que los repartidores pasan más de 10 horas al día recorriendo las calles de la ciudad de Nueva York.
Los repartidores son noticia a diario por diferentes razones, ya que muchos son víctimas de muertes, quedan discapacitados, heridos o enfermos mientras cumplen los pedidos de las compañías para las que laboran bajo expectativas poco realistas y peligrosas para llegar al lugar asignado bajo cualquier condición.
Su lucha es reconocida por muchos como una lucha justa, pues, la mayoría deben trabajar largas horas para obtener una mera subsistencia en una de las ciudades más caras del mundo, donde la carestía de la vida cada vez aumenta gradualmente, convirtiéndose en una amenaza y una preocupación constante para ciudadanos de bajos recursos.
Además de esto, como mencionamos anteriormente, los trabajadores de entrega a veces se someten a violencia y robo, incluidos su principal herramienta de trabajo.
Las compañías para las que laboran no proporcionan los medios que utilizan para cada entrega, ni pagan por mantenimiento o reemplazo si son robados.
Por otro lado, es casi seguro que, en caso de que se diera un aumento sustancial en el salario de estos trabajadores, las compañías de entrega buscarán métodos alternos para exprimir aún más ganancias de la fuerza laboral.
Como resultado, estas compañías lucharán ferozmente contra cualquier esfuerzo que se haga para compensar sus ganancias en caso de que se estableciera un salario mínimo en la ciudad para estos trabajadores. Lo que representa para los deliveristas un riesgo latente, por lo tanto, es un tema que tampoco puede pasar desapercibido.
Este tipo de empresas en su mayoría anteponen las ganancias a las personas durante demasiado tiempo, manteniéndolos en condiciones precarias.
Por lo tanto, es imperativo que la demanda justa de Los Deliveristas Unidos sea escuchada y obtenga una respuesta positiva, ya que es necesario que estos trabajadores reciban una compensación justa por su trabajo.
La ciudad de Nueva York no debe ver a los trabajadores de entrega nada más que como una fuente potencial de dinero, son seres humanos que merecen condiciones dignas, y no deben ser tratados como máquinas, pues la mayoría de ellos tienen familias que esperan su regreso a casa.
Es inhumano y contraproducente cerrar las puertas a este sector creciente de la clase obrera, sobre en un momento que la inflación ha provocado carestía en las familias menos favorecidas y con ingresos bajos.
Por tal razón, es una obligación moral apoyar a estos entregados trabajadores —quienes representan el alma de la economía de nuestra Ciudad— mientras continúan luchando por salarios justos, equitativos y dignos.
Es necesario escuchar a este sector para comprender lo que necesitan para hacer su trabajo y mantener adecuadamente a sus familias.
No se puede hacer menos porque son un pilar esencial que, además, ayudan en el sostenimiento de restaurantes y pequeños negocios que de otro modo tendrían enormes pérdidas en las ventas, ya que durante el año existen condiciones climáticas (calor, frío, nieve) que impiden que las personas salgan de sus hogares.
De los pocos avances que ha tenido la lucha incansable de esta industria es una propuesta hizo el Departamento de Protección al Consumidor y al Trabajador (DCWP) de establecer una tasa de pago mínimo de 23.82 dólares por hora para estos trabajadores esenciales.
La ciudad realizará una audiencia pública donde escuchará comentarios sobre la propuesta de pago mínimo. Esta se llevará a cabo el viernes 16 de diciembre de 2022 a las 11:00 a. m.
Las personas también pueden presentar sus comentarios de opinión en el siguiente enlace: https://rules.cityofnewyork.us/.
De igual manera, puede obtener más información acerca de la Oficina de Normas y Asuntos Laborales del DCWP, el principal recurso de los trabajadores de la ciudad de Nueva York, aquí.
Los repartidores merecen un salario mínimo justo y es imprescindible que los trabajadores, los organizadores y el DCWP lleguen a un acuerdo justo.



























