Debate presidencial: En el reino de las luces, no todo lo que brilla es oro

Trump y Joe Biden
Me horroriza pensar que al igual que el caso de algunos dictadores o gobernantes corruptos en Latinoamérica, la reelección para Donald J. Trump sea solamente un camino para evitar la ruina o la cárcel.

Y lo que brilla, huele mal. Algo huele a podrido en la Casa Blanca. ¿En la Casa Blanca o en los Estados Unidos?

Me horrorizo, no por lo que Donald J. evada impuestos, el sistema favorece a los millonarios y multimillonarios, me horrorizo por lo que ello despierta admiración y deseo de imitarlo.

Me horrorizo, no por lo que Donald J., el arruinado hombre de negocios, viva como príncipe, me horrorizo por lo que a través de la presidencia, se le otorgó el poder de un príncipe.

Me horrorizo, no por que Donald J. sea presidente, me horrorizo por lo que el sistema le despejó el camino para llegar a la presidencia. La ambición de poder, las prebendas que conlleva el poder empañan las elecciones, nublan la mente y ocultan la realidad de millones.

Me horrorizo, no por lo que Donald J., haya pagado $750 dólares de impuestos en cada uno de los dos últimos años: 2016 y 2017, menos que un obrero con un salario mínimo, me horrorizo al pensar en el tiempo que pasó ese obrero llenando su declaración de impuestos, la 1040, dándole vueltas y vueltas para lograr pagar menos, y no tener que sacar comida de su mesa.

Me horrorizo al pensar lo que para ese obrero significa el pagar $750 dólares, el que para pagarlos tenga que endeudarse aún más en sus tarjetas de crédito, en ponerse la soga al cuello pagando intereses de usura para pagar lo que Donald J., el billonario, paga en un año.

Me horroriza pensar cómo el obrero espera con ansiedad un aumento de unos pocos dólares en el límite de crédito de sus tarjetas, mientras al presidente le prestan 450 millones de dólares para evitar su quiebra, pero claro uno es un obrero, el otro el presidente de los Estados Unidos.

Me horroriza el pensar que el IRS gaste su tiempo en investigar a los de bajos ingresos dejando escapar a los privilegiados. Cierto, unos llenan en la soledad de las mesas de cocina sus impuestos y otros llaman a expertos de la evasión para que llenen sus declaraciones.

Me horroriza pensar que sea la imagen del exitoso hombre de negocios la que determine un voto, o que sea la imagen de un hombre malo para los negocios lo que esté en el centro de la discusión del debate de esta noche, y no un sistema que favorece al millonario en desmedro de los de bajos recursos.

Me horroriza el pensar que sea la imagen ante las cámaras la que decida una elección y no las necesidades de Pedro, Juan y María, de los que ganan el salario mínimo, de los que no tienen acceso a un plan médico universal, a una educación gratuita, a un hogar, a que sus hijos no pasen hambre, por lo que hoy, en el reino de las luces, el hambre existe.

Me horroriza pensar que al igual que el caso de algunos dictadores o gobernantes corruptos en Latinoamérica, la reelección para Donald J. Trump sea solamente un camino para evitar la ruina o la cárcel.

Me horroriza pensar que no aprendamos la lección y a los candidatos y sus familiares no se les exija una declaración jurada sobre su patrimonio, que a la salida de sus cargos se les exija otra declaración, y que cuatro años después una tercera, no sea que sigan vendiendo imágenes de televisión.

Me horroriza pensar que nos deslumbremos sin ver la verdadera cara de la moneda, que en el reino de las luces venden baratijas como si fueran oro y que todo siga igual en un sistema elitista, corrupto e injusto.

Hoy se le cayó el copete a Donad J. Trump, esperemos que se le caiga la peluca al sistema.

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