Cuidado con lo que se desea

Cuidado con lo que se desea

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Por Israel Ortega

 

Imagínese por un minuto poder subirse en una máquina de tiempo y regresar al año 1993 e ir a la ciudad de Nueva York, a un mundo donde Internet y los teléfonos celulares todavía no existen.  Además de las obvias diferencias tecnológicas, el Nueva York de hace veinte años era mucho más peligroso, sucio, desordenado y con menos comercio. Ud. se sorprendería al ver cómo mucha gente se planteaba irse de Manhattan, en lugar de mudarse a la Gran Manzana en busca del Sueño Americano.

Como alguien que fue criado en la ciudad, he visto con mis propios ojos la transformación de la ciudad de Nueva York y me duele pensar que se podría regresar a esos años grises cuando la zona de Times Square era un lugar repleto de imágenes poco edificantes y definitivamente no apto para niños o un paseo en familia.

Quizá le suene exagerado, pero la realidad es que si la ciudad de Nueva York está creciendo y generando empleos, es porque la filosofía política imperante defiende la importancia del sector privado y las limitaciones del gobierno a la hora de crear empleos.  Los ediles de estos últimos años han sabido rechazar el populismo y las falsas promesas que éste conlleva para dar la bienvenida a la inversión a las diversas industrias que tienen su sede en la Gran Manzana.

No obstante, parte del cálculo que hace el inversionista o propietario de un negocio tiene que ver con la calidad de vida y la seguridad en la ciudad.  Y a tal se respecto, hasta el observador más imparcial tendría que reconocer el tremendo éxito que ha tenido la ciudad en reducir el nivel de criminalidad. Aún recuerdo mis días de juventud viviendo en Manhattan y el temor de ser asaltado si iba por el sitio equivocado.

Claro que además de las anécdotas y experiencias personales que todos tenemos, las cifras oficiales cuentan la misma historia.  Durante los años de alcaldía con David Dinkins en el cargo (1989-1993), el promedio de homicidios en la ciudad se acercaba a casi 2,000 cada año.

Para disminuir el número de homicidios, la Policía y la Procuraduría local empezó anunciando la tolerancia cero en el cumplimento de la ley y así todo neoyorquino sabría que el crimen, de cualquier índole, no quedaría sin castigo.  Esto es conocido como la teoría de la ventana rota o la idea que se enjuicia el incumplimiento de todas las leyes – incluyendo las más mínimas, como es el caso de romper una ventana con una piedra.

A partir de ese concepto llegó la idea de “Parar y Registrar”, la conocida en inglés como Stop and Frisk que ha jugado un papel importante en la dismunición del crimen. Afortunadamente para el criminal, varios intereses en el bando progresista ayudaron a convencer a una juez federal para que declara inconstitucional este procedimiento llevado a cabo por los policías locales.

¿El resultado desde el dictamen?   El número de heridos por arma de fuego ha subido un nueve por ciento, durante el mismo periodo según los más recientes informes.

El neoyorquino de hoy debería reconocer que la ciudad ha mejorado debido a que se han tomado pasos concretos y específicos en la seguridad ciudadana y para crear empleos a través de más comercio y competencia. Y también debería saber valorar el esfuerzo de los policías locales para asegurar que el residente o el turista pueda disfrutar del esplendor de la Gran Manzana.

En particular, nosotros que somos inmigrantes deberíamos saber discernir y saber que el populismo, tan utilizado en nuestros países latinoamericanos, no debería tener lugar aquí. Si nos mudamos a este país, es porque Estados Unidos no se castiga sino que se valora al emprendedor y al comerciante. Este planteamiento es el que ha creado la economía más grande del mundo y que atrae a los que dejan todo para emigrar a este país. Porque emigramos para superarnos; por eso que dejamos a nuestros países natales, ¿o no?

Y parte de la larga historia de Nueva York habla de ella como la ciudad del eterno soñador inmigrante que llegó buscando su Sueño Americano.

Si pudiéramos subirnos a la máquina de tiempo pero ir hacia el futuro, al año 2033, sería magnífico descubrir que la ciudad de Nueva York sigue siendo una ciudad de éxito, segura y próspera.

Israel Ortega es editor de Libertad.org – la página en español de la Fundación Heritage, centro de estudios e investigación con sede en la ciudad de Washington, D.C.  Lo puede seguir en Twitter: @IzzyOrtega

 

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