Cuatro presidentes estadounidenses contra el “problema Irak”

Por Karina Borodnikoff

“Sus horrendos actos solo nos unen como país y hacen más enérgica nuestra determinación de llevar la lucha contra estos terroristas. Y quienes cometen el error de causar daño a los estadounidenses aprenderán que no olvidaremos y que nuestro alcance es largo y se hará justicia”. Así habló el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, luego de las decapitaciones y ordenó la operación militar contra el EI (Estado Islámico).

Entonces, se lanzó el primer ataque aéreo cerca de Bagdad y en el norte de Irak, más precisamente en las montañas de Sinjar (al oeste de Mosul).

La ofensiva militar estadounidense, que se extiende a Siria, pretende también dar apoyo a las fuerzas kurdas e iraquíes que se encuentran en aquel territorio batallando contra los extremistas islámicos.

Nadie le escapa al “problema Irak”

El ex presidente George Herbert Walker Bush, padre del último presidente republicano de los Estados Unidos, estuvo a cargo del país en el período 1989-1993. Su estrategia contra Irak fue la llamada “Operación Tormenta del Desierto”, con la intención de forzar la retirada iraquí de Kuwait. El 13 de febrero de 1991, aviones cazas estadounidenses bombardearon un refugio antiaéreo en Bagdad. Hubo 300 muertos. Trece días más tarde Kuwait es liberada e Irak acepta el alto al fuego.

En junio del 1993, bajo la presidencia del demócrata Bill Clinton, se descubre un supuesto plan delineado por Saddam Hussein para asesinar al ex presidente Bush, entonces Clinton ordena una ofensiva militar contra Irak.

Otra vez, en diciembre de 1998, Estados Unidos atacó a Irak con misiles. La operación pasó a la historia como: “Zorro del desierto”. Con un discurso televisivo de 15 minutos, Clinton legitimó los bombardeos argumentando que Irak se había negado a permitir el ingreso de inspectores de Naciones Unidas que querían realizar una investigación pertinente a supuestas armas de destrucción masiva. Por otro lado, y con el apoyo de los aliados de siempre, aseguró que si Estados Unidos no actuaba de inmediato el gobierno de Saddam Hussein volvería a armarse y a atacar rápidamente.

Luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, fue el turno de George Bush hijo: "Tenemos una obligación moral de intervenir donde el mal se encuentra en control. Hoy en día, ese lugar es Irak (…) Enfrentaremos un peligro creciente, para protegernos a nosotros, para eliminar a un patrocinador y protector del terror, y para mantener la paz en el mundo”, fueron sus palabras el 15 de marzo de 2003, antes de invadir Irak.

El “problema Hussein” terminó el sábado 30 de diciembre de 2006, con su ejecución, pero Irak sigue al frente de las preocupaciones de los Estados Unidos.

Llegamos al 2014 y el actual presidente, quien casi no había dejado duda, en su campaña por la presidencia, que pondría fin al conflicto con Irak y retiraría paulatinamente las tropas de aquel territorio, está lanzando misiles contra objetivos iraquíes.

Obama se reunió esta semana, en París, con otros 29 líderes de países que acuerdan en la necesidad de llevar adelante una ofensiva ejemplificadora contra el EL (Estado Islámico), luego de repudiar las tremendas decapitaciones.

El periodista estadounidense James Foley, que había sido secuestrado en el norte de Siria, fue decapitado el 19 de agosto. El 2 de septiembre el ISIS (Estado Islámico de Irak) mostró al mundo la segunda decapitación de otro periodista estadounidense, Steven Sotloff, secuestrado dos meses antes en Alepo, norte de Siria. El 14 de septiembre fue decapitado el británico Davis Haines, quien trabajaba para la organización humanitaria francesa, Acted, al momento de ser secuestrado en Siria, en marzo de 2013.

El presidente francés, François Hollande, fue uno de los más efusivos del encuentro. "No hay tiempo que perder", advirtió y llamó a los presentes a asumir un compromiso "claro, leal y decidido" alineados las autoridades de Irak. Fuad Masum, presidente iraquí, aseguró que lo crímenes cometidos son "genocidio, purificación étnica y religiosa" y apoyó las operaciones aéreas contra las posiciones jihadistas que inició Estados Unidos el 8 de agosto.

Los asistentes acordaron la necesidad de una estrategia conjunta de los servicios de inteligencia y de seguridad de los países presentes, reforzar el control de las fronteras, encontrar la forma de eliminar la financiación del terrorismo y coordinar ayuda humanitaria y militar en las zonas afectadas.

Los conflictos con Irak definieron en gran medida, y siguen siendo determinantes, la política exterior de los Estados Unidos de los últimos 25 años. Obama es el cuarto presidente del país que interviene Irak, desde la Guerra del Golfo, en 1991. Desde entonces, Irak se erige como un territorio maldito al que nadie escapa. Nadie termina de vencer, mientras la historia sigue contando y llorando a sus muertos.

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