Con el cambio moral y un clima más despejado en el país hoy podemos ver las cosas con mayor claridad.
Hemos dejado de lado la confrontación y exacerbamiento para pensar con tranquilidad; se dice que el pensamiento que no está bajo presión es más productivo, que no se distrae en inútiles disputas, en voladores de luces destinados a exaltar las pasiones por sobre el raciocinio.
¡Oh!, no todo ha cambiado, las cosas no cambian en un día, pero en un día podemos comenzar a hacer cambiar las cosas, una tras otra, una al lado de otra, muchas tomadas de la mano para que nada se quede atrás, para no olvidar el pasado, para honrar los caídos intentando cambiar el pasado.
Hoy en los Estados Unidos y el mundo la vida pende de un hilo, o mejor dicho de una jeringa, y la vacuna salvadora llega lentamente, y se mira con esperanza pero también con temor de que llegue demasiado tarde.
Hoy se muere esperando, hoy se muere esperando esperanzados, hoy como ayer se quiere vivir, ¡hay tanto que nos queda por hacer!, ver crecer un niño, ver florecer las plantas de mi jardín, escuchar las voces cristalinas riendo mientras las niñas corren tomadas de la mano.
¡Hay tanto que nos queda por hacer!, plantar un árbol, escribir si no un libro, un “te amo”, caminar para visitar a aquel, aquella cuyo rostro no vemos desde hace un año, dar un abrazo, ¡un abrazo! gesto humano tan necesario, gesto prohibido so pena de dejar el paraíso terrenal antes de tiempo.
La vacuna no alcanza para todos, por el momento no alcanza para todos, pero cada vez que la jeringa penetra un brazo aleja la peste, es un pinchazo hacia la derrota de la pandemia, un grano de arena en el muro para contener la propagación del virus. No es un consuelo en la espera, es una luz de esperanza en la espera.
Seguimos viviendo nuestra vida pendiendo de un hilo, pero en un clima más tranquilo, no envidiando al vecino que tuvo la suerte de ponerse la vacuna, con generosidad agradeciéndole por habérsela puesto, pensando en él, pero también pensando en nosotros.
Para que el delicado hilo del cual depende nuestra vida no se corte debemos reforzarlo. Con el uso de una máscara, lo reforzamos, demorando la hora de los abrazos, lo reforzamos, cerrando la puerta de las casas, lo reforzamos, guardando la distancia entre nosotros, lo reforzamos, pensando en aquel cuya vida pende de una jeringa, lo reforzamos.
Hoy nuestra vida depende de ti, de mí, de nosotros, y después de la jeringa.
* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE UU.



























