Covid-19: el día en que la ciencia se equivocó

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Los laboratorios del mundo entero recalentaron sus motores en una carrera desenfrenada por ser los primeros en encontrar una vacuna contra el Covid-19.

Hemos escuchado todo y a todos; en tiempos de oscuridad cualquier sombra es esperanzadora.

Escuchamos al sabio y al ignorante, a decir verdad más al ignorante que al sabio; en tiempos de oscuridad la boca del necio gana preponderancia.

Los laboratorios del mundo entero recalentaron sus motores en una carrera desenfrenada por ser los primeros en encontrar una vacuna contra el Covid-19,  la vacuna de la vida, un pinchazo traería la esperanza de regreso, un pinchazo permitiría regresar a la vida, un pinchazo acabaría con el hambre, un pinchazo rompería los barrotes del encierro.

¡Nunca antes el mundo deseó tanto ser pinchado!

La vacuna conllevaría la fama, la fama conllevaría el dinero, las farmacéuticas saldrían de la sombra y de la ignominia de la impotencia, los seguros médicos echarían a andar los motores, las alcancías insaciables de las corporaciones recibirían las treinta monedas de plata crucificando a los indigentes que no pudieran comprar el pinchazo, treinta monedas de plata para la salvación, treinta monedas de plata para la traición, treinta monedas de plata para vivir o morir.

Durante la espera, puesto que son tiempos de espera para la ciencia, tiempos de espera para la esperanza, los necios siguen pregonando recetas mágicas, “uña de gato con pelos de iguana, añada una cucaracha puesto que ellas sobrevivirán la hecatombe, una gota de aceite humano, azúcar para pasar las amarguras y canela para atraer el favor de los dioses, durante los tiempos de espera toda nueva medicina nos garantiza sea un segundo de vida, sea un segundo de muerte dulce, sea un segundo sin pensamiento”.

Los científicos, por una vez desorientados, compartieron la información, los microscopios se pusieron turnios de tanto buscar lo inexistente, regresaron a la fuente, incluso viajaron a San Agustín en busca de la fuente de la eterna juventud, el futuro de la humanidad dependía de ellos.

En tiempos de pandemia el futuro de la humanidad depende de la ciencia, el futuro de la
sociedad depende de hacer callar a los necios, nuestro futuro depende de la capacidad que tengamos de desafiar la costumbre y cambiar el rumbo de las cosas.
Quizás la ciencia se equivocó y antes que buscar la vacuna contra la peste se debería buscar la vacuna contra la injusticia.

Ella nos permitirá derrotar la peste, derrotar la muerte, o nos dará el tiempo necesario para juntar treinta monedas de plata y lograr una vida digna en los tiempos de una pandemia igualmente económica.

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