
Y dependiendo de sus inclinaciones, una mayoría responderá citando un apellido y de una sola sílaba. Sin embargo, esa es la respuesta de la facilidad y siendo correcta, no es necesariamente la correcta.
¿Contradictorio?
Los números sobre la propagación del coronavirus son alarmantes, sin embargo, pierden su carácter alarmante cuando se vinculan al actual presidente, desaparecen llevados por el viento de la imbecilidad.
Las medidas a tomar son claras, sin embargo, pierden su efectividad cuando se vinculan a la conducta del actual presidente.
Las declaraciones frente al Senado del comité de científicos que en el gobierno están encargados de estudiar los efectos del coronavirus y de cómo evitar su propagación –declaraciones importantes y clarificadoras, ciertamente–, pero que sin embargo, pierden claridad cuando se intenta una y otra vez ligarlas a una declaración del actual presidente para llenar titulares. Los científicos dicen y el presidente dice…
Las noticias son reveladoras: 40,000 nuevos infectados ayer, pero sin embargo, ocultan la realidad cuando se ligan a hechos anecdóticos sobre el actual presidente, qué dijo, dónde está, adónde va, cuál es su nuevo twitter.
Casi me pasa lo mismo que cuando me anuncian una tormenta y me siguen anunciando la tormenta, y me acuesto esperando la tormenta y me levanto esperando ver la tormenta hasta que es tanta la insistencia que, cansado, apago las noticias, y cierro las cortinas de mi dormitorio.
El usar máscaras es salvador, y se sabe, pero se desconoce cuando se transforma en herramienta política y las máscaras desaparecen en una mascarada electoral. El que usa máscara no es necesariamente demócrata, se protege; el que no usa máscara, no es necesariamente partidario de Trump, es un peligro. El resumirlo a eso es politiquería.
Entiéndanlo, el peor enemigo no es Trump, personalmente me interesa un bledo lo que diga o lo que piense. No votaré por él, no por lo que haya dicho, sino por lo que representa.
El virus nos está ganando por lo que la gente se cansó, se cansó de estar encerrada, se cansó de escuchar el nombre del candidato a la reelección. Separemos a Trump de la ciencia, separemos a Trump de las estadísticas, dennos la noticia clara, no la hagan desaparecer mezclándola con lo que ya sabemos.
Durante meses escuchamos sobre Rusia, las elecciones y el actual presidente, hasta el cansancio, y el cansancio es mal consejero, lleva al olvido.
Hoy frente al coronavirus pareciera que se quiere probar que la estupidez humana no tiene límites, pero ya lo sabíamos y de tanto repetirlo hace que perdamos la cordura y nos pongamos a esperar un límite en lo que es infinito.
¿Trump? Releguémoslo a lo que es, un individuo en el cual no se puede confiar, irresponsable, un representante de las peores lacras de esta sociedad, juzguémoslo políticamente en su diario quehacer, separémoslo de nuestra salud, quiero conocer la verdad de las cifras, quiero conocer el porqué, quiero saber cómo defenderme y defendernos, quiero confrontarme con mi parte de responsabilidad, lo que piense quien ocupa la Casa Blanca, me importa un bledo, lo que representa eso sí me importa.
Personalmente, uso máscara y guardo distancia social, si un vecino no se protege, guardo distancia. Con respecto al Presidente no tengo la más mínima posibilidad de encontrarme cerca de él, con él no necesito guardar una distancia social, guardo una sanitaria distancia mental.
Retomo y cierro, nuestro peor enemigo frente a la propagación de la pandemia no es Trump, es que su sombra no nos permita centrarnos en el momento en que las máscaras perdieron su efectividad y pasaron a cubrir una campaña política mientras el coronavirus se propaga y las estadísticas, matemáticas puras, y la irracionalidad sin límites, nos lo confirman.


























