Con la reapertura de la ciudad es momento de enfrentar las disparidades

EDITORIAL

En la ciudad de Nueva York, es de conocimiento público y hasta casi personal, que la pandemia del COVID-19 atacó desproporcionadamente a los latinos y a los negros, principalmente en las zonas más vulnerables y con menos recursos de los 5 Condados.

Si, es cierto, la ciudad se está recuperando de una de las peores crisis económicas en su historia, pero esa recuperación no es pareja, ni tampoco llega a todos por igual.

La tasa de desempleo continúa con los niveles más bajos a nivel nacional, y las condiciones en que laboran los empleados son deplorables, sin brindarles la protección necesaria de cuidado personal en su trabajo.

El estado de Nueva York, el mes pasado aprobó una ley que exige a los empleadores brindar a los empleados mejores condiciones laborales, estas, no se cumplen a cabalidad, sobre todo, cuando las compañías cuentan con personas indocumentadas, que, por temor a ser deportadas, no realizan ningún tipo de denuncia o queja.

Si bien, hay indicios (como escribió en su cuenta de Twitter el gobernador Andrew Cuomo), que “Nueva York está regresando”, el camino a seguir para las personas más vulnerables, sigue siendo incierto.

Los patrones de conducta continúan siendo los mismos, a pesar de que, estos miles de personas impulsan el trabajo y la prosperidad en la ciudad al dinamizar la economía.

Un ejemplo claro de ello, es el trato inhumano que reciben desde hace mucho tiempo las empleadas domésticas de “La Parada” en Williamsburg, Brooklyn. Lugar donde decenas de trabajadoras domésticas esperan una oportunidad de trabajo, soportando los embates del clima.

Sus relatos impresionan hasta el más fuerte corazón al expresar como sus empleadores, ni siquiera, les ofrecen los utensilios de limpieza para realizar su labor, muchas veces incluso, tienen que “limpiar el piso con un trapo en sus manos”.

Y peor aún, reciben salarios miserables de 5 o 10 dólares la hora, donde tienen que trabajar hasta más de 12 horas para poder sobrevivir y mantener a sus familiares.
Otro ejemplo para mencionar, los trabajadores de reparto que durante la pandemia arriesgaron su vida al entregar comida a quienes empezaron a trabajar desde sus casas, cuando se decretó el cierre de la ciudad.

Las aplicaciones de alimentos no les entregan completas sus propinas y los dueños de restaurantes no les permiten usar el baño.

Podríamos llenar la página completa del periódico poniendo ejemplos de cómo los más vulnerables, en su mayoría indocumentados, reciben este trato inhumano.

Es momento de que las autoridades y organizaciones sociales enfrenten y confronten esas disparidades que existen en la ciudad de Nueva York.

Los indocumentados no son ajenos a la realidad que vive la ciudad con la reapertura económica, social, cultural y de ocio.  

Según el último informe de la Oficina de Asuntos Inmigrantes de la ciudad de Nueva York, existen más de 500.000 personas que no poseen un documento legal.

Son 500.000 personas que realizan labores esenciales, es decir, dinamizan la economía al comprar alimentos, licores, utensilios, ropa y usan diariamente bus o metro, porque no pueden quedarse trabajando desde sus hogares.

La nueva normalidad que experimenta la ciudad de Nueva York está al margen de estos trabajadores, las heridas de la pandemia no se han podido cicatrizar.

Quienes no tenían un seguro médico y se contagiaron del virus no fueron recibidos en los hospitales. Ahora, quienes tampoco tienen un seguro médico pueden ser recibidos, es decir, nada ha cambiado.

Los ojos de los neoyorquinos están puestos en los candidatos que han prometido durante su campaña electoral generar un cambio con respecto a la situación de estas personas.

Restaurar la dinámica que traía la ciudad de Nueva York desde antes de la pandemia y girar su mirada en los barrios más pobres y las zonas más vulnerables, será un desafío imponente que el próximo alcalde tendrá en sus manos.

Los candidatos, especialmente los demócratas han ofrecido diferentes visiones a través de sus programas y proyectos políticos, de cómo podrían ayudar a los trabajadores esenciales de la ciudad, a tener un mayor acceso a la salud, la educación, a las pequeñas empresas que sufrieron los embates de la pandemia y, sobre todo, la creación de nuevos puestos de trabajo.

La creación de nuevos empleos, es crucial para la recuperación de la ciudad y enfrentar esa disparidad es un reto latente.

Con un 10,9 por ciento en mayo, la tasa de desempleo de la ciudad era casi el doble del promedio nacional de 5,8 por ciento. En el Bronx, el distrito más pobre de la ciudad, la tasa es del 15 por ciento.

Además, un factor muy importante dentro de esta trayectoria y enormes desafíos que se avecinan, es abordar los crecientes problemas de seguridad y violencia armada que enfrenta la ciudad y que se incrementaron durante la pandemia.

El despertar de la ciudad: ¿Hacia dónde va la ciudad de Nueva York después de la pandemia?

Compartir
[fbcomments]