Chile es un país de terremotos. Cada tanto la tierra se despierta, el cielo se cubre de rojo, las aguas se salen de su cauce, las casas de los ricos se remecen, las de los pobres caen sobre sus cuerpos, y al amanecer, ese pueblo adolorido se levanta, remueve los escombros y comienza la reconstrucción.
Durante años Chile fue acumulando la fuerza telúrica de la injusticia oculta en las leyes, oculta en el desprecio al mapuche, oculta en la coraza de hierro de la desigualdad, pero Chile es un país en movimiento, tras un terremoto reconstruye, tras una dictadura regresa a la vida, cura sus heridas no cicatrizadas, hace oír las voces clamando justicia, levanta la frente y se cubre de dignidad.
Un terremoto sacude a Chile. Primero fue el deseo de justicia que salió de su tímido cauce y desbordó las calles, que enfrentó la represión desatada por el poder, que bailó desafiando a los violadores.
El movimiento –temblor escalando a terremoto– llegó a soñar con una nueva constitución que sacudiera la constitución de hierro con la que el dictador Pinochet dejara amarrado al país. Ascendiendo la difícil escala de la justicia, se aprobó una asamblea constituyente y se votó para elegir a 155 miembros, 155 hombres y mujeres que tendrían la misión de redactar una nueva carta magna.
Las débiles paredes de los partidos políticos se agrietaron frente al poderío del remezón, los politicastros fueron barridos por el caudal del deseo de justicia, la mayoría de los, las, constituyentes son independientes, gente libre de amarras, gente de todas las clases sociales, de todos los horizontes, gente que representa el sentir de ese Chile en busca de cambio.
Tras ese remezón, el terremoto escaló un nuevo grado, puesto que al parecer el terremoto que vive Chile es el más saludable de nuestra historia. Una mujer, mapuche, independiente, la doctora Elisa Loncón, nacida en la comunidad mapuche de Lefweluan, en la comuna de Traiguén, fue elegida para presidir la Asamblea Constituyente, con 96 votos de los 155.
Dos tercios de los constituyentes se unieron para hacer historia.
En este nuevo terremoto la equidad se manifestó, incluso a nivel de género: 77 mujeres y 78 hombres conforman la asamblea. El vicepresidente es Jaime Bassa, jurista, y también independiente. Un año tienen de plazo los constituyentes para redactar una nueva constitución.
Cierto, una constitución no es la solución automática de todos los problemas, pero da el marco para avanzar sobre bases sólidas hacia una sociedad más justa.
Cierto, los agoreros de la desgracia dirán que esa asamblea no es representativa, que apenas votó un 43,41% de los ciudadanos para elegir a los constituyentes, y sin embargo, si la gente no votó hay que preguntarse el porqué, el porqué tan pocos creen en los cantos de sirena de la vieja política.
Y aquellos que no votaron deben preguntarse: ¿hasta cuándo delegaré mis derechos para que otros decidan por mí?, ¿qué derecho tengo a reclamar?, o mejor, ¿cómo me sumo a construir el futuro de mi país?
Hoy Chile es un país en movimiento. Un hermoso terremoto barre con un pasado ignominioso y sueña con la esperanza, con un país multicolor, multicultural, con un país de respeto de los derechos humanos, con un país en que los menospreciados tienen su qué decir y hacen escuchar su voz.
Acompañemos a los 155 constituyentes. No permitamos parches que oculten las debilidades de los cimientos de la sociedad chilena, juntemos todas las manos todas, todas las voces todas, todas las ansias de justicia, escuchemos todos los gritos de dolor, respondamos a la esperanza, pensemos en qué tipo de gobierno nos daremos para evitar el regreso al pasado, cómo hacer que la política, la verdadera, aquella que representa la voz del pueblo no se desprestigie, se corrompa y dé la espalda a quienes se supone debe representar.
Hoy, muchos de aquellos que tuvieron la valentía de haber salido a las calles, de haber levantado su voz frente a la injusticia enfrentan cargos judiciales.
Hoy, el presidente Piñera debe indultar a aquellos que salieron a clamar por una nueva constitución, aquellos que, con sus voces, rompieron las barreras del inmovilismo, el dique de la injusticia. Es lo justo, y hoy Chile clama justicia, presidente Piñera.
Sentemos las bases de una nueva sociedad, o nos arriesgamos a un maremoto que arrasará con el país en vez de construir el Chile del mañana, ese Chile democrático que alguna vez soñáramos.
* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE UU.


























