
A Donald Trump no hay que escucharle lo que dice, ni mirarle los labios ni los movimientos de sus pequeñas manos.
Solo lo que nuestros ojos ven cuando firma sus a menudo siniestras órdenes ejecutivas. Y en días pasados insistió que él “quiere”, los “ama” a los jóvenes DACA.
Puro b…..t, porque lo que ha sugerido a los demócratas Chuck Schumer y Nancy Pelosi es que les va a dar todo a los jóvenes, pero que se le permita echar del país a sus padres, deportar a todos los menores que llegaron sin estar acompañados de mayores.
Den luz verde a ampliar la policía fronteriza y el concepto de “criminales” que se les endilga simple y llanamente inmigrantes sin papeles.
Pero también que los demócratas apoyen la financiación del muro con México. Es decir, Trump quiere todo lo que los supremacistas blancos anhelan y, de esta forma, empezar hacer realidad su deportación de 10 millones de indocumentados., mayormente latinos.
No me extrañaría que, después, le abra las puertas a nacionales de los países de la ex Unión Soviética. Trump tiene gusto por sus mujeres: Ivana, su primera esposa, nació en Checoslovaquia, y Melania (la actual) es de Eslovenia.
Así empezaría a “volver a ser grande América” y, Steve Bannon regresaría a la Casa Blanca, ya sin esconderse.
Por eso se entiende la indignación el congresista de Chicago Luis Gutiérrez: “Esto es una extensión de la agenda supremacista blanca. Lo que ellos quieren es criminalizar y deslegitimizar a los Latinos”.


























