
Estimado Papá Noel,
Estamos acabando el año 2013, y más de diez millones de personas en el país más poderoso del mundo, Estados Unidos, viven con el terror que les da su propia sombra. Porque puede ser la ‘migra’, puede ser un anónimo policía que no le quiere hacer daño tal vez a nadie, pero tiene que cumplir su trabajo y es obligado a empezar la cadena que lo puede llevar a ese hermano, ese primo, nuestro papá o mamá, o nuestros hijos, a la deportación.
El mundo es ancho y ajeno, lo recordamos y reiteramos parafraseando al escritor José María Arguedas. Pero esos esbirros que nos persiguen a nombre de los políticos que se ufanan en ser archi ‘cristianos’ y más mormones que John Smith, es probable –‘Papá Noel- que no entrarán al reino de los cielos cuando llegue el día en que los pobres y menesterosos de la Tierra serán llevados al Edén eterno, como creen con fe algún día llegará. Es que el mundo no es de nadie.
Se pierde en mi memoria la fecha cuándo TU surgiste, obeso y rojizo, que en un momento me confundiste y creí que estabas pasado de copas. Pero en verdad después me di cuenta, entre el catecismo católico y las escuelas dominicales protestantes, que eras un mensajero intermediario entre el niño Emmanuel y el mundanal mundo, valga la redundancia.
No sé cómo, pero en un santiamén porque vivimos en una sociedad híper consumista, desplazaste a los nacimientos o pesebres, símbolo de la Navidad que en el mundo occidental y cristiano era para celebrar el nacimiento del niño Emmanuel, el redentor del mundo. La Biblia lo dice así. Por ninguna parte apareces ni en la Biblia, el Corán o cualquier otro libro sagrado por el cual se pelean millones en la Tierra.
Te llaman Santa Claus en Estados Unidos, San Nicolás en algunos países nórdicos y simplemente Papá Noel en casi todo Latinoamérica, el Caribe y España.
En fin, es como dice el dicho: “igualito pero distinto”. Eso sí, estás asociado a los catálogos de reconocidas tiendas –que no precisamos para no entrar en conflictos de interés- que hacen su agosto” en noviembre-diciembre luego que se da la campanada y a correr que el ‘especial’ se va a acabar, y millones quedamos endeudados por los próximos meses.
Grato Santa, ahora tenemos a un presidente llamado Barack Obama y un gobernador llamado Andrew Cuomo que nos han decepcionado, porque ambos se han desentendido de aquellos que TÚ dices entrarán a tu reino algún día: los pobres.
Han gobernado, Santa, para Wall Street (bancos, especuladores, etc.) , las aseguradoras, las corporaciones de construcción, pero poco para las mayorías del este riquísimo país que aún así tiene casi 50 millones de pobres declarados. El primer presidente negro –que está muy lejos de parecerse al rey mago bíblico llamado Gaspar, negro como una aceituna y lleno de virtudes- , con un violín nos ha tocado óperas de todo tipo, la Sétima Sinfonía de Beethoven, mientras ordenaba y no quiso detener la deportación de centenares de miles de hombres, mujeres y niños que veían “un sueño” –como Martin Luther King- pero que no eran negros en su mayoría.
El gobernador de Nueva York, por su parte, querida deidad, no ha sido sincero, no ha sido justo en incluir en su presupuesto que los jóvenes ‘dreamers’, también puedan soñar y continuar su vida ascendente como cualquier norteamericano. Porque ellos nacieron aquí, ellos residen en el ‘Estado Imperial’, ellos pagan sus impuestos indirectos aquí. ¿Entonces, por qué no ayudarlos? ¿Porque aún no votan?
Querido Papá Noel, volvamos a ti. No sé de dónde sacaste la idea de imponer un árbol –genuino pino o de plástico- para que se erija en ícono de esta temporada, y miles de personas se lo han tomado tan en serio que hay excursiones para ver el susodicho vegetal-cortado en el Rockefeller Center o al pie de la Casa Blanca, tal si fuese la quinta maravilla o la fuente de la juventud.
Mientras tanto, el sentido de la real Navidad, del festejo del nacimiento del Niño Jesús con los que millones crecimos en Latinoamérica, el Caribe y España, cada vez engrosa más un capítulo de Wikipedia, que la vida real.
Santa, tú no existías entonces, y se adoraba al Niño Jesús en el portal de Belén –de la sala-, rodeado de la Virgen María y San José, los tres reyes magos, sus pastores, bueyes y asnos. Y de acuerdo a la costumbre de cada país, los niños esperaban al pie del pesebre sus regalos cuando llegara la medianoche del 24 de diciembre o el 6 de enero como se hace en los países caribeños y partes de México, y en España la Cabalgata.
Los pesebres hoy casi han desaparecido, y los regalos de Navidad se apilan al pie del árbol real o de plástico, donde Periquito y Dorita esperan se hagan realidad sus sueños. Es el mismo sueño grato, Santa, de muchos grandotes y grandotas que esperan tus regalos en otras dimensiones.
Más de once millones de indocumentados, sueñan con Barack Obama dando la reforma inmigratoria: dejando atrás la pesadilla de vivir a salto de mata y una infracción que los podría conducir directamente a Ciudad Juárez, o a un avión incierto. Los trabajadores de restaurantes de comida rápida sueñan que sus salarios lleguen a cifras aptas para vivir, que con mis ojos terrenales veo muy difícil, pero tu eres una deidad y tal vez puedas hacer el milagro.
Santa, los hispanos queremos poder político, y si después de Bill de Blasio, Rubencito Díaz o Ydanis Rodríguez llegan a la alcaldía de la ciudad de Nueva York ¡Qué más da!, porque hace tiempo ya nos bailaron y dejaron quebrados de cintura cuando vapulearon a Herman Badillo y después a Fernando Ferrer.
Hemos tomado muchos oficios que nadie los ha querido por años, hemos cultivado inmensos plantaciones en California, Florida, el sur de New Jersey y casi todos los estados de este rico país, sin embargo esos duros jornaleros, cuyas manos han sangrado muchas veces, viven en el limbo con sus familias e hijos.
Santa, es tiempo que los ayudes, nos ayudes, y que muchos de ellos consigan empleos dignos y dejen de ser perseguidos. Lo mismo para los trabajadores urbanos que cada mañana repiten el sortilegio de ubicarse en algunas esquinas –con frío, nieve o calor abrasador- esperando alguien les ofrezca un trabajo ocasional.
Algunos escépticos, Santa, no creerán que esta es época de amor y paz, que es imposible que negros, blancos, hispanos y todas las razas, rememos en la misma dirección. Pero pocos oficialmente –en Wall Street y Washington- saben del amor a raudales que está germinando, como paradoja, a esos tiempos revueltos, duros y de angustia.
Santa, tu mejor que nadie sabes que las tormentas no son eternas, como tampoco lo son las noches, y ya volverá a salir el sol y amanecer para todos.
Son tiempos celestiales y es temporada de Paz y Amor. Por eso para todos:
¡FELIZ NAVIDAD!


























