EDITORIAL
La última investigación de la Fiscalía de Pensilvania da cuenta de miles de niños que durante décadas han sido sexualmente abusados por cientos de sacerdotes.
Este es otro más de los impactantes casos en los que inocentes e indefensos menores han sido víctimas de quienes por juramento, misión y oficio, están obligados a ser sus guardianes.
Los casos de sacerdotes depredadores lamentablemente no son un tema exclusivo de la Iglesia Católica ni de Estados Unidos, la sociedad actual debe reconocer que los niños en todo el mundo, continúan siendo las presas más apetecidas de enfermos mentales y prestadores a quienes la sociedad, a través de sus estancias legales, de seguridad y de la principal, que es la familia, debe garantizar de protegerlos.
La familia, que es el núcleo primero del ser humano, lamentablemente tiende a dejar la responsabilidad de la educación en manos de ajenos, sean maestros, sacerdotes o de la misma sociedad. Los padres de familia, los progenitores de las criaturas son quienes tienen la obligación de educarlos primeramente para protegerse, advertirles que no permitan que absolutamente nadie los toque en ciertas áreas, que nadie, sin excepción tiene el derecho de violentar su intimidad corporal.
Además deben existir un canal de diálogo permanente con los niños, para ello es importante crear espacios de conversación entre padres e hijos, durante algún momento del día, se debe compartir y estar muy pendientes de las actividades y de lo que les sucede a los niños.
Por otro lado la sociedad, con su primera base organizativa, la comunidad, en el barrio y en la escuela, debe garantizar la protección a los menores, al igual que a todas las criaturas vulnerables que incluye además de niños, personas discapacitadas, ancianos y mascotas, una estructura legal apropiada, para detectar y castigar a quienes atenten contra la integridad física o emocional de las victimas.
¿Cómo es posible? miles las víctimas, cientos de criminales y nadie dijo nada. Otro tema muy grave y aquí la Iglesia Católica tiene una responsabilidad directa en ejercer su poder para depurarse y castigar “ejemplarmente” a los criminales que alberga, encubre y protege, sin exclusas, ya que las investigaciones indican claramente que los crímenes ocurrían “mientras altos funcionarios eclesiásticos tomaban medidas para encubrir lo ocurrido”. los sacerdotes pedofilos fueron re-asignados a otras parroquias, fueron escondidos de la justicia, el encubrimiento al igual que la impunidad son la base de un sistema corrupto y podrido, que lamentablemente tiene la misión y dice liderar la vida espiritual de la sociedad.
Si aquellos que supuestamente consagran su vida al servicio al prójimo son los principales criminales, qué se puede esperar de la sociedad moderna? Pero hay que reconocer que, esperanzadoramente, no son todos los que están, ni están todos los que son. Por ello si bien el catolicismo es la fe predominante entre la comunidad latina, debe replantearse su profundo compromiso con la vida, con los más vulnerables, no usándolos para obtener recursos.
La Iglesia Católica debe dar el ejemplo de lo que es hacer las cosas correctamente, sancionando duramente y estableciendo un ejemplo para que no se cometan los crímenes, los cuales ha ocultado en primer lugar para evadir las responsabilidades financieras, la deserción de sus miembros y más grave aún el abandono de los feligreses, particularmente de la gente joven, que ya no encuentra en ella un ejemplo real, verdadero y práctico de la fe que predica y que no cumple.
El Papa Francisco, que inició como un orgullo latinoamericano, ha demostrado durante su papado un favoritismo a politicos de trayectoria negativa, abriendo sus puertas, sus oídos, y prestándose a ser una figura de promoción de regímenes autoritarios como los dominados por el Socialismo del Siglo XXI en Latinoamérica, mientras ha cerrado las puertas y oídos a las víctimas de abusos de sus compañeros sacerdotes, como lo hizo en las visitas a Perú y Chile a principios de este año.
Gracias a las acusaciones e investigaciones de verdaderos periodistas que sirven a la sociedad develando la podredumbre, de fiscales que luchan, como verdaderos héroes contra el crimen organizado, del cual la Iglesia Católica gracias a las evidencias parece formar parte, van apareciendo más y más víctimas en todo el mundo, por lo cual se hace necesario un movimiento de denuncia, que no se limite a las mujeres, a los grupos LGTB, si no que se extienda a los niños, a las mascotas, a la naturaleza.
En este movimiento de renovación y cambio, el rol de los medios de comunicación es fundamental. No a la impunidad, no al negociado ni a la venta de conciencias, no a la adulación y servilismo a quienes ostentan cargos de poder o tienen más recursos que el resto. Los medios de comunicación deben mostrarse más críticos, especialmente los hispanos, dejando de usar a los inmigrantes como bandera de batalla para obtener niveles de sintonía, si no demostrando con investigaciones reales, que luchan contra los males que aquejan a esta sociedad o por lo menos, presentando las noticias y las situaciones con las dos caras de la moneda, sin venderse a los intereses de sus clientes, si no presentando todos los elementos de juicio y promoviendo una actitud critica, de reflexión entre la comunidad.
Las acciones más importantes son en términos legales y ahí la última palabra la tienen los oficiales electos. Los ojos de todos están puestos en ellos y de sus acciones dependerá el apoyo que reciban.


























