El buen negocio de la inmigración

EDITORIAL

En Nueva York la noticia sobre la terminación del TPS para los nicaragüenses fue muy oportuna para la contienda política, sobretodo en una ciudad con mayoría demócrata, que continúa usando el tema de los inmigrantes para atacar a la administración de turno por intereses muy puntuales.

Desde la creación del TPS han sido varios los países que se han beneficiado de él y ninguno de ellos, durante la historia de esta nación, ha mantenido este beneficio para siempre. Si se analiza el tiempo de beneficio del TPS de varios países se puede apreciar que muchos han durado dos años, ocho años, doce años y en el caso de países centroamericanos, el tiempo del TPS es de los más largos en toda la existencia de este programa de alivio migratorio.

La dolorosa realidad en Centroamérica así lo amerita, millones se movilizan en busca de un refugio a la violencia de las maras, el crimen organizado y la corrupción institucionalizada en sus países de origen, sin embargo Estados Unidos, particularmente en la nueva administración, frontalmente ha expresado su afán para parar la inmigración.

El problema lamentablemente es uno de los más acosados por la manipulación en la permanente batalla política a nivel nacional, los datos demuestran que las mayores ayudas migratorias en el pasado se han realizado durante las administraciones republicanas, incluso las cifras de deportaciones durante la presidencia de Barack Obama rompieron récord, por lo cual se ganó el título de “deportador en jefe” atribuido por el demócrata Luis Gutiérrez de Illinois. También durante la presidencia de Obama se terminó con el TPS para varios países africanos, entre ellos Liberia, Sierra Leona y Guinea.

En el caso de la situación de los inmigrantes latinoamericanos, el tema de fondo es realmente la falta de un liderazgo nacional unificado efectivo. Abundan las organizaciones de ayuda, pero es una ayuda muy provisional, cambios históricos, como la aprobación de una reforma migratorio, están lejos de ser logrados por los latinos, que libran entre sí batallas de liderazgo y figuración.

El TPS está lejos de ser una solución migratoria y por el contrario, luego de beneficiar a los inmigrantes por años, los deja en el limbo emocional, financiero, legal, una vez que ya se han establecido en Estados Unidos. El TPS no es por sí solo una vía para la residencia permanente ni ningún otro estatus de regulación migratoria, pero sus beneficiarios han tenido la oportunidad de trabajar legalmente y residir en un país que ha mantenido abiertas las oportunidades.

En el panorama nacional, los 800.000 soñadores y 300.000 beneficiarios del TPS, son solamente un pequeño segmento de los más de once millones de inmigrantes que viven, trabajan y aportan a la economía del país, sin necesidad de un documento que les habilite a ello.

La migración en Estados Unidos es sin duda alguna, uno de los más rentables negocios, desde el trabajo profesional de abogados, hasta la red de engaños y fraudes tejida en torno a la necesidad de la gente de sobrevivir en un país con mayores oportunidades y tranquilidad, este negocio alimenta a millones.

Los beneficiaros del TPS durante el tiempo en que se han cobijado por este programa, han debido presentarse cada dieciocho meses ante las autoridades de Estados Unidos para los controles de seguridad para renovar sus permisos, es decir que el gobierno federal conoce bien quiénes son y ello significa que no son gente que haga daño al país, o caso contrario no solo que no les habrían renovado su TPS, ya los habrían deportado. Los tepesianos no representan un peligro para la seguridad de los Estados Unidos. Muy por el contrario todos los estudios apuntan a los beneficios económicos que producen los tepesianos. Sin embargo el problema es el mal enfoque del problema migratorio.

Según datos a nivel mundial, en el planeta hay millones de personas que se mueven y los beneficios que producen a la economía global son impresionantes en términos cuantitativos. El problema de fondo no es la migración y no le corresponde a los Estados Unidos, si no a los países en donde surgen los problemas de inseguridad, pobreza y corrupción solucionarla.

Lo correcto sería que Estados Unidos, por cada inmigrante que llega ilegalmente a su territorio, imponga una multa a su país de origen, que no ha sabido garantizar el bienestar de sus ciudadanos.

Esta podría ser una idea aparentemente utópica, más no imposible. A pesar de ello es innegable que existe un trasfondo racial, ya que Latinoamérica no es la única en generar inmigración masiva a Estados Unidos. Inmigrantes sin documentos llegan de todos los continentes del globo, pero no se aprecia un tratamiento similar con relación al que se da a los latinoamericanos, que son los más discriminados.

Es una vergüenza que los funcionarios y empleados de los gobiernos latinoamericanos celebren la extensión del TPS, cuando no han sido capaces de lograr un funcionamiento normal al interior de sus países y de garantizar empleo y seguridad para sus conciudadanos. Tampoco es digno de aplauso el otro polo en que aún bajo circunstancias de desastre no se acceda a un beneficio como el TPS, como el caso de los ecuatorianos después del terremoto de abril del 2016.

Lo único digno de celebrarse será la conquista en el Congreso de los Estados Unidos, de una reforma migratoria integral, con camino a la ciudadanía y no los alivios temporales que resultan en un buen negocio para las agencias de gobierno, los abogados y los oportunistas.

Las innumerables organizaciones y agrupaciones pro inmigrantes tampoco están interesadas en un beneficio definitivo para quienes dicen defender, ya que ello representara la terminación de sus trabajos y los fondos obtenidos para ejecutarlos.

Importante es preguntarse, de dónde sale el dinero que financia a todas esas agrupaciones, quiénes son sus funcionarios? En Nueva York lo que se ha visto es que los partidos políticos trabajan con agrupaciones de base, o como dicen “agrupaciones comunitarias”, para promover sus campañas electorales y en retribución, cuando ganan, les asignan fondos para que trabajen por la comunidad.

Muchos de los asistentes y miembros del staff de los políticos electos han sido parte de esas agrupaciones comunitarias, entonces se ha convertido en un circulo que se auto-alimenta en función del principio de reciprocidad, pero en el cual los inmigrantes realmente constituyen un cero a la izquierda.

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