El Papa Francisco es sin duda un líder espiritual que rompe esquemas, sin romper con valores e ideales.
Los hispano-hablantes no podemos sentirnos más alegres al saber que uno de los nuestros, hijo de inmigrantes, con conciencia y responsabilidad, es uno de los líderes más apreciados y queridos del mundo que llega a Estados Unidos y a Nueva York en un momento crucial, cuando la coyuntura política promueve una ola de racismo y rechazo contra los inmigrantes.
La religión y la política son aspectos conflictivos por las pasiones que producen y el Papa con su doble función como líder religioso y como jefe de estado, ha sabido con su autenticidad, sentido de equidad, disposición conciliatoria y abierta al diálogo e integridad, ganarse el respeto, la admiración y el afecto de miles alrededor del mundo.
Un Papa revolucionario que con sus 78 años confronta los avances de la tecnología, con más de siete millones de seguidores en Twitter, ha declarado "El Internet, en particular, ofrece inmensas posibilidades para el encuentro y la solidaridad. Esto es algo realmente bueno, un regalo de Dios”.
Por este medio, en innumerables ocasiones ha llamados a la conciencia del mundo, ha sido defensor de los necesitados, promoviendo la solidaridad y compasión. Durante el éxodo de los niños en la frontera sur dijo: “La globalización es un fenómeno que nos desafía, sobre todo en una de sus principales manifestaciones, que es la emigración, uno de los "signos" de este tiempo que vivimos… A pesar de la gran afluencia de inmigrantes presentes en todos los continentes y en casi todos los países, la migración sigue siendo visto como una emergencia, o como un hecho circunstancial y esporádico, mientras que ahora se ha convertido en un sello distintivo de nuestra sociedad y un desafío.”
La presencia del Papa más allá de ser una estrategia de la Iglesia Católica para contrarrestar la deserción a su interior, significa la oportunidad de reflexionar desde una perspectiva diferente, sobre asuntos fundamentales como el cambio climático, los derechos de los inmigrantes y la desigualdad de ingresos en uno de los países más ricos.
Con 69,4 millones, la Iglesia Católica es la mayor organización religiosa del país y comprende al 22% de la población total. Estados Unidos tiene la cuarta población católica en el mundo, después de Brasil, México y Filipinas, la minoría poblacional más grande y la mayor población católica que habla Inglés, tiene el tercer mayor número de congregaciones locales en Estados Unidos detrás de la Bautista y la Iglesia Metodista, es así que entre los casi veinte candidatos a la presidencia, tan solo cuatro son católica, entre ellos los de origen latino.
Lo interesante más allá del aspecto religioso son los valores universales que promueve el Papa y cualidades fundamentales como la austeridad, solidaridad, integridad, en un momento de exacerbada ambición, codicia de dinero y de poder, individualismo e intolerancia.
Ojalá que su imagen llena de valores que predica con el ejemplo inspire a nuestra comunidad a reflexionar positivamente, a promover la unidad, el respeto en la discrepancia y responsabilidades compartidas.
Que la importante misión del Papa como líder del bien no sea manipulada por ningún oportunista político o empresaria. Hacemos votos porque su mensaje de paz realmente promueva prioridades de valor trascendente y no tengamos que mirar al Papa compitiendo en los canales de televisión hispanos con programas cargados de violencia, drogas y odio. Que el Papa no sea usado como noticia mientras tiene que competir con el diabólico Señor de los Cielos, la Viuda Negra o la Señora Acero, que promocionan a los narcos y su ola maligna que aqueja a la humanidad.
Que el aprecio y afecto al Papa Francisco se traduzca en acciones concretas del diario vivir por encima de intereses económicos y calcinaciones políticas, para defender y promover los valores que realmente necesita nuestra comunidad.


























