Por Jairo Martinez Mesa Ph.D
Continuando con la serie de escritos sobre esta fascinante investigación de la conducta empresarial desde las neurociencias, en esta cuarta entrega, vamos a detenernos un poco en las deducciones escritas en los dos últimos párrafos del artículo anterior. El emprendimiento para hacer empresas inteligentes parte originalmente de propósitos inconscientes muy profundos.

Sin la información previa el cerebro no se activa para decidir nada. Nuestra memoria es la capacidad de retener y recordar mediante procesos asociativos inconscientes, sensaciones, impresiones, ideas y en general paquetes informativos que pueden tomar la forma de ideas y pensamientos previamente experimentados. Por tanto, antes de experimentar la consciencia de tener una empresa, hubo información sobre ella, antes del acto mercantil de fundarla o comprarla.
Para nuestra investigación sobre el emprendimiento como categoría biosocial este asunto es muy importante por cuanto por esta ruta comprendemos que la abundancia experimentada en las redes neuronales con la participación del sistema endocrino y en el campo cardíaco, no es algo abstracto sino un asunto muy concreto.
La abundancia y su decodificación a través del cerebro humano, corresponden en la física de partículas a paquetes informativos que se conectan para darle forma a los recursos que la vida requiere para manifestarse. Los gases y los elementos químicos que abundan en nuestro universo no están ahí para ser vistos. Ya hemos explicado que el emprendimiento estudiado como una conducta humana es solo la superficie de algo tan profundo como los océanos.
Las intenciones del emprendimiento empresarial que fluyen a través de la conciencia, son informaciones de carácter biosocial, que están empaquetadas en el inconsciente de algunos cerebros tomando la forma de una plasticidad cerebral específica que anima esta actividad humana, cuando las condiciones del medio ambiente le son favorables.
Dicha información a diferencia de la que también es inconsciente pero que se repite una y otra vez sin que pensemos en ella, como por ejemplo, el acto de respirar, toma la forma singular de emprender.
La respiración es una orden natural individual común a todos los seres vivos. Emprender es otra orden natural pero de impacto biosocial que no es común a todos los seres vivos. Respiramos para obtener la energía necesaria para vivir como individuos. Emprendemos para expandir la abundancia en forma de riqueza económica para vivir en sociedad.
Las bases fundamentales de los paquetes de información relacionados con el emprendimiento ya han sido inventadas o existen desde siempre, como por ejemplo, las matemáticas o la geometría. Estos campos informativos están vibrando por todos los universos y algún cerebro dotado para su decodificación, desde el inconsciente de la persona que lo porta en su cabeza, los convierte en conductas empresariales, en virtud a condicionamientos sociales.
Los mecanismos para que esto suceda se los debemos a un fenómeno de la física de partículas que llamamos entrelazamiento cuántico. Algo que muy a pesar de que el genio de Einstein no aceptara, está plenamente demostrado.
La vida por razones probabilísticas que aun desconocemos, selecciona la persona portadora de esta dotación natural. Recordemos que el principio del fenómeno emprendedor es la expansión de la abundancia en forma de riqueza económica para la continuación de la evolución social. Por ensayo y error, quizá la fuerza vital del Multiverso selecciona en virtud a una inteligencia infinita y eterna.
Lo que sí podemos asegurar es que el cerebro hace lo suyo. Es decir, que los paquetes informativos “instalados” en varias regiones cerebrales (incluyendo el hipotálamo y el complejo amigdalino, el tálamo, hipocampo, cuerpo calloso, septo y mesencéfalo, que constituyen el denominado sistema límbico, crucial en el emprendimiento) esperan el momento adecuado para “soltarse” en redes neuronales para hacer las conexiones que generan la consciencia emprendedora.
Las intenciones mercantiles, las decisiones riesgosas, la aptitud, la templanza, paciencia, perseverancia, audacia, la lúdica que sacude el sistema de recompensa del cerebro y todos los demás atributos de la conducta empresarial, son de este modo, aquellos patrones de conducta que expresan en la vida, conexiones entre el mundo interior y el exterior. Expresado en otras palabas, lo percibido que proviene de conexiones holográmicas, holísticas.
Pensar es a escala extraordinariamente pequeña un asunto de resonancias cerebrales. Esto lo explicaremos enseguida. Si el emprendimiento empresarial tiene fundamento en la dinámica holística de la vida, de igual manera habrá que estudiarse para su comprensión satisfactoria. Es decir, como una parte del todo que a su vez contiene dicho todo.
Explicar el emprendimiento desde una perspectiva solamente conductista es dejar por fuera muchas otras variables que en el intervienen. Su estudio ha de ser sin dudas, holístico.
El emprendimiento empresarial como se ha descrito en la serie de seis libros sellados bajo la marca GEPECEN® es un estado funcional del cerebro que tiene una misión muy específica y se representa en el escenario de la vida, como una actividad humana que fundamenta desde lo biológico las bases socioeconómicas de una sociedad evolucionista. En este escrito, se resume el estudio del emprendimiento desde una perspectiva holística, en virtud a que esta facultad también lo es, como fuente de expansión de la abundancia en la forma de riqueza económica y en su participación indiscutible en la creación de valor.
Escrito con otras palabras, el emprendimiento es de naturaleza holística y por eso su estudio tiene que hacerse teniendo en cuenta no solo factores biosociales, físicos, químicos, socioeconómicos; sino además, tomando como base conceptual la vida social como un holograma en el cual todo está inscrito. Hemos tomado en este ensayo, algunos pensamientos escritos por el neurocientífico Rodolfo Llinás en su revelador e inspirador libro El cerebro y el Mito del Yo.


























