AVIONES DE PAPEL EN LATEA Un acierto de ZerO Compañía

Por NIlda M. Tapia

En un nuevo esfuerzo del Teatro LATEA en su sede del segundo piso de 107 Suffolk Street en la zona de Delancey, barrio de Loisaida al este del bajo Manhattan, la presentación de “Aviones de Papel” de la colombiana Diana Chery-Ramírez, por el grupo ZerO Compañía, fue recibida muy bien por nuestra audiencia de teatro en español.  Montada con suma y elocuente prolijidad franciscana, esta obra es un grito de auxilio a las restricciones de espacio que la moderna urbanidad nos impone.  El escenario es una rayuela donde cada centímetro está medido.  Los únicos dos actores, un hombre y una mujer que deben de compartir una habitación convertida en dos apartamentos y divididos por una medianera hecha de aviones de papel, pasan momentos muy difíciles al comienzo. La estrechez y las molestias que se causan mutuamente por los ruidos que ambos generan derivados de sus propios y elementales movimientos, los enfrenta  al comienzo de manera reaccionaria, pero luego los va uniendo, casi inexplicablemente por esa fibra invisible que tiene el ser humano de necesitar la presencia del otro.

El diálogo de Ramírez es chato, sin remilgos.  Logra ubicar al espectador en la estrechez del espacio.  La actuación de la autora de esta difícil obra, Diana Chery-Ramírez,   en la personificación de Beatriz, una arquitecta que sale diariamente a efectuar su trabajo, nos da el personaje exacto que imaginó su pluma. Una mujer decidida  a llevar una vida activa y productiva y recurrir al ardid femenino si es necesario.   El que se las ve gorda en traernos al otro personaje que vive en el otro apartamento contiguo, es Carlos Alberto Valencia.  Su Diego  que va del joven poco comunicativo y ensimismado que prefiere su soledad a los problemas de convivencia, pasa  a ceder de improviso frente a las ofertas de acercamiento que le brinda su vecina.  El humor surge cuando luego de tantas expresiones de rechazo ambos se abandonan y caen exhaustos en un inesperado abrazo que aunque  conscientes prefieren que no ocurra… poco les molesta cuando sucede…

Aviones de papel  es una obra de denuncia, diría yo de protesta hacia el abuso que reciben los seres humanos al tener que vivir confinados en espacios tan reducidos que la convivencia es poco menos que imposible.  Lo importante de esta producción es que la directora, Aminta de Lara, supo reunir los elementos visuales y las labores actorales para llevarlos a un climax efectivo, donde el patetismo del mensaje le llegue directo a la audiencia.   La escenificación es prolija, intencionalmente restrictiva y logra ambientar al espectador.  Las luces son parte muy importante de este montaje minimalista y logran un efecto tridimensional enriquecedor.  La música también nos ayudó a entretenernos y los efectos de sonido, hechos por los mismos actores, no dejaron de divertirnos por lo de siempre…nuestra identificación con la realidad de nuestra cotidianidad.  Y eso lo demostró la audiencia que se expresó abiertamente durante todo el transcurso de esta obra que por su subjetividad, resulta harto difícil de escenificarla, ni hablar de digerirla.  Muy adecuado y creativo el diseño de los panfletos  de Didier Bahamón que, doblados como aviones de papel, nos van guiando escaleras arriba hacia el teatro.  Nos hubiera gustado que la autora agregara en el programa algo más de las intenciones que tuvo al escribir esta obra, tan difícil de escenificar y de actuar.

La producción de “Aviones de Papel” también fue brindada en inglés como “Paper Airplanes”, en un texto traducido por la autora Diana Chery-Ramírez y Carlos Alberto Valencia.  Es una excelente contribución al esfuerzo de “The Teatro LATEA Theater Arts Continuum”, una nueva iniciativa en el desarrollo de artistas y/o grupos hispanoamericanos de sus habilidades teatrales en todo lo que es el producir, mercadear y costear sus proyectos en

 

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