¿Autoservicio o servicio al auto?

¡Por favor, no se me confundan! Curioso, este contraste entre las dos lenguas básicas de este país, que ahora, dicho sea de paso, es tan “nuestro” como lo es de la población anglófona: como muestra, el “botón” de las opciones telefónicas.

Como observamos que muchos hispanos hablan de “self-service”, “drive in “ y drive up“, tal vez ignorando que tenemos equivalentes, cabría ofrecerlos para disipar
este desconcierto. La contraparte de “self-service” es sencillamente “autoservicio”, si bien a veces bastaría indicar, oralmente o por escrito, “sírvase usted”.

En cuanto a “drive in“ y “drive up“, ambos pueden traducirse con el orden inverso, “servicio al auto”, ahora más de moda en vista del covid, ya que le entregan la mercancía a su vehículo.

Haga clic aquí. Nada que objetar a esta frase, sino que resulta incómoda, habiendo la posibilidad de abreviarla a “pulse aquí”. Con “pulsar” ya está dicho todo, sin necesidad del verbo “hacer” y, a veces, sin que haga falta un “aquí” si el lugar salta a la
vista.

Siendo la economía de palabras objetivo deseable, ¿por qué alargar? Dirección de correo electrónico. Hablando de economía de palabras, llegamos a otra redundancia casi tan pura como el omnipresente “período de tiempo”.

Advirtamos que, como todos los períodos involucran tiempo, basta “período”, “tiempo”, o en ciertos casos “plazo”.

Aunque la frase puede reducirse a “dirección electrónica”, también es posible suplantarla con una sola palabra: “CORREL”. Aunque las academias, en su sabiduría, consideran que su circulación aún no justifica acogerla en el catálogo del idioma, muchísimas voces útiles han empezado a establecerse a partir de cero, y a la larga se han impuesto. Por ejemplo: “pastel”, por “confección de masa de harina, huevos, etc.”, y “mantel”, por “tela que cubre una mesa”.

No nos referiremos, naturalmente, al nefando adefesio anglicista “dirección de e-mail”, también redundante, pero sí a que el concepto puede explicarse con el solo símbolo de arroba, de la siguiente manera: “Facilítenos el contacto poniendo aquí su dirección: ______@____”

La voz tiene también otras virtudes, como la de permitir derivados —que economizan multitud de palabras—: “correlear”, “correlearse”, “correlero”, “correlería”, “correleramente”, etc. La opción de usarlo está al alcance de todos, ya que nada cuesta y todos lo entienden. Hasta el día de hoy nadie nos ha cuestionado su empleo, ya que, en contexto —aunque jamás lo hayan oído—, su significado se deduce intuitivamente.

La publicidad pecadora. Un anuncio nos informa de una loción epidérmica recomendada por un “cirujano plástico”. No conocemos ningún artista del bisturí que esté hecho de plástico: todos son de carne y hueso, ¡gracias a Dios! Creemos que el sustantivo preciso en este caso es “PLASTICIRUJANO”, al igual que “neurocirujano”, digamos, es el especializado en intervenciones del sistema nervioso.

El aviso luego se refiere a unos misteriosos fillers y peelings, cuyos equivalentes son sencillamente “rellenos” y “exfoliaciones”. Señores publicitarios, ¡decídanse! ¿Van a escribir en español o espanglés?

En resumen, no objetamos a quienes prefieran “hacer clic” o usar la redacción perifrástica, puesto que están en su derecho.

Tan sólo propugnamos la eubolia, el mejoramiento de la comunicación y la economía de palabras, y subsanar, mínimamente, el maltrecho genio del idioma español.

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