EDITORIAL
Los inmigrantes no solo son parte de la fuerza laboral, por lo cual tienen poder adquisitivo, son parte de la estructura empresarial y comercial de Nueva York, pero ante todo son una potencial fuerza política, especialmente cuando adquieren su estatus legal y toman conciencia de la importancia de ejercer sus derechos como ciudadanos.
Nueva York es hogar de tres punto dos millones de inmigrantes y los informes de las autoridades locales evidencian su valía, pero también reflejan deficiencias en temas de salud. Conocer sobre la verdadera realidad de la situación de los inmigrantes es muy importante, no solo en términos de planificación a futuro, es importante para hacer cambios actualmente.
Sobre la salud de los niños, a pesar de que la ley estatal ofrece cobertura universal, existe un buen porcentaje de niños que no la tienen y ese es un tema de información, de educación. Ese es el gran tema que implica a los medios de comunicación, que necesitan incentivar más sus espacios para educar a la comunidad en temas trascendentales.
El espíritu de inclusión y la participación de la comunidad inmigrante en el Estado y en la Ciudad, son muy importantes en términos de progreso sostenible, pero los logros obtenidos para soñadores y beneficiarios del TPS, son insuficientes y solo demuestran la inexistencia o ineficiencia, de un liderazgo latino a nivel nacional, que no ha sido capaz de lograr una reforma migratoria integral.
Iniciativas que destinan más recursos para brindar servicios legales eficaces y gratuitos a los inmigrantes neoyorquinos, tienen que desarrollarse paralelamente a otras iniciativas que motiven la incorporación de los inmigrantes en términos culturales y ello no significa facilitar el ingreso a museos, si no de promover el aprendizaje del inglés.
El paternalismo termina por atrofiar ciertas capacidades de los inmigrantes y si por un lado es importante que los servicios y las herramientas se traduzcan a varios idiomas, es importante que sin importar la edad, todos los inmigrantes comprendan ingles, que es el idioma oficial de la nación y que si bien se pueden encontrar servicios y ayuda en los idiomas nativos, al momento de defender a la comunidad, de reclamar derechos, de luchar y sacar la cara por los latinos, es fundamental que sea en la lengua oficial de esta nación.
Si por un lado el Gobernador Cuomo y el Alcalde De Blasio desarrollan estrategias para proteger a los inmigrantes que son blanco de ICE y las políticas antiinmigrantes del gobierno federal, estas medidas locales también incluyen la seguridad ante los flagelos de las drogas, incluida la marihuana, la impunidad de las redes de prostitución y la protección a una serie de crímenes, que a nivel individual parecerían no tener importancia, pero que sumados entre sí, dan como resultado comunidades expuestas a una marcada violencia diaria.
Los inmigrantes, quienes ya soportan el peso de la inseguridad, deben combatir con un permanente ambiente de violencia, en calles, transporte público y en lugares de trabajo, hasta en los templos y casas de oración, que en la ciudad mayoritariamente se han convertido en lugares de protección a la mendicidad en la cual se camufla en muchos casos la delincuencia, particularmente las redes de distribución de drogas.
Es importante que se informe por todos los medios posibles, sobre las trampas y crímenes contra los inmigrantes en temas migratorios y que se ponga a su disposición abogados de inmigración en forma gratuita para asistencia legal, es un verdadero privilegio, que da muestra de la gran generosidad del pueblo americano con cuyos impuestos se cubren estos servicios, por ello los inmigrantes deben estar conscientes de lo importante que es aprender sobre esta nación para respetarla, para amarla y para no imponer sus costumbres, si no compartirlas en un ambiente de mutuo respeto y cordialidad.
Uno de los grandes problemas en Nueva York, es que estos aportes a centros comunitarios y organizaciones de base, son un arma de doble filo, ya que a cambio de los fondos para servicios que se les proporciona, se los utiliza como bastiones políticos y más en coyunturas como la actual. Las comunidades deben comprender y deben aprender a trabajar con quien realmente les apoye, sin necesidad de dar nada a cambio, el honrar los valores no debe estar a la venta. El clientelazgo es uno de los grandes cánceres de la política neoyorquina, que va a terminar por pudrirla y lo peor de todo, que va a corromper la verdadera perspectiva de servicio a la sociedad que debe primar entre los servidores públicos, aún más entre aquellos que son electos por voto popular.
El promover la protección a los inmigrantes es un tema de negocio, ya que los inmigrantes son mano de obra y son consumidores, que al sentirse seguros en sus comunidades pueden ayudar más y mejor a la economía local. Proporcionarles acceso a recursos legales que pueden ayudar a protegerlos contra el ICE es un tema positivo, cuando esos inmigrantes merecen, por integridad y talento, ser parte de esta sociedad.
La educación y la orientación son claves, promoviendo la diversidad cultural, que da fuerza a la comunidad latina, cuya inclusión económica y cívica es parte del empoderamiento de una comunidad que crece en número y que debe crecer en calidad.
El fortalecimiento de las protecciones a los trabajadores tampoco deben estar supeditadas al apoyo de los sindicatos locales, que en muchas ocasiones trabajan para garantizar el beneficio solo de un grupo, ellos deben, independientemente del apoyo a las autoridades, ser auditivos, ser investigados y verificar la transparencia de sus actividades.
La expansión de servicios de interpretación debe promoverse simultáneamente al incentivo de aprender inglés, que es importante para lograr acceso a beneficios de los cuales solo goza la comunidad anglo, como la educación superior y entrenamiento especializado en campos como ciencia y tecnología.
La lucha continúa, pero que su motivación no sea un político de turno en la Casa Blanca o en cualquier curul, si no el sentimiento auténtico de valoración al talento del ser humano, en beneficio y para dar vitalidad a toda la ciudad, a toda la sociedad estadounidense.


























