Alejandro Cervera: “La danza es un acto de comunión en la sociedad”

ENTREVISTA EXCLUSIVA

Alejandro Cervera
Alejandro Cervera es un reconocido bailarín, coreógrafo, y director argentino que ha explorado una variedad de estilos a través de su trayectoria.

El bailarín, coreógrafo, y director argentino, Alejandro Cervera, ha explorado una variedad de estilos y medios a lo largo de los años en frente de públicos diversos, haciendo realidad su sueño y deseo de inspirar a través de las artes.

Cervera desarrolló sus talentos en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, la Escuela de Danza Contemporánea dirigida por Oscar Araiz, y el Conservatorio Municipal “Manuel de Falla”, donde estudió música.

A lo largo de su amplia trayectoria, ha tenido roles directivos en el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, el Ballet del Sur de Bahía Blanca, el Ballet Oficial de la Provincia de Córdoba, y Prodanza.

Además, Cervera ha realizado obras para una multitud de compañías prestigiosas en teatros destacados, y ha trabajado con algunos de los bailarines y coreógrafos más reconocidos del mundo de la danza, como Renate Schottelius, Ana Itelman, Ana María Stekelman, entre otros.

Ahora, “Tango Vitrola”, su producción emblemática que tiene una extensa historia, ofrece una visión modernizada del tango que se centra en la igualdad de género y la conexión entre dos personas.

Más recientemente, Cervera adaptó ​​esta pieza con Ballet Hispánico y Works & Process en el Guggenheim para una presentación, conversación y celebración de danza social.

Alejandro Cervera
En una colaboración con el Ballet Hispánico y el Guggenheim, Cervera recientemente presentó su obra, “Tango Vitrola”.

En una entrevista exclusiva con Impacto Latino, Cervera compartió más detalles sobre su evolución artística y este proyecto colaborativo.

¿Qué te inspiró a convertirte en bailarín y coreógrafo?

-Yo tengo una formación musical muy temprana. Toco el piano, un repertorio clásico. Luego, vi de muy niño algunas obras de danza que me impresionaron mucho, que me empujaron a ponerme en el mundo de la danza, a tomar clases, a empezar a formarme.

Paralelamente, siempre estuve vinculado al mundo de la ópera, con lo cual también la danza tiene que ver en un sentido. Siempre estuve vinculado a los géneros escénicos, tanto en el caso de la danza como director de escena. Aprendí con mis maestros coreógrafos mientras era bailarín en el Teatro San Martín.

Existe una compañía de danza contemporánea muy sólida, de la que formé parte como bailarín y coreógrafo, y sigo siendo coreógrafo de esa compañía. Fui director también de esa compañía en algún momento, y allí los coreógrafos con los que trabajé me enseñaron mucho, y creo que fui muy arriesgado.

También, hice cosas comerciales y tuve experiencias en el cine. Así que, pude desarrollar un espectro bastante amplio de la actividad y eso me gusta mucho.

¿Qué desafíos sientes que has encontrado en el camino?

-El desafío siempre es lo que uno desea y lo que la realidad permite. Yo creo que el deseo hay que mantenerlo muy vivo, y cuando uno sabe qué es lo que realmente quiere, eso va a ser como una especie de motor. También, tiene que ser un deseo sincero, no porque es una moda que se puede vender, sino que es algo que de verdad uno puede sentir como una expresión profunda.

Luego, la realidad se va a encargar de que eso se pueda efectivizar o no. Entonces, allí hay una gran lucha entre la acción de uno como artista y las posibilidades que ofrecen las realidades, que son siempre muy diferentes. Es seguir adelante con ese deseo y tratar de que eso se consolide de la mejor manera, que la obra llegue al mejor puerto posible y que se desarrolle con la mayor felicidad.

¿Cuál fue la inspiración detrás de tu reciente pieza con Ballet Hispánico?

-Yo me sentí muy atraído por el tango en general, porque es una danza muy particular, aunque no la bailo. Cuando yo era chico, se bailaba en los clubes deportivos para esta época. En que llegan los carnavales, se hacían estos bailes donde se bailaba jazz y típica, que era el tango.

Entonces, yo veía a las parejas, y en realidad, veía a mis familiares bailar. También, se bailaba en las casas. Siempre me llamó la atención.

Luego, en los 80s, me puse a estudiar la técnica del tango y las combinaciones. Estaba en eso cuando tuve una beca para el American Dance Festival en el 1985 en North Carolina, y allí tenía algunos bocetos armados. Tuve la oportunidad de trabajar estos bocetos coreográficos con estudiantes, y lo presenté.

Así que, a mi vuelta a la Argentina, empecé a trabajar con esos bocetos, y los presenté a finales de 1986 con el nombre de Tango Vitrola. La obra tuvo mucho éxito aquí en Buenos Aires. Se montó en el Teatro San Martín, luego en el Teatro Colón, en México y después, me la pidieron distintas compañías en Estados Unidos, hasta que finalmente Eduardo Vilaró también me la pidió para el Ballet Hispánico.

¿Cómo se sintió poder colaborar con el Guggenheim en esta presentación?

-El Guggenheim es una de las obras arquitectónicas más emblemáticas de Nueva York, y a mí también me interesan mucho las artes plásticas. [Era] un gran honor por un lado, que el Ballet Hispánico retome esta obra, y por otro lado, que se hiciera en un sitio icónico de Nueva York como es el Guggenheim.

¿Qué consejos darías a bailarines o coreógrafos emergentes?

-Hay que ser sincero y respetar el deseo. Hay que salir a luchar, a encontrar las personas, el equipo productivo, una producción, y espacios. La danza yo creo que es básicamente un acto público, donde hay algunas personas que se mueven, y otras que miran y que disfrutan. Es un acto de comunión en la sociedad. Tiene ese gran poder de convocatoria entre los artistas y los que miran. No hay que olvidarse del público y también pensar que las obras tienen que poder llegar, conmover, interesar y despertar emociones.

Alejandro Cervera
Cervera ha trabajado con algunas de las figuras y compañías más icónicas de la industria y en los teatros más emblemáticos, como el Teatro Colón.
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