Más que la toma de poder del presidente Joe Biden, hoy debe comenzar una nueva era. El 46 presidente de los Estados Unidos enfrenta una tarea gigantesca, pero esa tarea no es de Joe Biden solamente, no es de Kamala Harris, no es de su equipo de gobierno, ellos son la herramienta, esa tarea es nuestra, del pueblo norteamericano, “we the people”.
Las medidas que el nuevo gobierno tome dependen de nosotros.
¡Cuánto dolor se pudo haber evitado! Las cuatrocientas luces prendidas ayer en el corazón eran prueba de un nuevo amanecer, una luz regresaba para recordarnos aquellos que hoy no pueden acompañarnos ¡Cuánto dolor se pudo haber evitado!
¡Cuántas vidas se pudieron haber salvado si hubiéramos tomado la responsabilidad en nuestras manos –el gobierno en las suyas, nosotros en las nuestras!
El lavarse las manos por una vez no era eludir nuestra responsabilidad, era asumir nuestra responsabilidad, el mantener distancia no era aislarnos de nuestros amigos, era respetar a nuestros amigos, el usar una máscara no era para ocultarnos, era para devolver la sonrisa a nuestros hijos.
No es tarea fácil la del nuevo presidente, cambiar una conducta, y una conducta no se cambia con un decreto o con represión, se cambia sumando uno más uno, se cambia en el diálogo, se cambia cuando se asume la responsabilidad para construir una nueva era.
11 millones hoy respiran, y a sus casas regresa la esperanza. ¡Cuántas noches en vela se pudieron evitar, cuántas lágrimas se pudieron evitar en los rostros de nuestros hijos, cuántos sueños fueron destruidos!
Hoy comienza una nueva era, pero no se debe olvidar el pasado para que nunca más, nunca más los agentes de ICE se lleven a una vendedora de dulces frente a un colegio en Brooklyn, frente los ojos de los niños que no entendían el porqué se la llevaban, a ella, la vendedora de dulces, la que quitaba la amargura de sus bocas, a ella, la que junto a un dulce entregaba de llapa una sonrisa.
Hoy comienza una nueva era. Biden hace renacer la esperanza, nosotros debemos devolver el sabor dulce a la boca de nuestros niños, alimentar su sueño para que, al salir de una escuela, de un liceo, de una universidad, se enfrenten sonriendo a la vida.
Hoy, comienza un nuevo gobierno, un nuevo gobierno que se ve multicolor, pero el racismo continúa escondido en la mente de muchos, ese racismo al que durante cuatro años se le dio permiso de manifestarse, de pasearse con banderas, de golpear contra el pavimento al afroamericano, al de la piel canela, al de la piel del color de la miel, ese racismo que hiere el alma, el alma del niño y el alma de los padres.
Hoy debe comenzar una nueva era en que expliquemos, entendamos por qué el racismo no tiene cabida en nuestra sociedad, por qué es inhumano, por qué es la peor peste, aquella que envenena con el ejemplo, aquella que se manifiesta en la mesa familiar.
Enorme tarea tiene Joe Biden, y no se trata de los cuatro años del gobierno anterior, se trata de los siglos en que permitimos que el racismo envenenara América, América y el mundo, pero no es solamente tarea de Joe Biden o Kamala Harris, es tarea de cada uno de nosotros el combatirlo en la mesa familiar, es tarea de cada uno de nosotros el apagar la chispa antes de que se transforme en un incendio.
Hoy, cuando la democracia estuvo en peligro, cuando vivimos en carne propia la muestra del terrorismo doméstico, cuando se asaltaron el Capitolio y nuestros derechos, cuando una incipiente dictadura afloró en América debemos alegrarnos del triunfo de la democracia sobre el aprendiz de autócrata, del triunfo de la esperanza sobre el odio.
Hoy es un día de alegría, un día que debe marcar una nueva era, ¡qué enorme tarea tenemos por delante! Sobre todo por lo que la peste sigue agazapada, por lo que el autócrata sigue agazapado, el racista sigue agazapado. Mas teniendo todo ello en cuenta, es un día de esperanza.
Las cuatrocientas luces que se iluminaron anoche indican la transición entre el pasado inmediato, el lejano y una nueva era si somos capaces de asumir nuestra responsabilidad: hoy no asume el poder el 46 presidente, hoy lo asumimos todos.
Bienvenido presidente Biden, bienvenida vicepresidenta Harris, bienvenidos Juan, Pedro, María, John, Peter and Mary. La nueva era depende de ustedes, depende de ti, de mí, de nosotros. Así lo espero.


























