
Si el periplo de Bill de Blasio a Iowa no es personal o de negocios, es porque es político. ¿Pero qué tiene que ser el alcalde de Nueva York, recién reelecto, en tierras otrora de Siouxs y Cheroquis, hoy poblado en 91 por ciento por blancos?
En Nueva York se ha constatado inacción de algunos departamentos de la ciudad en la contaminación con plomo de algunos vecindarios. Asimismo, hay una disputa bizantina entre el alcalde y el gobernador Andrew Cuomo por el manejo de la MTA.
El resultado de estas desavenencias: pésimos servicios (culpa del gobernador) e igualmente manifiesta falta de seguridad policial (culpa del alcalde).
Por estas desavenencias, hay escasa o nula coordinación entre las agencias de la ciudad y del estado para afrontar problemas en común que afectan directamente a los residentes.
Sucede, por ejemplo, que hay organizaciones sin fines de lucro (non profits) que solo pueden coordinar y operar si reciben aprobación de la ciudad, y otras que solo lo hacen con la bendición del estado.
De esta forma en una coincidencia de objetivos, por ejemplo, en mantener la ciudad como santuario se denota un divorcio de hecho entre el estado y la ciudad, o la ciudad y el estado.
En este marco, los agentes de la ‘migra’ actúan por doquier como si nadie les prohibiera el paso. ¿Y el alcalde?
En Des Moines, ‘ayer’ en San Francisco,’antier’ en Chicago ¿Está yendo Bill de Blasio demasiado lejos, tan pronto? Acaba de ser reelecto, y sería bueno recuerde que aún le quedan cuatro años por delante (que empiezan recién a contarse desde enero).



























