En sociedades profundamente machistas en que tradicionalmente a la mujer se le asignan roles supuestamente secundarios, las tareas del hogar, cocinar, limpiar, lavar la ropa, cuidar los niños, un "los niños" que comprende a "las niñas", puesto que hasta en ello predomina "lo masculino", donde el hombre representa el sustento del hogar, aquel que lleva las riendas, el que gobierna, los derechos de la mujer pasan ante todo por lograr la independencia financiera.
En el intertanto deben cuidarse de la violencia intrafamiliar, esa violencia que acompaña la pobreza, los celos por el éxito de la mujer por sobre el de su compañero, esa violencia que desemboca en tantos feminicidios, noticia casi insignificante por lo cotidiana en los periódicos de nuestros países, "mujer muere asesinada por" ...
Derechos violados por no ser reconocidos, la violación siendo niñas, la violación siendo estudiantes, la violación en manos del marido, la violación en manos del patrón en los campos, donde aún se practica, sin decirlo, el derecho a pernada, la violación en una fiesta, la violación a cambio de una mejor nota o un ascenso, la violación por un mejor rol en una obra, la violación en manos de la autoridad, en las cárceles, en los centros de detención, llámense estos orfanatos, refugios para mujeres abusadas, centros de ayuda, llámense casas, departamentos, carpas en las calles.
Cuando el derecho a huir les está negado, y, "¿a dónde?, ¿quién me protegerá en una sociedad que es cómplice?"
Una vez dado el primer paso: decir basta, no soportar una nueva injuria, un nuevo moretón, un nuevo pisotón a su dignidad, viene la lucha por no depender de nadie, ni económicamente, ni moralmente, ni espiritualmente.
La lucha por un trabajo digno, por un salario digno, por una vida digna, pero vivimos en una sociedad acostumbrada a valorar en menos a la mujer y por lo tanto sus capacidades, --puede hacer el trabajo, pero el salario no será el mismo de aquel que por derecho divino, por derecho propio, es superior--, aunque lo último no se dice, se practica, pero no se dice.
Baste ver los salarios en las corporaciones, en los centros de trabajo, en las escuelas, en las universidades, etc., donde no solamente se les paga menos, se les exige el doble de trabajo para conservar el puesto. ¡Generosa dádiva del sistema!
¿Solución? No la hay, es la vida misma, así lo ha sido desde el comienzo de los tiempos.
¿No la hay? Falso, es lo que nos quieren hacer creer. La hay en las mujeres violadas en Guatemala que se unen para hacer teatro y denunciar a sus agresores, en las mujeres campesinas en Argentina que se unen para cosechar los frutos de la tierra, frutos que ellas plantaron, y hacen conservas que luego comercializan, en las mujeres en Chile que dicen Basta y ocupan el espacio público, en las mujeres del Nunca más en los Estados Unidos, pero ojo, no se trata de un tipo de violación, se trata de la violación de todos los derechos, el derecho a la igualdad, a gobernar, a establecer reglas de convivencia, al tiempo libre, a la felicidad, a elegir compañero o compañera, a estudiar, a sentarse y observar cómo el marido hace su parte de las tareas del hogar, al derecho a responder a un paternalista "¿en qué te puedo ayudar?" o un "¿necesitas ayuda?" con un "¡carajo!, haz la parte de las tareas que te corresponde".
A que la mujer, cuando el hombre habla, sea presidente o escritor, no esté parada como un poste, falsa decoración, sonrisa fija, dos pasos más atrás, quizás pensando en qué momento dirá "¡carajo!" dé tres pasos adelante.
Y si escribo esta columna es por lo que esta mañana leí en "El País", España, un artículo que decía: --"El hambre y la pobreza tienen cuerpo de mujer: el feminismo campesino da sus primeros pasos en Argentina. La desigualdad de género es más profunda en las zonas rurales"-- y pensé. siempre es más fácil hablar de otros países que aceptar la realidad en el nuestro, o como escribió Mateo, "es más fácil ver la paja en ojo ajeno, que la viga en el nuestro".
Dicho esto, puse punto final a este artículo, tomé el aspirador y comencé a limpiar la casa.
* Escritor, poeta, dramaturgo y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.


























