A portarse bien

Una creativa publicidad de una abogada dice: "El Presidente Trump quiere que todos seamos ciudadanos americanos y residentes legales".

Una actitud positiva ante los cambios legales que el nuevo gobierno de Estados Unidos está provocando desde la presidencia, para cumplir primeramente con sus ofertas de campaña y no defraudar a quienes lo respaldan.

La guerra estaba declarada desde aquellos días en que la gran mayoría de latinos realmente no consideraba la candidatura de Donald Trump en serio. Ha llegado el momento de pelear las pequeñas batallas, en las cuales, como se está demostrando, no es suficiente con ser residente legal e incluso ser ciudadano.

En la historia de Estados Unidos existen innumerables casos en los cuales han sido expulsados notables pintores, artistas, científicos, etc. incluso teniendo la ciudadanía.

No hace mucho la periodista peruana Vicky Peláez, fue acusada de espionaje y se removió su ciudadanía, sin tener en cuenta ni siquiera que era propietaria de bienes raíces, los cuales fueron expropiados.

Casos sonados como los del comediante Charles Chaplin, a quien posteriormente se le levantó el castigo o el del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, quien durante la Guerra Fría pagó sus coqueteos con regímenes de izquierda.

Estados Unidos ha demostrado su poder y en una ocasión le negó la entrada a un presidente que pretendía asistir a la reunión anual de Naciones Unidas. Así es de poderoso este país el momento en que decide ejercer su soberanía.

Cuando los viajeros solicitantes reciben la visa en sus países de origen, desde hace varias décadas ya, consta la información en que claramente se indica que no por poseer una visa, existe garantía de ingreso a Estados Unidos, ya que la última palabra la tienen los inspectores en el puerto al momento de la llegada.

Para ganar las batallas hay que tener bien claras las reglas del juego y conocer bien el terreno en que se realizará. Por esto, es bien importante que todos los inmigrantes comprendan que no por tener una visa, ni una tarjeta verde, ni siquiera con la ciudadanía, incluso la de nacimiento, existe garantía de que las personas pueden ser removidas de este territorio, como simplemente se dice: ser deportadas.

Si bien las estadísticas demuestran que históricamente el Presidente Obama es el mayor deportados de todos los gobiernos, por el momento, los cambios realizados ya por el actual presidente, están produciendo efectos.

Se debe reconocer que debido a la polarización de tendencias e ideologías a nivel nacional y mundial, el tema migratorio está siendo abordado como una palanca de lucha política.

Cuando Obama deportaba a miles no había tanta cobertura de los medios, pero ahora un buen porcentaje de la población, especialmente en ciudades y estados con una tradición de acogida a los inmigrantes, las alertas están totalmente encendidas y los radares trabajan a toda marcha.

Esto es por un lado positivo, porque al estar en alerta se pueden tomar medidas, pero es negativo porque definitivamente es una situación desgastan emocional, sicológica, económica y anímicamente.

La comunidad latina está reaccionando positivamente en la medida que ha desplegado, desde varios frentes, una serie de campañas informativas, educativas, foros, diálogo. Por así decirlo el "fenómeno Trump" incluso ha generado una aproximación entre países y comunidades, que si bien está lejos de ser parte de un saludable y necesario proceso de integración, es una manera de identificar a un enemigo común, amenazas comunes reales y reconocerlos como elementos unificadores.

Sinceramente esperamos que este proceso unificador no sea de momento y ante las circunstancias amenazantes. Ya es hora de que dejemos de ser "llevados por el mal".

Abogados especializados han alertado a residentes de no viajar si tienen alguna falta, aún cuando sea menor, incluso el tema de los tatuajes se ha puesto sobre la mesa, como uno de los elementos que identifica a los individuos que pertenecen a agrupaciones criminales y fueras de la ley.

Ya están ocurriendo casos de soñadores deportados, deportados sin récord criminal, deportados residentes, residente negados de entrar, que es mucho más grave que el tema de los países vetados a ingresar o del cierre de puertas a los asilados.

Estamos hablando de inmigrantes que ya se han legalizado, o de otros que se registraron para recibir una protección legal, sin embargo el tema migratorio no deja de tener un matiz racista.

Cuando revisamos los porcentajes, cifras y estadísticas, comprendemos mejor las razones del rechazo a los inmigrantes mexicanos. Son muchos, están junto, pero sobretodo, son excelentes trabajadores, más eficientes que afro-americanos y que los mismos americanos en términos de resistencia, manejo de relaciones públicas, hospitalidad.

Una cultura milenaria, poderosa, imponente, con raíces profundas no puede menos que causar temor en una sociedad que está muy consciente de que ha sido construida sobre los vestigios de otras culturas nativas y ha sido construida por inmigrantes.

Lo que ahora queda como opción es portarse bien, no alcoholizarse, no cometer faltas, pagar el pasaje en trenes, autobuses, respetar la fila, no discriminar en los trabajos a personas que no son del mismo país, no imponer costumbres, gustos musicales o gastronómicos.

Estrategias más inteligentes, como "enamorar con nuestras culturas" van siempre a dar buenos frutos, pero lo más importante es portarse bien, porque al más pequeño error las cabezas volarán y no se libran ni residentes ,ni naturalizados ciudadanos.

¡Ahora si, llegó la hora de portarse bien!

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