¿A dónde vamos? Lenguaje inclusivo, violencia e inteligencia artificial

En un pestañear de la historia vamos pasando de momentos de esperanza a momentos de temor y desconcierto.

El panorama del mundo cambió, se habló de lenguaje inclusivo, y las voces se levantaron con pasión, unas defendiendo derechos, otras defendiendo el statu quo. Los parches que ocultaban la herida cayeron y la profundidad de la herida apareció frente a nosotros. Horas, días, semanas, meses, años de negar a la mujer su derecho a la igualdad, a ser consideradas a parte entera y no como apéndice. Siglos de violencia patriarcal.

En poco tiempo, el cambio abrió su camino; incapaces de detener el avance de la igualdad, se concedió para no cambiar, todo parecía dirigirse a un momento de esperanza.

La esperanza se paseó por las calles del mundo. Los de abajo, los huérfanos de fortuna, los olvidados por la suerte --puesto que salir del olvido era suerte y no justicia-- se sacudieron el polvo de la historia, comenzaron a caminar por los caminos polvorientos, creyeron en una mejor vida y sonrieron.

La sonrisa congeló la risa satisfecha de los mercaderes, la esperanza se hizo valer, en algunos casos se tomó el poder, se crearon doctrinas, preceptos, reglas de justicia. La equidad comenzaría a sacudir el barro, a despejar caminos, se podría caminar libremente, seguramente. El derecho a la vida regresaría a las calles, a los mercados de hortalizas, al campo, a los bosques, a los lagos, a los ríos. Ríos de gente marchando, exigiendo y arrastrando fuera del poder al mal gobernante.

Y de repente, súbitamente, en el lapso de uno o dos gobernantes, la esperanza se apagó, la venda que cubría la herida cayó y la desigualdad afloró haciéndose insoportable. 

Los nubarrones de la violencia se expandieron por el mundo; ya no fue posible salir a las calles sin temor, dejar jugar a un niño sin temor, ir al trabajo sin temor a no volver, ir a la escuela y regresar vivo, ir de compras y regresar vivo, ir a un concierto y regresar vivo, respirar el aire puro y no el aire enrarecido por las drogas, o simplemente el poder decir lo que se piensa sin terminar en la cárcel o el exilio.

Nadando entre un mundo de cambio y esperanza comenzamos a temer. Un gatillo hizo escurrir la vida en el efímero resplandor de la bala asesina, en el canto de la muerte.

Y en este panorama, ¿a dónde vamos?, soy, quien quiera que sea, soy, y el idioma es nuestra expresión, nuestro compañero; el idioma se llamó lengua y arremangó sus faldas para poseernos en todo su esplendor, para respondernos en su sabiduría..

Pero en un nuevo pestañear una nueva fuerza irrumpió, el mercado habló, el conocimiento se hizo insoportable, nos transformamos en dioses, pequeños dioses no acostumbrados a ser dioses.

La voz de las deidades surgió de las máquinas y se rio de nosotros: o se adaptan o pasan a ser pasantes, o aprenden a navegar o la ola los arrastrará.

“O nos dejamos absorber o nos devorará. ¡Lengua, justifícanos!”, clamaban al cielo los antiguos sacerdotes. “La Biblia, reencontrar el manuscrito perdido”, clamaron con temor y desconcierto mientras la historia renacía en nuestros dedos, el poema renacía en nuestros dedos, las reglas se deshacían entre nuestros dedos, las reglas se escurrían en un abrir y cerrar de teclas.

¿A dónde vamos?, lengua, mi lengua respóndeme.

¿A dónde vamos?, democracia respóndeme.

¿A dónde vamos?, hombre respóndeme.

Hoy, en un teclear de ojos, en un suspiro de votación, un remedo de democracia, transité de la esperanza al temor; temor al autócrata, al dictador, al gobernante.

Nuevamente, ser humano descarrilado, invadido por la duda, le pregunté a la fuente inagotable del saber ¿a dónde vamos?, y encontré la respuesta:

“como modelo de lenguaje, de inteligencia artificial, no tengo la capacidad de responder en el sentido tradicional, ya que no soy una persona real y no tengo opinión ni sentimientos. Mi objetivo es proporcionar información precisa y útil a los usuarios, por lo que es importante corregir cualquier error o inexactitud que se presente.

Si tienes alguna otra pregunta o duda, no dudes en preguntarme. Estoy aquí para ayudarte”.

Reasegurado, corté la corriente.

En la noche, una pantalla sonriente volvió a iluminarse.

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