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Actualmente es imposible que el regimen de Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chávez en su proyecto revolucionario, pueda ocultar la crisis de Venezuela, la cual no se limita a lo económico y que ha cobrado graves matices sociales y humanitarios, manteniendo elevados niveles de violencia.
El incremento de las protestas populares masivas es resultado de la frustración de las grandes mayorías afectadas por la carestía de productos de primera necesidad, medicinas, electricidad, servicios básicos, que han movido mayoritariamente a que el pueblo venezolano busque la renuncia de Nicolás Maduro.
Si bien las elecciones legislativas a finales del 2015 fueron un gran triunfo para los venezolanos, que buscan desesperadamente terminar con un gobierno que ha demostrado ineficiencia absoluta ante una crisis que empeora diariamente, es poco probable que el proceso legal mediante referendo llegue a su fin antes de las nuevas elecciones presidenciales y el regimen de Maduro ha tomado precauciones controlando al Consejo Nacional Electoral y la Corte de Justicia de Venezuela.
En febrero la legislatura venezolana se rehusó a otorgar poderes especiales a Nicolás Maduro por la crisis, pero la Corte de Justicia indicó que Maduro no necesita la aprobación de la legislatura para ejercerlos durante dos meses, con lo cual, una vez más, queda claro el rol de la justicia venezolana.
El sucesor de Chávez continúa promoviendo la violencia entre venezolanos y ha llamado a sus seguidores a iniciar una rebelión si la oposición logra revocar su mandato, en clara demostración de que no está dispuesto a dejar el poder en forma pacífica, a pesar de que el pueblo venezolano y la comunidad internacional guardan la esperanza de que se logre una transición como en Argentina, sin necesidad de que explote oficialmente una guerra civil que en muchos aspectos realmente ya ha iniciado.
La obsesión de Estados Unidos hacia la apertura de relaciones con Cuba, ha dejado de lado la crisis fiscal de Puerto Rico y en total abandono la grave situación de Venezuela, ocultada mediáticamente gracias a las estrategias de los gobiernos afines, que se aferran al poder y quieren aparentar una estabilidad interna que no existe y un sistema democrático que hace tiempo fue desmantelado.
Muy a su pesar cambios importantes están en camino en Brasil y los gobiernos de tendencia chavista como el de Evo Morales en Bolivia, el de Rafael Correa en Ecuador y el de Daniel Ortega en Nicaragua saben que tienen las horas contadas y que tarde o temprano deberán abandonar el poder.
La crisis en Venezuela ha cobrado la atención incluso del Papa quien ha enviado una carta personal a Maduro, cuyo contenido no ha sido divulgado, pero el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi indicó que el nuncio papal en Caracas, Aldo Giordano se ha ofrecido como mediador y es bien conocido el rol del Papa apoyando a Cuba, visitando a Ecuador y Bolivia, sin una defensa efectiva a las víctimas del totalitarismo y represión en esos país, por lo cual su intervención no garantiza nada.
Desde esta tribuna hacemos votos para que la transición política de Venezuela se produzca de forma civilizada y pacífica, para que no se derrame más sangre inocente en las calles y para que paulatinamente retorne una auténtica democracia al continente.


























