Enfrentando la realidad

EAG02. San Bernardino (United States), 04/12/2015.- A sign for Annie's Get Your Gun store, in Corona, California, USA, 04 December 2015. Annie's Get Your Gun store is where the San Bernardino mass shooters reportedly legally purchased some of their firearms. The shooting, carried out by husband and wife Syed Farook and Tashfeen Malik, at a government building in nearby San Bernardino, California, left 14 people dead and 21 wounded. (Estados Unidos) EFE/EPA/EUGENE GARCIA

El asesinato masivo en San Bernardino California no solo ha motivado la controversia nacional sobre terrorismo y portación de armas, atisbada por la coyuntura electoral. Sobretodo ha confrontado al gobierno en sus diferentes ramas a una realidad ineludible: la presencia de terroristas dentro del país.

El candente tema topa aspectos tan sensibles como la inmigración, mientras la tendencia generalizada es de rechazo a la inmigración ilegal, la información oficialmente confirmada indica que los terroristas son ciudadanos o residentes legales del país. Esta circunstancia promueve una gran reflexión sobre el enfoque de la política migratoria nacional. Mientras una gran mayoría de inmigrantes latinoamericanos llegan a Estados Unidos huyendo de la pobreza y el desacierto político, muchos extremistas tienen mayores y mejores condiciones para legalizarse y realizar ataques desde dentro de la propia estructura estadounidense, que por otro lado le niega todo derecho a gente humilde cuyo único objetivo es trabajar y ganarse dignamente el pan.

Por otro lado existe una gran indignación sobre las políticas de control de armas que actualmente permite a los civiles adquirir legalmente armas diseñadas específicamente para matar a la gente con rapidez y eficacia brutal, armas de guerra comercializadas libremente en tiendas y ahora con mayor frecuencia por internet.

Hay una fuerte critica a los oficiales electos que por un lado ofrecen oraciones por las víctimas de armas de fuego y sus familias, pero que no hacen nada para restringir, mejorar o perfeccionar estas leyes que en grandes potencias mundiales como el Reino Unido, Japón, Australia, por mencionar unos pocos, tienen mejor funcionamiento y garantizan el bienestar y seguridad de sus ciudadanos.

Ojalá la presencia lega de terroristas, radicales y fanáticos islámicos, motive a una mejor regulación sobre la adquisición y postración de armas, uno de los meas peligrosos enemigos de la paz y la salud pública de Estados Unidos. No se trata de profundos cambios constitucionales ni de suprimir la Segunda Enmienda, sino de regularizar y delimitar claramente quién puede, sobretodo, adquirir y usar armas de alto alcance.

Ciertos tipos de armas, como fusiles de combate y ciertos tipos de munición deberían ser prohibidos para la población civil. La cultura de violencia parece comandada, dirigida y patrocinada por el Estado y marca todos los estamentos sociales, promoviendo una mentalidad de alerta permanente que por otro lado contrasta con la ineficacia de los servicios de seguridad nacional a quienes se les han escapado, a pesar de sus sistemas tecnológicos, el rastrear a parejas como los radicales asesinos de San Bernardino o los hermanos que perpetraron el atentado en la Maratón de Boston.

Es indispensable establecer categorías de armas, definirlas de manera clara y eficiente, reflexionar sobre la preservación de las especies animales.

La industria de fabricación de armas es más grande y poderosa que la de producción internacional de drogas y su poder de trabajo en las esferas políticas es conocido, sin que por ello la mayoría de estadounidenses cierren sus ojos a la realidad, que exige más que nunca enfrentarla y exigir acciones concretas por parte de los líderes políticos.

 

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