La tendencia mundial enfoca a la diversificación, a la inclusión y a la valoración del talento y capacidades humanas por encima de nacionalidades, razas y lugares.
En una sociedad evolucionada que comprende sus responsabilidades compartidas por el bienestar de todos los habitantes del planeta, es fundamental la defensa de los Derechos Humanos, las libertades civiles, el respeto a la vida en sus diferentes manifestaciones, humana, animal, vegetal, la defensa de la democracia y el respeto a la integridad física, moral y espiritual de todos.
En esta perspectiva lamentablemente en Estados Unidos la coyuntura política ha generado un fenómeno promovido por retrógrados que a fin de lograr publicidad se han dedicado a atacar a comunidades que por derecho propio, mediante trabajo y esfuerzo, son parte de la estructura social, económica, política y cultural de la nación.
En esta perspectiva el apoyo de ciertos líderes a estos promotores del odio, la violencia verbal y física contra la comunidad hispano-hablante, es un síntoma de la mala estructura interna en las organizaciones, que han permitido el monopolio de unos pocos quienes han perdido el horizonte y lo más importante han debilitado el sentimiento de unidad que es la mejor garantía para el progreso y bienestar.
Parte de este resquebrajamiento en la comunidad hispana se debe a la falta de conocimiento de las realidades históricas, geográficas y a la poca educación sobre los aportes numéricos e intangibles de los inmigrantes. ¿Por qué tanto odio a los inmigrantes hispanos en una sociedad llena de inmigrantes de todos los confines del planeta?
Los medios de comunicación nos enfocaremos en continuar resaltando los aportes positivos, los talentos humanos, las conquistas empresariales, avances culturales, retos educativos y propuestas de debate civilizado, para apoyar al crecimiento de nuestra comunidad.
Esta facturación social parece que se ha convertido un mal endémico, que encuentra en el campo de batalla político un buen terreno de siembra y cuyas repercusiones desastrosas no tardarán en cosecharse, pero lo más triste es que a nivel regional el divisionismo, sectarismo y defensa de proyectos individuales va cobrando fuerza, destruyendo el ideal de integración por el cual se ha trabajado y luchado durante décadas.
Quisieramos creer que la organización de actividades masivas como desfiles, festivales y eventos ayudarán a la comunidad, pero en la práctica sabemos que cada vez más la comunidad hispana se fractura debido a los intereses personales, a la falta de proyección al futuro, a la falta de preparación y a la improvisación en asuntos que requieren seriedad, integridad y profesionalismo, pero ante todo la falta de solidaridad, especialmente ante causas justas.
La comunidad hispana está muy confiada en el crecimiento de su presencia, la cual se limita al crecimiento numérico, pero está descuidando mucho la preparación para afrontar nuevos retos a nivel de tecnología, integración, desarrollo sustentable, educación y participación política.
Existen tantos aspectos para trabajar que no puede considerarse sino inconcebible que en medio de este panorama se apoye propuestas retrógradas, xenofóbicas, intolerantes y discriminatorias.
Desde esta tribuna hacemos un llamado a la unidad de los hispanos, a la defensa de valores superiores encaminados al bienestar y crecimiento de toda la comunidad latina, hermanada por raíces, retos y esperanzas comunes.
Ojalá que la pronta visita de uno de los más apreciados líderes espirituales que tiene la humanidad actualmente, sirva para reflexionar y cambiar positivamente actitudes, acciones y tendencias.


























