
Julio para nosotros los peruanos no es cualquier mes. Es el mes de ponernos la camiseta, sacar la bandera, cantar el himno a grito pelado… y, claro, preparar una buena causa (¡y no me refiero a hacer el bien, aunque también vale!).
Un 28 de julio de 1821, el general don José de San Martín se paró firme en la Plaza Mayor de Lima y soltó la bomba:
“El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende.
¡Viva la Patria! ¡Viva la Libertad! ¡Viva la Independencia! ”
¡Y ahí nació nuestra patria libre, aunque la cosa no fue tan sencilla como parece!
Detrás de esa historia épica de independencia hay un capítulo no tan conocido, pero igual de sabroso. Porque sí, compadre, resulta que la comida también tuvo su papel en la libertad del Perú. Y en especial, la causa limeña. Así como lo lees.
Corría principios del año 1821 y en la capital del virreinato del Perú ya se respiraba la ansiada libertad. Los peruanos, ya cansados de los abusos de la corona española, conspiraban contra el Virrey José de la Serna y esperaban noticias de la expedición libertadora del general don José de San Martín.
Los patriotas se juntaban en secreto para planear los últimos detalles que nos darían la independencia, pero se necesitaba dinero, mucho dinero. Y fue entonces cuando las patriotas limeñas sacaron su mejor sazón del delantal: no tuvieron mejor idea que preparar un sencillo platillo a base de papa (que, por cierto, es originaria del Perú) y ají para venderlo y así recaudar fondos para la causa.

La causa, esa patriota silenciosa
Cuentan —y mira, esto no lo encontré en ningún libro de historia, pero me lo contó una viejita sabia— que cuando el ejército patriota estaba más pobre que charango sin cuerdas, las mujeres que acompañaban a los soldados hacían magia en la cocina para darles de comer y, de paso, juntar platita para apoyar “la causa”.
¿Y qué hay en abundancia en Perú? Papa, ají amarillo y limón. Listo. De esa combinación salió una masa fría que rellenaban con lo que se pudiera encontrar en el momento: pollo, pescado, verduras, mariscos, hasta aire con esperanza si no había otra cosa. Y salían a venderla gritando por las calles:
"¡Apoyen la causa de la Independencia, apoyen la causa de la Independencia!" Y así fue que este plato terminó llamándose causa. Mira tú qué historia tan bonita: un humilde plato que nació de la lucha, la escasez, el ingenio... y el hambre. ¡Y nos ayudó a ganar nuestra ansiada Libertad!
Por eso en el himno nacional del Perú, cantamos: Somos libres, seámoslo siempre… por que nos costo, sangre, sudor y una rica causa.

¿Y cómo se prepara esta maravilla?
Mira, no te voy a soltar una receta al estilo MasterChef, pero sí te doy la ruta básica para que te animes. Solo ojo, porque esto no es puré cualquiera:
1. Confite de Ají amarillo: 6 ajíes amarillos (lo encuentras en los mercados latinos, sorry no se pueden reemplazar por otro tipo de chiles) bien limpiecitos, sin pepas. Los sofríes en aceite con cebolla roja y ajo por unos 30 minutitos a fuego bajo. Luego los licúas y te sale una cremita amarilla que es oro puro.
2. Papa: Que sea Idaho o papa amarilla si la consigues. La pelas, la hierves, las secas y la haces puré (sin grumos, por favor).
3. Sazón: Le mezclas el ají hasta que quede con ese color amarillo intenso, le echas sal y limón al gusto. Al final, un buen chorro de aceite y ¡a la refri toda la noche! O por lo menos hasta que esté bien fría, dura y seca. Como la ex suegra Paty…. jajajajajajaaa
4. Montaje: La masa fría ya está lista para moldear. Puedes en un molde de metal hacer capas como si fuera lasaña peruana: papa, palta o aguacte, relleno, y otra vez papa. O bolitas gourmet si te quieres lucir.
Esta vez me animé por unas bolitas de causa rellena de pollo con quinua tricolor, manzana verde y mayonesa con aioli de palta, microgreens y sweet drops. Una presentación bien fresh para un mes que ya se siente como el infierno de caliente.
Tu el relleno se puedes hacer con lo que se te ocurra y guste, camarones, pulpa de cangrejo, pulpo, atún, salmón, ají de gallina, lomo saltado, pollo a la brasa, vegetariana, tofu, mole, etc, etc.
Así que ya sabes. Julio no solo es el mes de la bandera y la independencia. También es el mes para recordar que, mientras los próceres luchaban por la libertad, había mujeres peruanas que se inventaban platos para alimentar la esperanza.
¡Y qué suerte la nuestra esa causa… se quedó para siempre en nuestras mesas!
“La comida es como la música, las mejores piezas se comparten…”
¡PROVECHO!
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