Por Karina Borodnikoff
IMPACTO LATIN NEWS
Aún, en el siglo XXI, se deben hacer nuevas leyes y fortalecer las vigentes para que ciertos sectores de la sociedad entiendan que violar, abusar, maltratar y ejercer cualquier tipo de violencia contra niñas y mujeres son crímenes aberrantes, inaceptables.
Que el respeto hacia las mujeres tenga que ser impuesto por leyes más duras (lo que hace que los violentos sean más cuidadosos para esconder sus crímenes, en todo caso, o que permanezca una tensión solapada con fugas en diversos ámbitos y escenarios de la vida cotidiana) es necesario pero absolutamente insuficiente. Esto nos ubica frente a un fracaso cultural de un tema que, por momentos, solo parece haber superado la barrera de la retórica. Es difícil encontrar, sobre todo en occidente, instituciones estatales, políticos, personalidades destacas de la cultura, centros educativos, entre muchos otros actores sociales, que se atrevan a elaborar un discurso machista o misógino.
Sin embargo, teniendo en cuenta el nivel de agresión ejercido contra las mujeres, deberíamos dejar de enfatizar en los avances en materia de género y enfrentar las inaceptables fallas de un sistema que sostiene discursos con corrección política pero falaces al contrastarlos con el mundo real. Uno de los últimos informes de las Naciones Unidas asegura que hasta el 70 % de las mujeres experimenta violencia en el transcurso de su vida. A nivel global, una de cada cinco mujeres será violada o sometida a un intento de violación.
En el mundo, cerca de 140 millones de niñas y mujeres han sufrido la mutilación/ablación genital femenina. Entre 500 mil y 2 millones de personas son traficadas anualmente en situaciones que incluyen prostitución, mano de obra forzada, esclavismo o servidumbre. Mujeres y niñas suman alrededor del 80 por ciento de las víctimas detectadas.
En los países de la Unión Europea, entre un 40 y un 50 por ciento de las mujeres sufren insinuaciones sexuales no deseadas, contacto físico u otras formas de acoso sexual en el trabajo
En Estados Unidos, el 83 por ciento de las niñas entre 12 y 16 años ha experimentado alguna forma de acoso sexual en las escuelas públicas
Estos son sólo algunas de las tantísimas cifras y formas de violencia padecidas por mujeres y niñas en el silgo XXI.
Cómplices, por acción u omisión, hay muchos y, dentro de ellos, resulta inaceptable el rol que vienen desarrollando universidades prestigiosas que se suponen modelos de educación a nivel global y pretenden erigirse como los grandes centros educativos del mundo. Sin embargo, en los últimos meses, una joven estudiante, Emma Sulkowicz, realizó una gravísima denuncia por haber sido violada en la Universidad de Columbia, de Nueva York, luego de enterarse de que otras dos compañeras también fueron violadas por el mismo hombre. La universidad subestimó la gravedad de la situación y desestimó el pedido de ayuda de Emma, sometiéndola a convivir en la misma institución educativa con su agresor, quien no ha sido castigado de manera alguna.
Emma, como forma de protesta, carga el pesado colchón en el cual fue sometida sexualmente, hacia todos los sitios a los que se dirige dentro del campus, como símbolo de lo que le sucedió y para ser escuchada. Emma explica: “Una violación puede ocurrir en cualquier lugar. En mi caso, yo fui violada en mi propia cama”.
Desde el mes de mayo, 23 estudiantes de esta universidad radicaron una querella a nivel federal por el mal manejo de casos de agresión sexual sucedidos en esta institución.
Solo por el escándalo desatado y sin más opción que atender este asunto frente a la presión de la opinión pública, varias autoridades enfrentaron el tema. El Departamento de Justicia reconoció que el 95 % de los intentos de violación en campus universitarios no son reportados por las víctimas.
La Casa Blanca también se involucró y emitió un informe sobre la violencia sexual en Estados Unidos: 22 millones de mujeres son violadas o agredidas sexualmente. Una, de cada cinco de ellas, fue víctima cuando estaban en la universidad. Nueve de cada diez conocía a su agresor.
En el informe emitido por el Consejo de Mujeres y Niñas de la Casa Blanca se alerta sobre una situación de extrema vulnerabilidad de las estudiantes universitarias y se denuncian los prejuicios de los agentes, al momento de tener que llevar adelante una investigación en este tipo de casos. Se proponen cambios en las políticas de los campus y de la Administración. El propio presidente, Barack Obama, anunció que se creará un grupo de trabajo para abordar este problema.
Harvard, Princeton, Columbia, Chicago, Boston y otras 50 universidades han sido incluidas en la lista del Departamento de Educación (intervención inusual) para investigar posibles violaciones de leyes federales en el manejo de denuncias y quejas de abuso sexual y violaciones.
Kofi Annan, máxima autoridad de las Naciones Unidas, se manifestó sobre este problema. Sus palabras, ciertas pero insuficientes para el campo de la praxis, dan cuenta de que no se puede seguir tolerando ningún tipo de violencia contra niñas y mujeres, en una sociedad que se jacta de justa y democrática:
"La violencia contra la mujer es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos. No conoce límites geográficos, culturales o de riquezas. Mientras continúe, no podremos afirmar que hemos realmente avanzado hacia la igualdad, el desarrollo y la paz."


























